Religión en Libertad

En Adamuz, el párroco señala lo más importante ahora: escuchar, mirar a los ojos, rezar

Manuel Sánchez, otro sacerdote que atiende familias del accidente, señala la esperanza de la fe y el valor de amar, aunque duela

Rafael Prados Godoy, párroco de Adamuz, explicaba ya el 19 de enero la movilización espontánea del pueblo ante la tragediadiócesis córdoba

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El párroco de Adamuz, Rafael Prados Godoy, habló con admiración en el programa El Cascabel de TRECE, dirigido por José Luis Pérez, de la generosidad de los parroquianos y vecinos tras el grave accidente de tren ocurrido en la localidad, con 45 fallecidos y decenas de heridos.

En las horas posteriores a la tragedia, el sacerdote ha hablado con muchos familiares y víctimas, y les ha ofrecido consuelo y oración en momentos de incertidumbre y temor.

El consuelo más efectivo en momentos en que ni siquiera se sabe qué ha pasado con un pariente desaparecido, dijo el párroco, es la escucha activa.

"Lo que ellos necesitan, creo que es que se les escuche, no tanto que le digamos algo, sino simplemente que te vean, que les mires a los ojos, que escuches por lo que están pasando, para que de alguna forma ellos se puedan desahogar", declaró.

Al principio, las noticias que oían en el pueblo no parecían tan graves, explicó el párroco: "un descarrilamiento, y que la vía hacia Madrid estaba cortada". Pero al llegar los heridos pronto entendieron que se enfrentaban a una gran tragedia.

La respuesta del pueblo fue generosa y rápida. La ayuda surgió de forma natural de cada vecino, sin necesidad de un llamamiento oficial por parte de las autoridades o la Iglesia, explica el sacerdote.

"Gracias a Dios, el pueblo se movilizó de manera inmediata, muchísima gente trajo lo que pensaban que podía ser útil", explicó el párroco. Colchones, comida... "Algunos incluso directamente abrieron su frigorífico, lo vaciaron en una bolsa y se lo trajeron", ha añadido. También Cáritas se implicó. Cuando los pasajeros desalojados fueron llegando a Adamuz, los vecinos estaban listos para atenderlos.

Mantas, ropa y alimentos reunidos por los vecinos de Adamuz el 19 de enero, el mismo día de la tragedia ferroviariadiócesis córdoba

"Me siento, como párroco, orgulloso de mi pueblo y de los cristianos y de aquellos que a lo mejor no tienen fe, pero que han sabido actuar como como buenos samaritanos cuando se ha necesitado", declaró Rafael Prados en Trece.

La niña de 6 años

A Rafael Prados Godoy le impactó la situación de una niña de seis años cuyos padres y hermanos murieron en los trenes. Algunos medios informaron erróneamente que “se la encontraron deambulando por la vía”, pero el párroco dice que no es cierto.

"Una policía local del pueblo la sacó del tren y la estuvo acompañando hasta que se la pudieron llevar, la mantuvo abrigada y al margen de lo que estaba pasando delante de ella, porque al ser de noche solo se veía el tren cuando la alumbraban con linterna, y la niña se ponía histérica", detalla.

Luego, esta policía local llevó la niña a la parroquia. No hablaba apenas, estaba en shock. "Nosotros no quisimos agobiarla ni estar encima de ella, simplemente acompañarla, ofrecerle lo que teníamos. En una caja metí las cosas que pensé que le podían apetecer más, incluso una bolsa de chuches y me decía que no quería nada", detalló el párroco.

Murieron en el tren los padres y hermanos de esta niña, pero el resto de sus parientes han acudido al lugar y han hablado con el párroco. "Ellos tenían todos una conciencia compartida y es: vamos a estar todos volcándonos en esta niña, no le va a faltar nunca ni el cariño ni el apoyo nuestro", dijo. Los vio llenos de entereza. "Fue un testimonio precioso dentro de un dolor desgarrador. Ahora lo están sufriendo y se están haciendo tantas preguntas hoy, preguntas que probablemente tengan que responder mañana".

Manuel Sánchez, párroco en Virgen del Camino, en Córdoba, también ayuda en el proceso de duelo de las víctimas del accidente de AdamuzDiocesis de Cordoba

Otro párroco con los que procesan su duelo

En Herrera en Cope han hablado también con Manuel Sánchez, párroco de la Virgen del Camino en Córdoba. Acude al Centro Cívico Poniente Sur, donde atiende a las familias afectadas.

"Hay personas que todavía están negando que esto haya ocurrido o que sea irreversible el estado de su ser querido", explicó. Otras, tras una primera fase de indignación y rabia, ahora sienten un "dolor profundo". "Es el momento de digerir un dolor que tiene que asentarse dentro. La confusión es muy grande y creo que están empezando a tomar conciencia de lo sucedido", detalla.

"Otras personas lo tienen completamente asumido; están en ese momento de aceptar el dolor porque la situación es tan evidente", añade.

Sobre el valor de la fe, señala que aporta esperanza: "La experiencia de fe hace que ellos sepan dónde está su ser querido y con Quién está".

A algunos les puede decir: "Vuestro sufrimiento os hace ver que podéis amar. Amar es sufrir, y cuando estáis sufriendo por un ser querido es señal de que tenéis una capacidad de amar muy bonita, sentiros orgullosos de eso". El acompañamiento humano y espiritual, dice, es como un "bálsamo" para que las víctimas no se sientan solas. 

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