Religión en Libertad

Carrie Gress, la filósofa que impulsa el antifeminismo radical entre los jóvenes: «Es peor que el comunismo»

Tras años estudiando la raíz del feminismo, la escritora sostiene que su versión actual no es una desviación, sino una consecuencia directa incompatible con el cristianismo

Conforme aparecen nuevos estudios sobre las raíces del feminismo, el apoyo a sus postulados entre chicas jóvenes disminuye.

Conforme aparecen nuevos estudios sobre las raíces del feminismo, el apoyo a sus postulados entre chicas jóvenes disminuye.Camylla Battani / Unsplash

José María Carrera Hurtado
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J.M.C.

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Si hace siete años Rosalía era considerada “el icono feminista que surgió de la música”, en las últimas semanas ha desatado la polémica al incluirse en el creciente sector de jóvenes y famosos que se desmarcan del feminismo.

La tendencia, aunque no es nueva, se amplifica con el paso de los meses, según todos los barómetros.

Las cifras de un fenómeno en declive

Según el informe Juventud en España 2024, publicado por el ministerio de Juventud e Infancia, el apoyo al feminismo pasó del 54% en 2029 al 41% en 2023, mientras que las mujeres que se consideraban feministas pasaron del 81 al 67%. 

También lo constata el barómetro Juventud y Género. Publicado con motivo del 8 de marzo de 2024, Día Internacional de la Mujer, reflejaba un abrupto descenso entre las jóvenes que se identificaban con el movimiento feminista: algo más del 57% de las chicas de entre 15 y 29 años se definían feministas, mientras que dos años antes, el 67,1% se declaraba perteneciente al movimiento.

En julio de 2025, el Instituto de Ciencias Políticas y Sociales (ICPS) presentaba en Barcelona un informe que no hacía sino corroborar la tendencia en el largo plazo: si en 1993, algo más del 69% de los jóvenes de entre 18 y 24 años estaba de acuerdo con el feminismo, treinta años después lo secundaban solo el 40%

¿Feminismo radical o feminismo a secas?

De entre las muchas causas que pueden explicar dicha corriente de desafección al feminismo, una de ellas es la aparición de mujeres que deciden abordar la historia, concepto y postulados feministas al margen de prejuicios o complejos. Y las conclusiones parecen ser definitivas, dejando de lado incluso los intentos de blanquear un feminismo moderado del que el actual sería una desviación extrema, afirmando que se trata, en su conjunto, de algo nocivo en sí mismo. Y por supuesto, muy lejos de ser un proyecto cristiano.

Una de las representantes de esta corriente es Carrie Gress, filósofa de especial relevancia en Estados Unidos, que decidió dedicar su divulgación y carrera al estudio del feminismo después de pasar a la fama con la publicación de Teología del hogar -Theology of home-.

En su afán por comprender los orígenes, esencia y auténticos postulados del feminismo y sus doctrinas adyacentes, Gress ha publicado un extenso catálogo de obras entre los que destacan The End of Woman: How Smashing the Patriarchy Has Destroyed Us -El fin de la mujer: como aplastar el patriarcado nos ha destruido, The anti-Mary exposed, Anti-María al descubierto: Rescatando la cultura de la feminidad tóxica.

Con motivo de la publicación de la última de ellas, Something Wicked: Why Feminism Can't Be Bused With Christianity (Algo perverso: Por qué el feminismo no puede fusionarse con el cristianismo), Gress ha abordado en National Catholic Register la conclusión de su trayectoria intelectual en torno al feminismo: el actual feminismo no se ha radicalizado o ido más allá de sus raíces, sino que este sería su consecuencia lógica, definiéndolo, según se lee en el título de su último libro, como una doctrina “intrínsecamente perversa”.

"Más dañino que el comunismo"

En “Something wicked”, Gress no aboga por una reforma del feminismo hacia una visión más moderada, sino por un análisis que juzgue el feminismo según sus frutos y consecuencias, siguiendo la misma metodología que con otras ideologías. Tras hacerlo, su conclusión es tajante: el feminismo, dice, “ha sido más dañino que el comunismo”. Especialmente porque la gente no se protege, sino que lo asume.

La filósofa Carrie Gress.

La filósofa Carrie Gress.Theology of home.

Es algo especialmente evidente en el plano religioso: como el marxismo, el feminismo se apropia de un vocabulario moral de igualdad y justicia, pero lo reorganiza en torno al conflicto. Ahora, en lugar de la lucha de clases se trata de la lucha de géneros. Una lógica que habría estado presente según Gress desde el feminismo temprano, que se habría configurado en oposición declarada al propio cristianismo. Como se detalla en Something wicked, desde sus mismos orígenes, el feminismo no busco siquiera reformar el cristianismo, sino remplazarlo por un igualitarismo no cristiano.

El ídolo de la independencia

En su afán por alertar del feminismo, Gress sostiene que esta ha sido la doctrina responsable “de gran parte de la decadencia del Occidente cristiano durante los dos últimos siglos”.

Entre otros motivos, no solo habría “decapitado” a la familia, sino también la propia sociedad. “Así como la Revolución decapitó al rey, también separó la autoridad de la Iglesia de la sociedad y del padre como cabeza de familia”, explica la filósofa. Hoy, siguiendo esa lógica, el feminismo no solo coexiste con el aborto, la desintegración familiar o la atomización sexual, sino que los requiere para lograr una autonomía radical.

“La pregunta clave [para comprender su compatibilidad con el cristianismo] es si la independencia se ha convertido en un ídolo centrado en el yo, o si es una sana autonomía femenina vivida en relación con Dios y al servicio de los demás”.

La envidia como combustible

Gress observa igualmente que el feminismo, que prometía liberación emocional, cultiva la ira, el resentimiento y el desprecio. Habla continuamente de sentimientos, pero rara vez del amor como sacrificio. “Por eso tantas mujeres están perdiendo la capacidad de empatía”, argumentó Gress, que advierte de un culto a la autonomía feminista que “en última instancia aísla y agota a las mujeres” y coexiste con un trastorno moral específico: la envidia. Un pecado que, según ella, la cultura moderna —y el discurso feminista en particular— en gran medida no menciona.

“Eso es lo que realmente impulsa al feminismo. Es la envidia que las mujeres tienen hacia los hombres, hacia la vida que creen que tienen. Esto es lo que nos han vendido”, expresa. Así como la lujuria se ha reconocido desde hace mucho tiempo como un pecado recurrente para los hombres, agregó, la envidia se ha convertido en el combustible emocional del feminismo. En su opinión, el feminismo se alimenta de una comparación constante que convence a las mujeres de que la plenitud reside en adquirir lo que se percibe que los hombres tienen: autoridad, libertad, estatus y menos restricciones.

Isabel la Católica y las mujeres santas como contrapunto

Aunque Gress desvincula de raíz cristianismo y feminismo, observa que el feminismo solo podría surgir de una cultura cristiana, apropiándose de conceptos previamente existentes como la igual dignidad de la mujer, la preocupación por la víctima o la compasión por el sufrimiento.

Aspectos, dice, que bajo el feminismo “se separan de su fuente cristiana y se vuelven contra ella”. Y si esto sucede, es por lo que Gress llama “una amnesia histórica”.

Mientras el feminismo se presenta a sí mismo como una respuesta necesaria a siglos de invisibilidad femenina, la historia cristiana cuenta una historia muy distinta. "No se levantan ejércitos como lo hizo la muy católica reina Isabel de España si se está esclavizada por la propia fe", observó Gress, al tiempo que enumeraba los logros de las mujeres católicas, como las mujeres medievales que fundaron abadías, educaron a naciones, aconsejaron a reyes, financiaron la cultura y, en algunos casos, incluso encabezaron ejércitos.

Una advertencia contra el efecto péndulo y la reacción

Si el feminismo es una falsa solución, afirmó Gress, su reflejo reaccionario también lo es. Critica ciertos contramovimientos contemporáneos, en particular dentro de la llamada "manosfera" estadounidense, que respondieron al feminismo oscilando hacia el extremo opuesto. “Es el efecto péndulo”, dice sobre los hombres que responden al desprecio con desprecio. “En estos círculos, la feminidad a menudo se reduce a un rol estrecho e idealizado que no es más cristiano que la ideología a la que dice resistir”.

Para Gress, este impasse revela que tanto el feminismo como sus reacciones siguen atrapados en las mismas lógicas de poder, autonomía radical y resentimiento.

El cristianismo, concluyó, ofrece un horizonte diferente: uno centrado en la vocación, no en la ideología. Guiados por un enfoque cristiano de la vocación, las parejas disciernen juntas, con el tiempo y según las circunstancias, cómo Dios los llama a vivir y servir.

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