"Tus Manos me hicieron y me formaron" (Salmo 118, 73)
Vivencia de una monja contemplativa: su trabajo con la niña interior
Mujer moldeando el barro.
¡¡¡Qué maravillosa realidad!!! ¡Así es como somos amados! ¡Con esa inmensa ternura! ¡Hasta el punto de que todo un Dios se ha abajado hasta mí y me ha modelado ya en el seno materno ¡con sus propias Manos!! En esas Manos está mi destino, en palabras de otro salmo; en esas Manos descansa mi vida cada día, (cf. Sab 7, 14); y a esas Manos deseo entregar mi espíritu al final de mi peregrinación terrena como hizo Jesús en la cruz.
Pero… y tú, creado por amor como yo, hecho a imagen y semejanza de Dios como yo, ¿no piensas que Dios ha plasmado algo de esas manos creadoras en ti? ¡Y no me refiero sólo a los artistas!... es más, ¡permíteme que te rete! ¿No crees que Dios haya puesto en ti una capacidad, quizá hasta ahora desconocida, por la cual “alguien” dentro de ti pueda gritarte: ¡sí, tus manos me han hecho y me están formando!? Ese “alguien” eres tú mismo, ¡no imagines nada extraño! Y si te atreves, te contaré lo que esas manos han hecho conmigo.
Si no os hacéis como niños…
Esto fue lo primero que me vino a la mente cuando Elena Lorenzo me explicó el método que ella empleaba para trabajar. ¡Diario expresivo! Así lo definió; pero en mi interior de adulta “sabelotodo” yo me “expresaba” de otra manera:
- ¿¡¡¡Qué!!!? ¡Hacer rayajos! ¡Y con la mano con la que no escribo!
¡Pero si en el colegio se me daba fatal dibujar!
Sin embargo, dejándome a mí misma, sobre todo, mi juicio y mi criterio, con un poco de educación y una buena sonrisa hice con ella la primera prueba, que a mis ojos resultó un tanto birriosa; ¡hay que aceptar que era la primera toma de contacto! Pensé en una situación que me hubiese ocurrido hacía poco y, al compás de una música serena, simplemente me dejé llevar mientras mi sentido común me susurraba:
- ¡Estás haciendo el ridículo de una manera!...
Luego tenía que hacerme preguntas en base a aquel mi primer “garabato” … por llamarlo de alguna manera, y contestarlas sin razonar demasiado, porque –aquí viene lo bueno- ¡la que mejor podía interpretar ese “arte más que abstracto” era ¡YO MISMA!! ¡Qué sorpresa! ¡Ah! Por cierto, las respuestas las escribía con la mano zurda (a partir de ahora la denominaremos “no dominante”, para emplear el lenguaje técnico), mano con la que puedo afirmar sin titubeos que soy poco diestra.
Así, de este modo tan sencillo fue cómo yo empecé un camino de acompañamiento que ha constituido toda una aventura, para mí inimaginable y en cierto modo inesperada, porque llega un punto en la vida en el que ¡te cansas de intentar luchar contra aquello que tú sientes desde niña que te impide entrar en la edad adulta! Sobre todo, a medida que vas cumpliendo años. Yo me veía como un pequeño enanito al que le ponían las ropas de un gigante; por mucho que me remangara y disimulara, me caía ¡y no podía crecer!
Pero, antes de iniciar este camino, ¿qué es lo primero a lo que tuve que hacer frente? Lo más difícil y lo más fácil:
Reconocer y aceptar que necesitaba ayuda y que, por muy cristiana que fuera y llevase a mis espaldas unos considerables años de vida consagrada, algo había en mí que no se solucionaba, ¡que no sanaba! ¡Que me determinaba demás en mi día a día! Y que, por más que se lo presentase al Señor en la oración o lo dialogase con un sacerdote o alguien de confianza y discernimiento, esa partecita de mí no crecía. Y lo que sí que crecía era mi sufrimiento, la conciencia de que era así y no podía ser de otra manera y mi grito interior hacia el Cielo:
¡Señor!, ¿por qué, si Tú lo puedes todo, no me sanas?
La respuesta era muy sencilla: ¡Él había puesto la sanación en mis manos! ¡Así de bien nos ha creado! Hay un camino de retorno para el ser humano en sus propias heridas. ¡Qué increíble resulta esta afirmación en tu impotencia! ¡Cómo se te tambalea todo! Pero ésta ha sido mi experiencia: Dios te sana, no haciendo magia, sino entrando hasta el final, hasta la carne y la sangre, ¡hasta tu propia historia!
Entonces sí, sólo entonces es cuando estás dispuesta a poder abrirte al conocimiento de tu niña interior.
¿Quién es esta niña?, ¡Tú misma, tu parte emocional, allí donde queda impactado todo lo vivido! ¿Es posible acceder a esa parte de tu cerebro? Por mucho que te parezca increíble, SÍ.
No obstante, deseo advertir que en una sociedad en la que todo lo oriental está tan de moda y se confunde la intimidad con el Señor, con el yoga y una gran cantidad de meditaciones transcendentales, entiendo muy bien que un cristiano puede mirar esto con una cierta desconfianza, o pensar que pueda estar hablando de un método de oración. Es importante no confundir niveles, por mucho que el ser humano constituya una unidad; simplemente, yo te invito a no tener miedo, este niño interior no es algo añadido a tu persona, eres tú mismo.
Todo este mundo me era completamente desconocido, ¡qué digo desconocido! ¡Negado por mi propia historia! Sólo conocía las reacciones de esta niña que para mí era imposible comprender, por mucho que me pusiera ante Jesús en la oración y llorara con Él. Simplemente, no había proporción entre lo ocurrido y mi reacción… ¡aquí se inserta el diario expresivo!
Con este método tan sencillo y tan bonito, vi aparecer ante mis ojos mi propia historia, ésa que para mí estaba velada. Me permití sentir lo que en su momento no pude expresar, porque no tenía la capacidad para ello y así, me sentí liberada. ¡Éste es el primer paso hacia la sanación interior!
En mis primeros dibujos era muy fácil ver a una niña encerrada dentro de un cajón. Lo que más me gustaba era que no hacía falta que Elena me explicara nada, porque era mi propia niña la que se expresaba y me lo explicaba a través de mi mano no dominante que, como he indicado más arriba, era el canal de acceso a ella. Mi yo adulto hacía preguntas con la mano dominante acerca de situaciones de antes y de ahora, siempre acorde con el dibujo, y de una forma nada violenta, me iba encontrando con el sufrimiento de mi infancia o cómo estaba viviendo en la parte emocional el propio hoy. En este sentido es como puedo afirmar que “mis manos me han hecho y me han formado”.
A través del diario expresivo he revivido emocionalmente muchos momentos de mi propia historia, incluso algo tan “trivial” como haber sido encerrada en un cuarto oscuro en la guardería. Me sorprendía a mí misma llorando o riendo, sintiendo la angustia o la ilusión de entonces.
¡Cuántas gracias doy a Dios por haber sido mi niña interior la que contestase a todas mis preguntas, así no puede quedar un solo resquicio en mí que piense: “fui inducida a creer que aquello ocurrió así”! Elena me acompañaba, pero era yo la que avanzaba porque, repito de nuevo, con el diario expresivo he entendido a la perfección que este camino de sanación sólo puedes hacerlo tú misma. Eres tú la que tiene que tomar la decisión de salir de ese cajón que es tu falso yo, por muy segura que te sientas en ese bloqueo, y decidir sanar. La liberación llega cuando puedes poner nombre a lo que sientes, saber de dónde procede y, protegiendo a esa niña que en su momento no recibió el cariño y la protección, decidir cómo quieres reaccionar. Entonces sí que comprenderás que Dios te ha creado libre para elegir y que sus Manos te han hecho y te han formado para que vivas en LIBERTAD. A esto me han ayudado mis muchos dibujos.
Cristo tiene sus manos llagadas para que tus heridas no sean la última palabra. Éste es el regalo que mis manos han podido recibir a través de este precioso y sencillo método que es el diario expresivo. Lo he compartido contigo… Ahora la decisión está… ¡en tus manos!
Para más información:
email: blogdeidentidad@gmail.com