El universo no es fruto del azar, sino una obra diseñada por Dios con orden, belleza y armonía divina.
Siempre hay una Mano que nos ayuda a volver. Debemos tomarla
🔹San Agustín. Sermón 311, 13🔹

🔹San Agustín. Sermón 311, 13🔹
Si todas estas cosas te molestan, es que has salido de ti; eres un exiliado de tu pecho. Te sientes movido por las cosas que están fuera de ti y te pierdes🔹San Agustín. Sermón 311, 13🔹
Esta frase de San Agustín es una invitación a la interioridad frente a la dispersión. La sociedad que nos rodea nos invita a dispersarnos para que perdamos el sentido de la vida y la dirección que nos lleva hasta Dios. Igual que una persona se marea cuando se le da vueltas rápidamente, la sociedad nos satura y confunde con miles de apariencias vacías a las que perseguir.
El "pecho" es nuestro ser. No es el lugar de los sentimientos pasajeros o placenteros estímulos emotivistas. Nuestro ser es templo de Dios, es el santuario donde Dios habita. San Agustín advierte que cuando vivimos pendientes solo de las ofensas, enfrentamientos, ruidos o posesiones externas, nos convertimos en "exiliados" de nuestra propia alma. Perder la paz ante las "molestias" externas es síntoma de haber abandonado la oración y la presencia de Dios.
El Señor nos propone el regreso a lo sustancial, dejando lo accesorio a un lado. Solo al volver a la interioridad y al silencio interior, podemos encontrar a Cristo, el Maestro que da sentido a lo que sucede fuera. Si nos perdemos en lo exterior, nos quedamos sin raíz para enfrentar las tormentas.
Desde la evangelización en las redes encontramos constantemente la trampa del algoritmo que nos dice qué y como publicar. A esta trampa se une el ruido digital que nos satura. Noticias de escándalos y dudas, nos hacen pensar que la vida es sólo eso: ruido. Si aplicamos lo que nos dice esta frase al entorno digital nos daremos cuenta de la cortina de humo que existe en torno a nosotros. Las dinámicas sociales que se implantan en las redes sociales están diseñadas precisamente para sacarnos de nosotros mismos y que perdamos la imprescindible paz interior.
En el contexto de la Nueva Evangelización, el evangelizador corre el riesgo de obsesionarse con los aplausos, las críticas o las polémicas, porque es lo que crea el estatus de influencer de renombre. Si el misionero digital no cultiva su vida interior, termina siendo un "exiliado" que habla de Dios colateralmente, pero no vive su vida con Él.
Es imprescindible evangelizar desde la paz. San Agustín nos recordaría que no podemos dar lo que no tenemos. Si las redes nos rompen nos quitan la paz, hemos dejado de ser comunicadores del Evangelio para ser náufragos del sistema. Evangelizar en redes exige una higiene espiritual que nos permita estar presentes en la red sin "salirnos de nosotros mismos". Esto es imposible de hacer con nuestras fuerzas humanas, necesitamos de Dios. Él todo lo puede.
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