Domingo, 21 de abril de 2019

Religión en Libertad

La vida del misionero Pedro Páez estará disponible en el Diccionario Biográfico de la RAH

Evangelizador, preso de musulmanes, cautivó a emperadores y llegó a descubrir las Fuentes del Nilo

Pedro Páez Jaramillo se vestía con ropajes orientales para poder desarrollar su misión
Pedro Páez Jaramillo se vestía con ropajes orientales para poder desarrollar su misión

J.L./ ReL

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Las hazañas realizadas por católicos a lo largo de la historia aparecen muchas veces ocultas para muchos y alejadas de los libros oficiales de Historia. Pero lo cierto es que los misioneros católicos, muchos de ellos españoles, han sido responsables de grandes descubrimientos.

Uno de ellos es el jesuita español (Olmeda de las Fuentes, Madrid, 1564), Pedro Páez Jaramillo, cuya vida fue una auténtica aventura digna de una película y siendo el responsable del descubrimiento de las Fuentes del Nilo, las que contempló en 1618, casi dos siglos antes que lo hicieran los británicos.

Una biografía que debería ser más conocida
La vida de este jesuita estará disponible a partir de este próximo 3 de mayo en el Diccionario Biográficode la Real Academia de la Historia, donde ya están presentes las historias de miles de personajes.

Precisamente, las aventuras de Páez Jaramillo aparecen ampliamente relatadas en Antes que nadie (Libros Libres) del historiador Fernando Paz, libro donde relata “aventuras insólitas de unos españoles que quisieron ser demasiado”. Curiosamente, el primer capítulo está destinado a este jesuita.



Su misión, llevar el Evangelio a los últimos rincones
Este religioso madrileño tenía como gran misión de su vida llevar el Evangelio a los últimos rincones del mundo, siguiendo el ejemplo de San Francisco Javier, y sin tener ningún miedo al martirio. Y en su vida estuvo en muchísimas ocasiones muy cerca de ser mártir.

Su vida giró en torno a la India, Etiopía y las persecuciones de los musulmanes. De hecho, llegó a estar hasta siete años preso en lo que hoy es Yemen, pero también impresionó sobremedida a los emperadores de Abisinia, uno de los cuales le propuso bautizarse católico y pedir una alianza con el Imperio Español ofreciendo a su hijo como esposo de la hija de Felipe III.

El jesuita fue realizando conversiones allá por donde pasaba. Para ello, aprendió perfectamente la lengua local y las costumbres de la zona. Su gran aventura por Etiopía, donde fue amigo y consejero admirado de varios de sus emperadores, tuvo como punto más importante el descubrimiento de las fuentes del Nilo.

Vio lo que Alejandro, Julio César o Ciro sólo soñaron
En su libro, Historia de Etiopia, que escribió en 1620, Páez Jaramillo retrata todas estas impresionantes vivencias. Fernando Paz recuerda que el misionero “retrata tanto el país como se retrata a sí mismo” y se caracteriza por no ser “presuntuoso, no es jamás vano; al contrario, toma distancia de los hechos y, mucho más aún, huye de todo protagonismo”.


Puede adquirir AQUÍ el libro Antes que nadie, en el que se encuentran, entre otras muchas, las aventuras de este misionero madrileño

Eso sí, el día que vio las Fuentes del Nilo y supo realmente lo que estaba ante sus ojos, el misionero expresó: “Confieso que me alegré de ver lo que tanto desearon ver antiguamente el rey Ciro y su hijo Cambeis, el gran Alejandro y el famoso Julio César”. Y lo escribe sin grandilocuencia ni hambriento de fama, como ocurriría en 1770 con James Bruce, que reivindicó ser el primero europeo en alcanzar las fuentes.

En aquel momento, Páez acompañaba al monarca por las montañas del Sahala. Así relata Fernando Paz el hallazgo: “Ascendieron hasta los tres mil metros de altura, y desde allí Páez divisó el curso de un riachuelo que brotaba de algún lugar de la montaña, al que iban a desembocar otros arroyos, alimentando un cauce cada vez más caudaloso. Los distintos cursos de agua parecían salir de un par de lagunas: los indígenas las conocen como ‘Abbay’, que es el nombre que aún hoy dan al Nilo Azul”. Páez, sabiendo lo que realmente era esa masa de agua, fue siguiendo el curso del río, aunque no pudo llegar hasta la desembocadura.

Para conocer de un modo más completo la biografía de Pedro Paez Jaramillo, ABC hace un pequeño resumen de lo que se podrá consultar a partir del 3 de mayo en el Diccionario Biográfico:

Una vida dedicada al catolicismo
Entró en la Compañía de Jesús en 1582, en la ciudad universitaria de Coímbra, cantera de la expansión de los jesuitas, no solamente por Portugal y España, sino también por las misiones, cuyo puerto de embarque en los primeros tiempos fue Lisboa. Estudió Filosofía en Belmonte (Cuenca), solicitando a sus superiores que fuese enviado a las Indias. Se embarcó en el citado puerto lisboeta, en abril de 1587, rumbo a la India. Habría de concluir sus estudios, además de ser ordenado como sacerdote en Goa en enero de 1589.



Pocos días después, sus superiores consideraron su envío a Etiopía, acompañado del catalán Antonio de Monserrate, con el fin de llevar a cabo la reanimación de esa misión. En aquella se había quedado solo Francisco Lopes. Tanto Pedro Páez como Monserrate, a la altura de Dhofar, fueron apresados por los árabes, prologándose este cautiverio por espacio de siete años, en tierras que hoy ocupa Yemen. Fueron estos jesuitas rescatados por la cantidad de 1.300 cruzados y en los últimos meses de su prisión permanecieron en Moca, sirviendo incluso en las galeras turcas.

Regresó Páez a Goa en noviembre de 1596 y reinició los trabajos apostólicos en la península de Salsete y Diu. Habría de comenzar un viaje hacia Etiopía, en marzo de 1603, en esta ocasión disfrazado de mercader armenio, alcanzando Massaua en abril de ese mismo año. Semanas después se hallaba en Fregona, adonde habían sido desterrados los jesuitas desde 1595. No perdió tiempo, antes de contar con la llamada del negus Za-Denghel. Como era una constante en el horizonte misionero de los jesuitas, Pedro Páez se preparó lingüísticamente con el aprendizaje de la lengua común y cortesana, el amárico; además del geez, que se trataba de la lengua litúrgica.

Como había ocurrido con Monserrate y el emperador mongol, Páez se ganó el prestigio en la Corte del negus y de sus sucesores, consiguiendo conversiones significativas y resaltando la obediencia que habría de pronunciar de obedecer al Papa como Sumo Pontífice. Solicitó el jesuita que el obispo de Roma nombrase un patriarca para convertirse en la máxima autoridad religiosa de estos territorios. Así se reemplazaría al abuna copto que había sido remitido desde El Cairo.

Fue un jesuita de muchas y notables capacidades intelectuales y de trabajo práctico y pastoral, además de aportar sus saberes en el ámbito de la construcción, no estando ausente de los mismos la carpintería o la herrería. Impulsó la construcción de un palacio donde pudiese residir el emperador, además de una iglesia en Gorgora. Atendía especialmente a la comunidad portuguesa, pero era un jesuita que participaba en la controversia, sobre todo en las disputas religiosas que se desarrollaba en torno a la naturaleza de Cristo.

Era esta cuestión la que dividía a los cristianos romanos de los coptos. Páez se convirtió en la voz autorizada en Europa de la Historia de Etiopía. Precisamente, era éste el título —Historia Aethiopiae— de la obra que le encargó escribir su prepósito general Mucio Vitelleschi. Las páginas abarcaban cronológicamente de 1555 a 1622. Consideraba el superior en Roma que era necesario que en Europa se diese a conocer el horizonte misionero. Páez describía en estas páginas las fuentes del río Nilo, que pudo contemplar por vez primera en abril de 1618. Mientras que algún autor negó su presencia en este lugar, Tacchi- Venturi llegó a compararlo por su labor en Etiopía con el también jesuita Mateo Ricci en China.
 
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