Ignacio Bolívar: ateísmo y ciencia en las cuevas de Altamira
Se celebran 175 años del nacimiento de Ignacio Bolívar, entomólogo y naturalista.
El 175 aniversario del nacimiento de Ignacio Bolívar Urrutia (1850-1944) que se conmemora este 2025 es un buen momento para iniciar una serie de artículos que nos abran los ojos a la existencia de fuertes desencuentros entre ateísmo y ciencia, que vienen a completar los artículos hasta ahora publicados por mí -así como por otros autores- en esta web, y que constituyen hechos concretos que demuestran la conciliación ciencia-fe en la Iglesia Católica española, tanto en personas como en instituciones.
La figura de Bolívar va de conmemoración en conmemoración, sobreponiéndose muchas de ellas. Se debe, creo, más a la construcción de un discurso historiográfico de base atea y con fuertes sesgos ideológicos, que lo hacen absolutamente parcial y por tanto no científico, ensalzando hasta más allá de donde merece estar a este individuo, más que a los hechos en sí.
Dos son las conclusiones fundamentales de este discurso: denominar a Bolívar patriarca de las ciencias naturales españolas -¿patriarca de las ciencias naturales en el siglo XX como si antes no hubiera existido nadie interesado por ellas?- y que partió al exilio en 1939, falleciendo pocos años después en Méjico. Bolívar llegó a dirigir el Museo Nacional de Ciencias Naturales de España cuando este llevaba casi dos siglos en marcha, habiéndose fundado por científicos católicos que deberían ser considerados los auténticos patriarcas de las ciencias naturales españolas, algo de lo que hemos hablado aquí en ReL y que sigue siendo sistemáticamente ignorado por la historiografía atea y por todos los homenajes que se están celebrando en torno al referido personaje.
En cuanto a su exilio en 1939, no fue tal, sino la consecuencia de la avanzada edad que entonces tenía -89 años- que obligó a su hijo Cándido Bolívar Pieltain a llevárselo consigo para cuidarle, ya que lo habría tenido que dejar sólo por haber sido secretario de Azaña, hay quien sostiene que masón, y además redactor de la ley que prohibió ejercer la docencia a las órdenes religiosas. Más que probablemente no le habría pasado nada, como así ocurrió a la inmensa mayoría de científicos españoles, que no se exiliaron.
El entomólogo Ignacio Bolívar Urrutia en un sello español de octubre de 2025... pero se equivocó con Altamira.
Pues bien, volviendo a Bolívar padre, sólo añadir que siendo entomólogo, es decir, estudioso de los insectos, aceptó dirigir también el Real Jardín Botánico, algo de lo que evidentemente no entendía ni papa y cuya fundación, y desarrollo, al igual que el MNCN está repleta de patriarcas de la botánica que además fueron católicos piadosos.
No es por ello extraño que haya sido considerado por algunos como un personaje un poco cacique, sin que esto reste importancia a su labor científica y de gestión, que la tuvo, pero no sé si para tanto homenaje.
Baste añadir que otro entomólogo contemporáneo a don Ignacio, que se tenía por discípulo suyo, muy superior en méritos científicos a aquel peeeeeeeeero ¡sacerdote jesuita! ha sido condenado al absoluto ostracismo, cancelado, que se consideró a sí mismo discípulo de Bolívar por cierto, del que nada se habla en tanto homenaje y del que hablaremos más adelante en ReL, Longino Navás.
Pero sin duda alguna uno de los episodios de los que tampoco va a aprender nada cualquiera que vaya a uno de estos innumerables homenajes que se suceden y solapan más allá de la valía de la figura de don Ignacio, fue su papel en declarar falsas las pinturas de las Cuevas de Altamira. De ello algo dijimos con anterioridad aquí en ReL con motivo de la sesgadísima película Altamira.
Magistralmente documentado por José Calvo Poyato, Doctor en Historia y autor de Altamira. Historia de una polémica, el autor describe en su capítulo XIV con todo lujo de detalles el papel que jugó en la condena al católico practicante y arqueólogo descubridor de las Cuevas de Altamira Marcelino Saenz de Sautuola (1831-1888) –de la Real Academia de Historia-, la afamadísima Real Sociedad Española de Historia Natural (RSEHN), condena de falsedad sobre las pinturas que firmó Ignacio Bolívar.
Tampoco se quedó atrás en la condena otro sobrevaloradísimo por cierta historiografía atea Francisco Giner de los Ríos (1839-1915), este abogado de formación y por ello todavía menos experto en la materia que Bolívar, cofundador de la también sobrevaloradísima Institución Libre de Enseñanza (ILE), que se tiene por la historiografía atea como único agente promotor de la ciencia durante la Edad de Plata en un claro ejemplo de tomar la parte por el todo en relación al Regeneracionismo, auténtico protagonista inspirador de la época. La condena de la ILE se publicó en el Boletín de la ILE nº 90.
Pero ¿cuál era el origen de estas condenas? Pues el ateísmo de un científico llamado Emile de Carthailac, uno de los más importantes paleontólogos del mundo en la época. Carthailac recibió una carta de su colega, el insigne paleontólogo (muy anticlerical) Gabriel de Mortillet, acerca de Altamira: “No te fíes, amigo, es una trampa que nos tienden los jesuitas a los prehistoriadores para reírse de nosotros”.
Los verdugos españoles ya mencionados del hallazgo científico por un católico, que fue apoyado por científicos católicos de la época como Juan Vilanova Piera, Miguel Rodríguez Ferrer, Jesús Carballo o Hugo Obermeier.
Ciencia y Fe
15 paleontólogos españoles católicos y notables sin miedo ni a los fósiles ni a la ciencia
Alfonso V. Carrascosa / ReL
Fue el sacerdote y paleontólogo Henri Breuil, el mismo que terminaría bautizando a la Cueva de Altamira como “la Capilla Sixtina del Arte Paleolítico”. Después de morir Sanz de Sautuola en 1888, Carthailac publicó en 1902, en la revista francesa “L’Anthropologie”, un artículo titulado La gruta de Altamira. Mea culpa de un escéptico, en el que reconocería la autenticidad de las pinturas. Es uno de los pocos científicos ateos que ha pedido perdón por sus errores.
Sólo añadir la curiosidad de que un ateo encontró la fe contemplando las pinturas rupestres de Lascaux, Aldo Brandirali, de quien también se ha hablado aquí en ReL.
Seguiremos haciendo entregas de los fortísimos y poco conocidos desencuentros entre ateísmo y ciencia, uno de cuyos ejemplos más palmarios es la conocida como ‘memoria histórica’ ahora llamada ‘memoria democrática’, dentro de la que subyace un sistema de censura ideológica anticientífica como no se recuerda en la historia de nuestra querida España.