Hijo de Dios. Comentario para matrimonios: Marcos 12, 35-37
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Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Marcos 12, 35-37
En aquel tiempo, mientras enseñaba en el templo, Jesús preguntó: «¿Cómo dicen los escribas que el Mesías es hijo de David? El mismo David, movido por el Espíritu Santo, dice: "Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a mi derecha, y haré de tus enemigos estrado de tus pies". Si el mismo David lo llama Señor, ¿cómo puede ser hijo suyo?». Una muchedumbre numerosa le escuchaba a gusto.
Hijo de Dios.
Jesús desborda nuestras expectativas, incluso para aquellos que esperaban un Mesías liberador del poder romano. Es mucho más. ¿Acaso nosotros seguimos teniendo a Jesús como un "solucionador de problemas"? Debemos reconocer que es mucho más, es el Hijo de Dios, que ha venido a redimirnos y a mostrarnos el camino para llegar al Cielo: la entrega y la donación, hasta la última gota de sangre y sin esperar nada a cambio. Y ¿cómo le podré pagar tanto amor derramado? Amando a mi esposo, mis hijos, mi familia, mis compañeros de trabajo... como Él me ama, especialmente cuando menos se lo merecen.
Aterrizado a la vida Matrimonial:
(Volviendo de una peregrinación)
Pepa: Qué días tan maravillosos hemos pasado, con nuestro grupo de Matrimonios, tan cerquita del Señor. Ha sido una bendición.
Miguel: ¡Desde luego! Y ahora que estamos llegando a casa, creo que debemos poner en manos de la Virgen a nuestra familia. Que sepamos transmitirles todo lo que el Espíritu Santo ha derramado en nuestros corazones. Ha sido sobreabundante
Pepa: ¡Qué bendición! Tienes toda la razón, estoy deseando llegar a casa para poder transmitir todo el fuego que llevo dentro al resto de la familia
Miguel: Pero ya sabemos, por otras veces, que en cuanto estemos llegando a casa empezarán a llovernos tentaciones de todo tipo.
Pepa: ¡Buf! Recuerdo la última vez. La pequeña con gastroenteritis, Raúl con toda la tarea sin hacer, y María que llevaba todo el fin de semana pegada al móvil...
Miguel: Y mi madre relatando todo lo que había pasado. No dejaba de decirnos ¡aquí con vuestros hijos es donde debiais estar, y no todo el día rezando!
Pepa: Pues, si te parece bien, vamos a rezar el Rosario, pidiendo por cada uno de ellos. Que el Espíritu Santo nos ilumine y sepamos darle a cada uno lo que necesita.
Miguel: Me parece un plan genial, cojámonos fuerte de Su mano, con Ella a nuestro lado no debemos temer. Pidamos también por todos los jóvenes y niños que estos días se están examinando, y por sus familias y profesores.
Pepa: ¡Amén!
Madre,
Que sepamos dar gracias al Señor por cada don que nos ha dado, y sepamos responder en nuestra vocación a cada uno de ellos. ¡Bendito y alabado sea el Señor, nuestro Dios, en el Santísimo Sacramento del altar!