Una vocación para liberar: el padre Antonio Torres y la Iglesia que acompaña

Padre Antonio Torres, sacerdote trinitario
De Sevilla a Roma, de la parroquia al conclave, el padre Antonio Torres une su vida religiosa trinitaria con la comunicación digital, llevando la voz de la Iglesia a todos los rincones del mundo, incluso allí donde los cristianos enfrentan persecución.
Padre Antonio, ¿Puedes contarnos cómo surgió su vocación y qué le atrajo de la Orden de la Santísima Trinidad?
Mira, durante mucho tiempo yo hablaba de mi vocación como si hubiera nacido en un momento concreto, casi como un instante decisivo. Pero con los años, y con mucha vida reflexionada, he descubierto que no fue así. Mi vocación no nace de un solo momento, sino de la suma de muchos: encuentros, personas, preguntas, búsquedas… y, sobre todo, de la compañía de tantos hermanos y hermanas que me ayudaron a entender quién era yo.
Ahí comprendí algo clave: mi vocación tenía que ver con la libertad. Pero no una libertad individualista, sino una libertad que se vive en comunidad, que se comparte, que se construye con otros.
Cuando conocí la Orden de la Santísima Trinidad, sentí que había encontrado mi lugar. Como quien encuentra el zapato adecuado para caminar la vida. Un camino donde crecer como persona, vivir la fe desde la libertad y, sobre todo, hacerlo acompañado.
Ese deseo de libertad también me hace sentir profundamente unido a quienes no la tienen. A quienes viven su fe en situaciones de cautiverio, a quienes sufren persecución, a quienes viven esclavitudes visibles o invisibles. Ahí siento que mi vocación se vuelve concreta: estar cerca de quienes más necesitan recuperar su dignidad.
¿Qué distingue al carisma trinitario dentro de la Iglesia hoy y cómo se vive en su día a día?
El carisma trinitario se podría resumir en algo muy sencillo, pero profundamente exigente: estar cerca de quien sufre y ayudarle a recuperar su libertad y su dignidad.
Hoy más que nunca es actual. Los últimos papas nos lo han recordado con claridad: siguen existiendo muchas formas de esclavitud: dependencias, explotación, injusticias; y, además, los cristianos continúan siendo perseguidos en muchos lugares del mundo.
Por eso, el carisma trinitario no puede ser indiferente. No consiste en mirar hacia otro lado, sino en sentirse llamado a cuidar especialmente a los más vulnerables: los perseguidos, los olvidados, los que ven herida su dignidad.
En el día a día, esto no se vive con grandes gestos, sino con fidelidad en lo pequeño: rezar, estar atentos, acompañar, ayudar como se puede, mirar a cada persona como alguien valioso. Porque todos somos hijos, todos somos hermanos.
En el fondo, se trata de hacer presente un amor que no encierra, sino que libera. Un amor que no juzga, sino que levanta. Un amor que devuelve la esperanza.

Su Santidad León XIV, bendiciendo al padre Antonio Torres, tras la audiencia al terminar el Capítulo de la Orden de los Trinitarios en Roma
Llevas ya algún tiempo en Roma. ¿Cómo estás viviendo esta experiencia?
Sí, ahora voy a hacer tres años en Roma, y está siendo una experiencia profundamente transformadora. No solo por la oportunidad de seguir formándome, sino por lo que significa vivir la Iglesia universal desde dentro.
Creo sinceramente que todos los sacerdotes deberían tener una experiencia así en algún momento de su vida. Porque no solo creces en la fe, también creces como persona, como hombre, como creyente que se abre a lo distinto.
Durante estos años en Roma, ¿Cómo se ve la Iglesia universal desde cerca de eventos históricos como sínodos y jubileos?
Lo que más me ha marcado es descubrir una Iglesia profundamente comunitaria y diversa. En Roma te das cuenta de que la Iglesia no es uniforme, sino plural. Y, sin embargo, en esa diversidad, hay una unidad muy real.
Es una experiencia muy concreta de comunión: lenguas distintas, culturas distintas, sensibilidades distintas… pero una misma fe que nos sostiene y nos une.
También eres muy activo en comunicación digital y redes sociales (@tonitoga). ¿Cómo combinas tu vida religiosa con esta faceta?
No es fácil, la verdad. Implica una exposición constante y una gran responsabilidad. Pero lo vivo como una misión personal. Es un desafío constante, porque implica exponerte, preguntarte, revisar y orar lo que compartes.
Intento simplemente compartir lo que vivo cada día. Comparto libros que me han marcado y guiado espiritualmente , reflexiones que me inquietan, preguntas que no siempre tienen una respuesta clara. Y en ese proceso, me doy cuenta de que todo eso, antes que ayudar a otros, me ayuda a mí. Me obliga a ser honesto, a revisar lo que vivo, a orarlo, a no quedarme en la superficialidad.
¿Cuál crees que es la importancia de la comunicación para que la Iglesia llegue a todas las personas?
La clave es la autenticidad. Hoy todos somos capaces de detectar cuándo algo es artificial o pretende engañarnos, y cuándo es verdadero.
La Iglesia no necesita estrategias complicadas, necesita verdad. Tiene algo muy valioso que mostrar: una persona, Jesucristo. Y cuando eso se comunica desde la autenticidad, llega, atraviesa, toca.
Pero ese mensaje solo llega cuando está encarnado en personas reales, con vida, con coherencia, con fragilidad incluso.
Cuando lo que se comunica es verdadero, no necesita adornos y se hace viral.
Has viajado a países donde los cristianos sufren persecución, como Irak. ¿Qué te ha enseñado esa experiencia?
Estas experiencias han sido un antes y un después en mi vida. Me han ayudado a madurar mi relación con Dios y a centrarme en lo esencial.
Cuando ves comunidades que viven la fe en medio del sufrimiento, entiendes qué es lo importante de verdad. Descubres qué espera Dios de ti y aprendes a valorar y cuidar tus propias expresiones de fe.
En esas comunidades la fe no es teoría, sino resistencia y fidelidad en medio de la dificultad.
Somos afortunados de poder vivir la fe libremente, expresarla y celebrarla.
¿Cómo impacta esa vivencia en tu manera de comunicar y testimoniar la fe?
Cuando vuelves de estos lugares, ya no puedes vivir igual. Te sientes responsable de los rostros que has conocido, de las historias que escuchado y de los nombres que has pronunciado.
Sientes que estás llamado a dar voz a quienes no la tienen. La persecución deja de ser algo lejano, deja de ser “de otros”. Se vuelve cercana, concreta: es tu hermano, es tu hermana. Es tu familia.
Cuando lo comunicas, de un modo u otro, actualizas y revives la experiencia. Lo haces oración.

Padre Antonio Torres con el hábito trinitario. La cruz, tiene dos colores principales, cada uno con un significado: Rojo: amor y sacrificio de Cristo.
Azul: libertad, esperanza y redención..
Durante el cónclave, tuviste un papel importante en la cobertura informativa. ¿Cómo fue esa experiencia?
Fue, ante todo, una experiencia de servicio. Eso es lo que se nos pidió, y creo que todos los que tuvimos la oportunidad de colaborar coincidimos en eso. Nuestra misión era facilitar, acoger y estar disponibles.
Acompañar a tantos profesionales de la comunicación que llegaban de todo el mundo para vivir un momento histórico fue también una oportunidad para mostrar un rostro concreto de la Iglesia cercana, abierta y disponible.
¿Qué aprendizajes te dejó?
Me quedo con una idea muy clara: no perder nunca la oportunidad de mostrar una Iglesia que acoge. La experiencia primera que tenemos de un encuentro no es un discurso sino un gesto. Y ese gesto puede abrir o cerrar caminos personales.
Una Iglesia que abre las puertas a todos: al que cree, al que duda, al que busca, al que simplemente observa. A todos. Ese fue muy aprendizaje, mostrar el gesto de una Iglesia para todos.
¿Qué consejo darías a quienes quieren acercarse a la Iglesia desde los medios?
El respeto a la persona. Ese es el punto de partida.
Cuando hay respeto, todo lo demás es posible: el diálogo, la diferencia, la propuesta de la fe. Sin ese fundamento, la comunicación pierde su sentido.
Mirando hacia el futuro, ¿Qué retos y proyectos ves en tu camino?
Siempre me ha llamado la atención la figura de los “segundos” en la historia. Y cada vez entiendo más que esa es también mi vocación.
Ser segundo. No por falta de valor, sino por elección. Porque creo que Dios es el protagonista, y yo estoy llamado a hacerle espacio.
Me gustaría ser alguien que ayuda a que otros brillen. Que el carisma brille. Que la Iglesia brille.
Para finalizar, ¿Qué te gustaría que la gente comprendiera sobre los trinitarios y su misión?
Que Dios siempre ofrece una segunda oportunidad para alcanzar la libertad.
Donde nosotros vemos final, Dios sigue viendo comienzo. Donde vemos muerte, Él sigue ofreciendo vida.
No es fácil estar al lado de quienes el mundo ha descartado. Pero precisamente ahí es donde Dios sigue apostando. Y ahí es donde queremos estar nosotros.