Religión en Libertad

El universo no es fruto del azar, sino una obra diseñada por Dios con orden, belleza y armonía divina.

El mundo en que vivimos no conoce la paz. Pero ¿Realmente la conocemos nosotros?

🔹San Agustín. La Ciudad de Dios XIX, cap XII🔹

🔹San Agustín. La Ciudad de Dios XIX, cap XII🔹- NMN

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Su voluntad [de los violentos] no es que haya paz, sino que la paz sea según su voluntad. Y si llegan a separarse de otros por alguna sedición, no ejecutan su intento si no tienen con sus cómplices una especie de paz. 🔹San Agustín. La Ciudad de Dios XIX, cap XII🔹

Esta frase es de una lucidez casi profética para los tiempos que vivimos. Tiempo en que todos nos enfrentamos a todos. ¿Cómo vamos a vivir en paz si nosotros mismo estamos llenos de rencillas, rencores, indiferencias y desprecios. San Agustín no está diciendo que los violentos odien la paz por sí mismo, sino que idolatran su propia versión de la paz.

San Agustín señala que la paz empieza cuando llevamos dentro la tranquilidad del orden. El problema que señala como causa de despreciar la verdadera paz es la soberbia. ¿Soberbia? Cuando la paz que deseamos en la de cada uno de nosotros ¿Qué podemos esperar más que una continua guerra? El violento no busca la armonía común, sino que el mundo se doblegue a sus deseos y además, que se doblegue como él/ella desea que se realice.

Cristo saludaba de una forma especial cuando entraba en una casa: “La paz sea con vosotros”. ¿Hemos pensado la razón de este saludo? La paz no es la ausencia de conflicto, sino la presencia de respeto, justicia y caridad mutua. Cuando buscamos que "la paz sea según nuestra voluntad", estamos desplazando a Dios del centro para ponernos a nosotros mismos. Esto conlleva que buscamos una paz dictatorial que nace del miedo o del deseo de control, no del Espíritu Santo.

Los "Cómplices" y las Burbujas Digitales, son un ejemplo caro de ello. San Agustín se vuelve un analista de redes sociales. Él observa que incluso los que causan división (sedición) necesitan una "especie de paz" limitada, con sus aliados. En las redes sociales a menudo se vive una paz aparente y artificial dentro de grupos ideológicos. Se trata del respeto que conlleva la “afinidad” interesada. Nos sentimos "en paz" porque estamos rodeados de "cómplices" que validan nuestros sesgos y atacan a los mismos enemigos.

Esta paz aparente del grupo se usa como combustible para la guerra externa. Es una paz que excluye, que necesita un "otro" al cual violentar para mantenerse cohesionada. Debe haber objetivos que atacar, para que se genere unidad interna.

Evangelizar no es ganar una discusión o imponer nuestra voluntad. Si logramos que alguien se calle a base de insultos o superioridad intelectual, no hemos llevado la paz de Cristo, sino que hemos impuesto la nuestra. El verdadero evangelizador digital debe ser un constructor de puentes. Si nuestro mensaje solo resuena entre "nuestros cómplices" y genera odio en los de fuera, quizás estamos alimentando una sedición digital en lugar de una verdadera comunión. Las comunidades no se construyen en base grupitos alejados y en continua competencia. La comunidad, como dice la propia palabra, es unidad entre todos.

¿Cómo sabemos que algo no funciona bien? La caridad es el termómetro. Si para tener paz con mi colectivo digital necesito ser violento con los que piensan distinto, esa paz no es de Dios. A veces la violencia se disfraza con indiferencia y sutil desprecio, para que no se note. La verdadera paz de Dios es capaz de sostenerse incluso en medio de la persecución o el desacuerdo, porque no depende de que el otro se rinda, sino que Dios está entre nosotros.

La frase nos invita a un examen de conciencia digital. ¿Busco la paz de Cristo o simplemente busco que el algoritmo me dé la razón junto a mis "cómplices"? Si la paz no está en nosotros, ¿Cómo vamos a comunicarla a los demás?

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