La primera residencia para sacerdotes con problemas psicológicos: el 80% sale recuperado
En los últimos cinco años han pasado por la Residencia Mosén Sol, en Castellón, 115 sacerdotes.
Las causas de la defección sacerdotal son diversas. Vencerlas ante Dios es esencial.
La Residencia Mosén Sol ofrece una imagen muy característica del interior de la provincia de Castellón: una sucesión de naranjales, tranquilidad y caminos que serpentean hasta un edificio apartado.
Allí, la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos —definida en su propia web como una asociación de sacerdotes seculares centrada en la fraternidad y el fomento de vocaciones— desarrolla una labor muy concreta: brindar apoyo a otros sacerdotes que atraviesan momentos complicados. El Correo amplía más información.
Reparar al que ayuda
Quienes llegan a este lugar son sacerdotess que, en algún punto de su vida, reconocen que necesitan ayuda. Aunque su labor tiene un fuerte componente espiritual, no están exentos de las cargas cotidianas y emocionales propias de cualquier persona.
El peso de sus responsabilidades puede llegar a ser tan grande que requiere intervención especializada. Es entonces cuando entra en juego el equipo dirigido por Emilio Lavaniegos, sacerdote mexicano de 65 años, al frente de esta residencia situada en el tranquilo municipio de Alquerías del Niño Perdido. Por sus instalaciones pasan cada año sacerdotes que viven la paradoja de necesitar auxilio siendo ellos quienes habitualmente lo ofrecen a los demás.
El equipo está dirigido por Emilio Lavaniegos, sacerdote mexicano.
"El desgaste emocional es algo muy frecuente", explica Lavaniegos. Prefiere evitar expresiones vagas como "momentos difíciles" y hablar con claridad de problemas como la depresión, las adicciones o las dudas de fe, que considera inherentes a cualquier vocación auténtica.
También menciona el llamado burnout, ese agotamiento extremo que puede afectar a quienes desempeñan trabajos muy exigentes. "Ser sacerdote implica una gran exposición", señala, recordando que algunos párrocos atienden varias parroquias a la vez, lo que facilita tanto el cansancio físico como el emocional.
Ante estas situaciones, la Iglesia —según describe Lavaniegos— no descarta a las personas, sino que trata de ayudarlas a recomponerse. El proceso comienza cuando el sacerdote reconoce su situación y solicita ayuda a su obispo, quien lo deriva al centro.
Ese gesto inicial ya implica, en palabras del director, una actitud de confianza y esperanza. A su llegada, el mensaje es claro: no se le considera un problema, sino una persona cuya dignidad está por encima de cualquier circunstancia.
A partir de ahí se inicia un itinerario que el responsable del centro denomina "proceso de crecimiento integral", estructurado en cinco etapas: una fase introductoria, el autoconocimiento, la comprensión personal, la asimilación del modelo sacerdotal y, finalmente, la proyección hacia el futuro.
La residencia tiene capacidad para quince personas, aunque Lavaniegos prefiere trabajar con grupos más reducidos. El programa incluye la lectura y reflexión sobre diversos materiales, que suman unas 700 páginas, como parte esencial del tratamiento.
El equipo está formado por varios sacerdotes y cuenta además con el apoyo de unos 25 profesionales de distintas disciplinas. En los últimos cinco años han pasado por el centro 115 sacerdotes, y alrededor del 80% ha logrado reincorporarse a su diócesis. En el caso del resto, se les acompaña en un proceso de salida del ministerio que, según explican, se realiza de manera tranquila y sin conflictos.
Quienes completan el programa suelen permanecer unos seis meses en la residencia, aunque pueden regresar durante los tres años siguientes para continuar su seguimiento, siempre en coordinación con su obispo. Lavaniegos, que lleva cinco años en España impulsando este proyecto, subraya que esta labor responde al carisma propio de su institución: el cuidado de los sacerdotes.
Entre los aspectos que se abordan también figura la vivencia del celibato. El director insiste en que esta opción no elimina la sexualidad ni evita la necesidad de maduración en ese ámbito. Al contrario, considera que requiere un proceso consciente y recursos adecuados, como cualquier otra dimensión de la vida humana. "No tiene nada de automático", resume.
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Más allá de la situación concreta de cada persona, el problema más habitual que detectan es el agotamiento emocional. Sin embargo, con el acompañamiento adecuado, muchos logran recuperar el equilibrio. Lavaniegos lo comprueba personalmente cuando visita a quienes han pasado por el centro: observa que no solo han superado su crisis, sino que han adquirido herramientas para afrontar la vida de una manera más sólida y consciente.