Niños rescatados del infierno piden que se reconozca la santidad de Isabel: «Es una madre en la fe»
En vísperas de un sonado homenaje, el Padre Ignacio María Doñoro expresa cómo decenas de niños de Hogar Nazaret han empezado a ver en ella una referencia espiritual
El oratorio San Felipe Neri acogerá la bendición del cuadro "Sierva de Dios Isabel la Católica", donado por Hogar Nazaret.
El próximo domingo 24 de mayo de 2026, el oratorio de San Felipe Neri de Valladolid acogerá a las 18:30 horas un evento tan simbólico como emotivo: se trata de la bendición del cuadro “Sierva de Dios Isabel la Católica”, que el Hogar Nazaret acaba de donar desde su sede en la selva del Amazonas a la Comisión Isabel la Católica. José Luis Rubio Willen, rector del templo y director de la Comisión, presidirá la Santa Misa. En ella también estará presente el fundador de esta obra misionera que ya fue galardonada por Religión en Libertad en la categoría Impulso misionero, al acoger “niños que con el cuerpo vivo, pero con el alma crucificada por el abandono, el miedo y la violencia”.
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Un acto especialmente emotivo, pues se hará entrega de un cuadro por los mismos niños acogidos en Hogar Nazaret, que también han preparado con ilusión estampas para difundir la devoción a la sierva de Dios, según cuenta el mismo Doñoro a Religión en Libertad.
Con motivo de su visita a Madrid en vísperas de la entrega del cuadro “Sierva de Dios Isabel la Católica”, el sacerdote misionero Ignacio María Doñoro ofrece a este medio algunos detalles sobre un apostolado que, en sus propias palabras, “no solo ofrece un techo, alimento y educación” a niños rescatados del abandono, pobreza o violencia. Sobre todo, busca devolverles algo tan esencial como “la certeza de que su vida tiene valor y de que Dios no se ha olvidado de ellos”.
En este contexto, para la misión de Hogar Nazaret, la fe “ocupa un lugar central” y los santos se presentan a los niños “como amigos del cielo, personas reales que vivieron el Evangelio y que hoy siguen intercediendo ante Dios”.
“Para muchos de estos niños, descubrir la vida de los santos es descubrir que también ellos pueden sanar, levantarse y caminar hacia una vida nueva”, explica.
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Especialmente en los últimos tiempos, una figura, la sierva de Dios Isabel la Católica, ha adquirido una importancia creciente entre los niños.
“Su vida, marcada por la fe, el sentido de justicia y el deseo de llevar el Evangelio a nuevos pueblos, conecta de manera profunda con la historia de los niños del Hogar Nazaret y con la misión que allí se vive cada día”, detalla el sacerdote.
—Esta devoción nace de algo muy personal. En mi familia siempre ha habido una gran veneración por Isabel la Católica. Desde pequeño escuché hablar de ella no solo como una reina importante de la historia de España, sino como alguien que intentó vivir su fe desde el lugar que Dios le había confiado.
»Con el paso de los años, esa devoción ha ido creciendo en mí. En momentos difíciles me encomiendo muchas veces a su intercesión y siento su ayuda. De una forma muy natural, como un padre hace con sus hijos, la he compartido con los niños.
»Y lo más bonito ha sido ver cómo ellos la han acogido con sencillez. Para los niños, Isabel no es solo un personaje del pasado. La sienten como una madre espiritual, alguien que desde el cielo intercede por ellos.
El óleo "Sierva de Dios Isabel la Católica", que Hogar Nazaret donará a la Comisión de beatificación de la reina.
—Los niños tienen una sensibilidad muy especial para reconocer la bondad. Comprenden que, siglos antes, hubo alguien que pensó en los pueblos de Hispanoamérica y quiso integrarlos, no como extraños, sino como parte viva del Imperio español.
Hay niños que llegan al Hogar Nazaret con el cuerpo vivo, pero con el alma crucificada por el abandono
»Sienten que, de algún modo, la fe que hoy sostiene sus vidas le llegó gracias a aquella mujer que impulsó la evangelización de América. Por eso rezan por ella, hablan de ella y desean que la Iglesia reconozca su santidad.
—Creo que Isabel tiene mucho que decir a nuestro tiempo porque su fe no fue cómoda ni decorativa. Le tocó vivirla desde el trono, en medio de guerras, decisiones graves y una corona que pesaba sobre su conciencia. No entendió el poder como un privilegio, sino como una carga recibida de Dios, y por eso su vida sigue interpelando a la Iglesia de hoy.
»Hoy necesitamos recordar que la autoridad solo tiene sentido cuando se pone al servicio de los demás. Isabel entendió que gobernar es servir. Actualmente vivimos en una época en la que la política y el poder suelen verse con desconfianza, muchas veces con razón. Su vida recuerda que el gobierno, cuando se entiende como servicio, también puede ser un camino para buscar la justicia y el bien común.
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—Porque estos niños pertenecen a una historia de fe que empezó mucho antes que ellos. La fe que hoy se vive en la Amazonía peruana tiene raíces profundas, y una de esas raíces está unida a Isabel la Católica. Por eso su figura no les resulta ajena: forma parte de la historia que también los ha alcanzado a ellos.
»Para los niños del Hogar, descubrir esto es muy emocionante. Su vida cristiana está unida a una mujer que, aunque vivió hace más de cinco siglos, tuvo un papel decisivo para que el Evangelio llegara a Hispanoamérica.
»No la ven solo como una reina de España, sino como una madre en la fe. Desde el lugar que ocupó y con la mentalidad de su tiempo, quiso que Cristo llegara a pueblos que ella nunca conocería.
—Me impresiona especialmente su fe, su sentido de justicia. Que una Reina quisiera enseñar a las propias religiosas como había que vivir la fe, su austeridad y hacer su vida un servicio a todos los que Dios le había encomendado.
»Inspira su preocupación por los más vulnerables. En el Hogar Nazaret trabajamos precisamente con niños que han sido descartados por el mundo. Por eso, cuando vemos en Isabel a una mujer que se preocupó por la dignidad de las personas. Su testimonio sigue siendo actual.
Para los niños, Isabel no es solo un personaje del pasado. La sienten como una madre espiritual, alguien que desde el cielo intercede por ellos
»El talento y la posición social no son nada si no se convierten en servicio. Isabel no fue grande solo por llevar una corona, sino porque entendió que esa corona pesaba ante Dios y debía ponerse al servicio de los demás.
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—Hay una continuidad espiritual muy clara. Isabel impulsó la llegada del Evangelio a América, y nosotros, en el Hogar Nazaret, intentamos que ese mismo Evangelio siga llegando a los corazones más heridos.
»Nuestra misión no es solo sacar a un niño del peligro. Hay niños que llegan al Hogar Nazaret con el cuerpo vivo, pero con el alma crucificada por el abandono, el miedo y la violencia. Por eso no basta con darles techo, comida y escuela. Hay que ayudarles a descubrir algo mucho más profundo: que son hijos de Dios. Sus nombres están escritos en el corazón de Dios. Cuando un niño descubre que Cristo lo ama, que su vida tiene un valor inmenso y que Dios nunca lo ha dejado solo, empieza a sanar.
»Isabel abrió caminos para que la fe llegara a estas tierras. Nosotros seguimos, humildemente, esa misma senda: acompañar a quienes más han sufrido y llevar esperanza donde muchas veces solo hubo dolor.
—No, todavía hace falta mucha difusión. Muchos católicos ni siquiera saben que Isabel la Católica es Sierva de Dios y que su causa sigue abierta. También hay muchas ideas preconcebidas sobre su figura, algunas nacidas del desconocimiento y otras de lecturas muy parciales de la historia.
»Por eso es importante hablar de ella con verdad y sin miedo. Conociendo su vida con seriedad se entiende la fe que la mueve a tomar decisiones, su amor a la Iglesia y la preocupación por la dignidad de todas las personas.
»Los niños del Hogar Nazaret, con su sencillez, están ayudando a recordar algo que muchos adultos han olvidado. La santidad también puede vivirse en medio de las responsabilidades públicas.
—La santidad no pertenece solo a los religiosos, a los sacerdotes o a quienes viven apartados del mundo. La santidad debe vivirse en familia, en el trabajo, en la política y en el servicio público.
»Isabel es un ejemplo de eso. Como esposa, madre y reina, intentó vivir sus responsabilidades desde la fe, sin separar su vida pública de su vida cristiana. Su ejemplo puede ayudar a muchos cristianos a entender que no hay espacios donde Cristo no pueda estar presente.
Los niños del Hogar Nazaret están ayudando a recordar algo que muchos adultos han olvidado: la santidad también puede vivirse en medio de las responsabilidades públicas.
»Reconocer su santidad sería también un acto de justicia con la historia y un regalo para la Iglesia, especialmente para toda Hispanoamérica, porque los pueblos del antiguo imperio español recibieron la fe gracias al impulso evangelizador que ella promovió.
—Los niños crucificados son el corazón de esta iniciativa, porque no participan desde fuera, sino desde la fe sencilla con la que rezan y viven esta devoción.
»La entrega del óleo de Isabel la Católica es un gesto sencillo, pero profundo. Una forma de decir gracias. Gracias por la fe recibida, por la evangelización de América, por una historia que sigue dando frutos en la vida de estos niños.
»Para ellos, que yo sea español también es motivo de alegría, porque lo relacionan con Isabel y con el origen de la fe que recibieron. Mi esperanza es que este gesto ayude a mirar su figura con más verdad y cariño. Y, sobre todo, que la Iglesia se deje tocar por la oración de estos niños crucificados, que no buscan protagonismo, sino agradecer y honrar a quien sienten tan cercana.