Nadie esperaba esto: una obra nacida en un pueblo está arrasando en Madrid
Lo que empezó como una iniciativa local para ayudar a unas monjas en Chinchón hoy llena auditorios en Madrid y emociona a cientos de personas.

La obra teatral Mi Cristo roto
Madrid se ha convertido en el nuevo escenario de una historia que comenzó de forma humilde en Chinchón y que, casi sin buscarlo, está tocando el corazón de quienes se acercan a verla. La obra Mi Cristo Roto, impulsada por José Antonio Turiégano —“Turi” para los suyos—, ha pasado en pocos meses de ser una iniciativa local con fines solidarios a convertirse en un fenómeno creciente en la capital.
La obra del jesuita Ramón Cué
Todo empezó con un descubrimiento casi casual. Turiégano encontró la obra original del jesuita Ramón Cué y la adaptación escénica del actor mexicano Alberto Mayagoitia. Aquella experiencia marcó profundamente a este vecino de Chinchón, que vio en ese texto la oportunidad de unir su amor por el teatro con su deseo de dar testimonio de su fe.
Lo que en un principio iba a ser una representación puntual en su pueblo -con el objetivo de ayudar al sostenimiento del Monasterio de las Clarisas- terminó convirtiéndose en algo mucho mayor.
Tras años de preparación, ensayos intermitentes y dificultades, la obra vio la luz en octubre del año pasado en el Teatro Lope de Vega de Chinchón, con varias funciones que despertaron una gran acogida.
Incluso las propias religiosas del monasterio pudieron disfrutar de una representación muy especial desde el otro lado de la reja, en un gesto cargado de simbolismo y gratitud.

Una escena de la obra teatral Mi Cristo roto
El salto a Madrid: una “misión” inesperada
El impulso definitivo llegó de manera providencial. El sacerdote local, José Manuel García-Plaza, entusiasmado con la obra, animó a unos amigos a asistir a una función. Entre ellos estaba Raúl Respaldiza, profesional del sector de los eventos, quien quedó profundamente impactado.
“Fue verla y sentir que se me encomendaba una misión”, relata Respaldiza, convencido de que aquella historia no podía quedarse solo en Chinchón.
A partir de ahí, el proyecto comenzó a crecer. Se sumó Isidro Catela, profesor universitario y experto en comunicación, junto a su mujer, Amparo Latre. Gracias a su implicación, la obra dio el salto a Madrid con una puesta en escena “a lo grande” en el Auditorio del Colegio San Agustín.
La respuesta del público no se hizo esperar. La primera función, prevista para el 24 de abril, agotó sus entradas en apenas seis días. Lo mismo ocurrió con la segunda, lo que obligó a abrir una tercera representación en formato matinal.
Todos los beneficios de estas funciones se destinan a la Fundación Red Agustiniana para la Educación y el Desarrollo (REDA), reforzando así el carácter solidario que ha acompañado al proyecto desde sus inicios.
Se pueden comprar las entradas para la función del domingo 26 de abril AQUÍ
España
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Una experiencia que interpela al espectador
Mi Cristo Roto no es simplemente una obra teatral. Inspirada en el texto de Ramón Cué, plantea un diálogo íntimo entre un sacerdote y un Cristo mutilado que desmonta las lógicas humanas y abre preguntas profundas sobre el sufrimiento, la fe y el sentido de la vida.
La historia no esquiva el dolor, sino que lo presenta como un misterio que puede ser habitado. Lejos de ofrecer respuestas fáciles, invita al espectador a adentrarse en su propia realidad, con sus heridas y contradicciones.
La interpretación de Turiégano, junto con una cuidada ambientación musical, convierte cada representación en una experiencia emocional intensa, capaz de conmover tanto a creyentes como a quienes se encuentran en búsqueda.
Un homenaje al sacerdocio y a la fe vivida
La figura central de la obra es un sacerdote que dialoga con Cristo desde sus dudas, su fragilidad y su entrega. En este sentido, la propuesta se presenta también como un homenaje al sacerdocio y a quienes han consagrado su vida al Evangelio.
Pero su alcance va más allá. La obra está dirigida a todo tipo de público: jóvenes y mayores, creyentes y escépticos. A cualquiera que esté dispuesto a hacerse las preguntas esenciales.

Póster de la representación teatral Mi Cristo roto
Un camino que no ha hecho más que empezar
Lo que comenzó como una iniciativa local y casi improvisada apunta ahora a nuevos horizontes. Ya hay otras ciudades interesadas en acoger la obra, aunque sus impulsores prefieren mantener la prudencia.
“Nunca pensé que algo así pudiera suceder”, confiesa Turiégano. “Es una gran ilusión, pero también una responsabilidad. Lo importante es dejarse llevar”.
De Chinchón a Madrid… y quizá más allá. El recorrido de Mi Cristo Roto parece, por ahora, abierto. Y quienes lo protagonizan lo tienen claro: el destino final de este viaje no depende solo de ellos.
Se pueden comprar las entradas para la función del domingo 26 de abril AQUÍ

Una escena de la representación teatral Mi Cristo roto, en Chinchón