¿Buscamos el encuentro con Jesús? Comentario para matrimonios: Marcos 3, 7-12
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Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Marcos 3, 7-12
En aquel tiempo, Jesús se retiró con sus discípulos a la orilla del mar, y lo siguió una gran muchedumbre de Galilea. Al enterarse de las cosas que hacía, acudía mucha gente de Judea, Jerusalén, Idumea, Transjordania y cercanías de Tiro y Sidón. Encargó a sus discípulos que le tuviesen preparada una barca, no lo fuera a estrujar el gentío. Como había curado a muchos, todos los que sufrían de algo se le echaban encima para tocarlo.
Los espíritus inmundos, cuando lo veían, se postraban ante él y gritaban: «Tú eres el Hijo de Dios». Pero él les prohibía severamente que lo diesen a conocer.
¿Buscamos el encuentro con Jesús?
Imaginamos a Jesús rodeado de una gran muchedumbre, acuden a él de muchos lugares, todos quieren tocarle, todos quieren ser sanados. Creen, como la mujer que padecía flujos de sangre, que si le tocan, sólo rozarle, serán sanados. Tienen fe porque saben que ha sanado a otros.
Nosotros hoy ¿buscamos ese encuentro con Jesús, acudimos a Él? Porque hoy no sólo podemos rozar su manto o tocarle. Hoy podemos hacernos uno con él cada día cuando comulgamos en gracia su Cuerpo y su Sangre. ¿Con qué deseo y agradecimiento le recibimos?
Jesús ha querido necesitar que para sanarnos acudamos a Él. Dios nos amó primero, pero espera nuestro “permiso“ para sanarnos ¡Qué gran misterio de amor!
Aterrizado a la vida Matrimonial:
Luis: Ayer en la oficina hablé con Felipe porque está inquieto, preocupado y agobiado. Me contó que le habían recomendado acudir a unas técnicas orientales de relajación que le darán una gran paz y no sé que otras cosas.
Marisa: Y tú ¿que le dijiste? Creo que realmente está desorientado, eso no es muy propio de un cristiano ¿no ?
Luis: Pues no, claro. Yo le dije que la paz verdadera solo la encontramos en Dios. Que Jesús nos dijo que su paz nos la da Él y que acudamos él los cansados y agobiados, que él nos aliviará.
Marisa: Que pena, cuantas veces buscamos la paz en el lugar equivocado. ¿Y qué te dijo Felipe?
Luis: Me dio las gracias y me pidió ayuda para volver a Dios. Se ha alejado de Él y ha abandonado los sacramentos, la confesión y la Eucaristía.
Marisa: ¡Ay que alegría! Gracias a Dios que ha hecho de ti mediación para Felipe. ¡Gloria a Dios!
Luis: ¡Gloria a Él por siempre!
Madre,
Gracias por darnos a Jesús. Ayúdanos a recibirle en la Eucaristía con la pureza, humildad y devoción con que tú le recibiste. Bendito y alabado sea por siempre. Amén