Vuelve el monje
La oración del rendido
Anónimo del siglo XX
Señor Jesús, tú nos conoces y nos ves tan niños que nos dejas a tu Madre para que nos cuide y nos vigile. Nos ves tan niños que dijiste que sin Tí nada podemos hacer. Nos ves tan niños que lo único que nos pides es que confiemos en Tí, que confiemos con todo nuestro corazón. Nos ves tan niños que nos invitas a desear tu Reino y tus delicias eternamente. Nos invitas a que te amemos y a intentar que todos te amen. Para Tí no hay adultos, solo hay niños.
Así pues, yo solo puedo confiar y desear.
No puedo combatir si Tú no combates por mí; ni puedo morir por Tí, si no mueres Tú en mí, por el Padre con el Espíritu amadísimo. Solo si eres Tú en mi lugar, podré abrazar el martirio.
Me lanzo a tus brazos. Puedes dejarme caer en ellos hasta el fondo del infierno, porque Tú has estado ahí antes que yo, por mí, y por cada uno de los hombres.
Te adoraré en mis caídas, incluso desde el fondo de mi infierno, porque todo es Tuyo -eres Dios, no lo olvides- y es lo que habrás querido para mí si es el caso.
Sí, Señor, así es. Mira, todo el mundo quiere dejarse llevar a lugares de paz y de alegría, y eso es agradable, sin duda. Pero nadie quiere acompañarte al infierno de su alma y al de las almas. Y todo el mundo quiere tener la ilusión de que hace algo por ti: se le llama "combate espiritual". Tú sabes que es para que los niños se lo crean, porque les gusta hacerse los héroes y hacer ver que se sacrifican, cuando Tú solo lo haces todo: eres el único héroe; eres el único sacrificado; eres el único combatiente; eres el Único Santo. Eres el Único Sacerdote Eterno.
Confío tanto en Tí que estoy seguro de que no pecaré nunca más a partir de ahora, y que si lo hago, Tú serás alabado por mí, porque así te habrá parecido bien. Y entonces me alegraré de haber pecado, porque será nuestro más íntimo lugar de encuentro, y te alegrarás entonces -Tú más que yo- por perdonarme; porque, permíteme, es responsabilidad Tuya: ¿Quién más responsable que Dios mismo para cuidar de sus ovejas, tan tontas? ¿No sales a buscar a la perdida? No puedes engañarme: me amas.
(Nos han engañado, eso sí, con la épica de la guerra, esta nuestra guerra y cualquier otra, Jesús, sin pensar que nada hay menos épico que tu cruz).
Amén. Amén. Amén.