¿A dónde llega el dinero de las cestas de misa? La Iglesia da una respuesta
La Iglesia católica gestiona muchas donaciones para ayudar a los más necesitados, entre ellas las monedas que se aportan tras cada homilía.
El dinero que se recoge en las misas tiene normalmente su destino en la propia parroquia.
¿A qué se destina el dinero que se recoge durante la misa, normalmente los domingos?
Un significado litúrgico
La "colecta", como se denomina, no tiene una finalidad meramente económica. Forma parte de la misma liturgia.
Es un rito que se celebra al comienzo de la Liturgia Eucarística, durante el ofertorio. La propia Instrucción General del Misal Romano señala que, mientras se prepara la oferta del pan y el vino que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, "también pueden recibirse dinero u otros dones para los pobres o para la iglesia, traídos por los fieles o recolectados en la iglesia, los cuales se colocarán en el sitio apropiado, fuera de la mesa eucarística" (n. 73).
Se trata de una tradición secular que tiene un doble significado:
- por un lado, ayudar a las necesidades materiales de la comunidad parroquial;
- por otro, expresar de forma concreta y palpable la caridad entre sus miembros.
¿A dónde va el dinero?
En efecto, las cantidades recolectadas durante la misa se destinan para dos finalidades principales:
- una, el mantenimiento del templo (reparaciones, mejoras) y el propio coste de las celebraciones litúrgicas (luces, velas, ornamentos, limpieza, etc.);
- dos, las necesidades de los miembros más pobres de la parroquia.
El dinero que se da en la iglesia, por tanto, es directamente administrado por el párroco o la comunidad religiosa a cargo del templo y sirve a sus fines. No va dirigido a las arcas de otras instituciones de la Iglesia.
La conferencia episcopal, por ejemplo, establece que, "con carácter general, no es destinataria de fondos de aportaciones de fieles", ni de esa procedencia ni de otras, salvo "alguna ayuda puntual", pues "cuando alguien solicita dar un donativo, se reorienta a la diócesis correspondiente". Por ejemplo: en los presupuestos de la Conferencia Episcopal Española para 2025, solo recibió 14.500 euros de aportaciones de los fieles, para un total de ingresos de 6.011.163 euros: es decir, un 0,24%.
Dos tipos de colectas
Hay dos tipos de colectas, las ordinarias y las imperadas:
- Las ordinarias son las que obedecen al propósito general antedicho y no tienen un fin concreto o determinado, aunque el párroco puede anunciar alguna colecta particular para la restauración de una imagen del templo o la reparación de una estructura y motivar así a los fieles;
- Las imperadas o especiales sí tienen un destino específico, pero externo a la comunidad, y normalmente responden a peticiones de la Santa Sede o a campañas ordenadas por las diócesis para bien de entidades particulares, como el Día del Seminario, Infancia Misionera, Manos Unidas, el Óbolo de San Pedro, el Domund o el Día de la Iglesia Diocesana.
Reflejo contable
Estas donaciones voluntarias de los fieles, aunque no se hacen contra recibo (por razones operativas y por su mencionado significado litúrgico), se contabilizan de forma transparente.
Las parroquias suelen tener protocolos instados por los distintos obispados, según los cuales:
- Periódicamente (una vez a la semana, por ejemplo) se cuenta el dinero recabado por esa vía;
- Se apunta esa cantidad en un documento firmado por dos o más miembros del equipo parroquial;
- Se da entrada a esa cantidad en la contabilidad parroquial;
- En su caso, si la cantidad es grande, se hace un ingreso bancario.
De esta forma, en los presupuestos parroquiales lo recaudado en las colectas de misa queda diferenciado de otros donativos individuales (de los que sí se extiende recibo, nominal o anónimo) o de otros ingresos provenientes de la diócesis o de servicios prestados (alquiler de locales, cursos, etc.).