Religión en Libertad

‘Pensar La Vendée’: el nuevo podcast que nadie esperaba de Jiménez Losantos

La Vendée no molesta solo por lo que pasó, sino por lo que deja al descubierto: que, en nombre de la libertad, también se puede destruir

Federico Jiménez Losantos, durante la grabación del podcast

Federico Jiménez Losantos, durante la grabación del podcast "La Vendée 1793: cuando el Estado francés declaró la guerra a los católicos".esRadio.

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No todos los artículos están hechos para pasar página. Algunos te detienen, te incomodan y te obligan a mirar dos veces. El de mi compañero José María Carrera Hurtado en Religión en Libertad sobre Federico Jiménez Losantos es exactamente eso: una reflexión brillante que va mucho más allá de lo evidente.

Porque hablar del nuevo podcast de Jiménez Losantos, “Pensar La Vendée”, no es un ejercicio cultural más, ni una incursión histórica para curiosos. Es, si se escucha con seriedad, confrontar una incomodidad radical: que algunas de las páginas más oscuras de la historia se gestaron bajo discursos cuidadosamente racionalizados, revestidos de legitimidad moral y aparente ilustración.

La Vendée —esa herida silenciada de la Revolución francesa— no molesta solo por lo que pasó, sino por lo que deja al descubierto. Porque desmonta ese relato del progreso perfecto, en el que todo avanza limpio, ordenado y con buena conciencia. No. La Vendée introduce una grieta incómoda: la sospecha de que, en nombre de la libertad, también se puede destruir. Y hacerlo convencido de que se está haciendo lo correcto.

Y ahí es donde el proyecto de Losantos deja de ser interesante para convertirse en necesario. Porque no se limita a narrar una tragedia, sino que señala un patrón histórico que se repite con una fidelidad inquietante. Cambian los siglos, cambian los discursos, cambian los enemigos oficiales… pero la lógica permanece. Cuando una ideología decide que posee la definición correcta del hombre, todo lo que no encaja deja de ser un interlocutor… y empieza a ser un estorbo.

La Vendée lo fue.

Después lo serían otros.

La persecución religiosa en España, la Cristiada mexicana, el experimento totalitario de la Unión Soviética… distintos escenarios, misma pulsión de fondo: la intolerancia frente a la libertad real, esa que no se deja domesticar.

Lo verdaderamente inquietante no es solo la violencia, sino su justificación. Ese momento en el que eliminar deja de percibirse como un mal y pasa a considerarse una necesidad histórica. Un mal menor. Un trámite incómodo hacia un futuro mejor.

Ahí es donde la historia deja de ser pasado.

Porque hoy no hacen falta guillotinas para reconocer esa tentación. Basta con observar cómo se decide qué ideas son aceptables y cuáles deben ser ridiculizadas, silenciadas o expulsadas del espacio público. Todo con educación, con ironía, con esa sonrisa amable que sustituye a la violencia… pero no siempre a la intolerancia.

Y, curiosamente, entre las primeras candidatas a esa “reeducación amable” suele estar la fe cristiana.

Por eso resulta tan sugerente que una mente como la de Losantos —incómoda, libre y difícil de domesticar— decida detenerse aquí. Porque "Pensar La Vendée" no es un ejercicio histórico: es una forma de mirar el presente sin anestesia ideológica.

En el fondo, la pregunta que atraviesa todo es tan simple como incómoda:

¿Qué ocurre cuando el poder —político, cultural o mediático— deja de tolerar lo que no puede controlar?

La historia ya ha respondido. Y no hace falta irse muy lejos para comprobar que sigue respondiendo.

Porque el problema nunca fue solo la guillotina.

El problema es la convicción —siempre elegante, siempre bien vestida— de que hay vidas, ideas o creencias que sobran.

Y eso, cuando vuelve, nunca avisa.

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