¿Pero de verdad fueron novios María Magdalena y el apóstol Juan?
Después de ver recientemente la exaltación del celibato que hacía el evangelista Juan (pinche aquí si desea conocerla mejor), resulta no poco chocante la referencia que en su “Leyenda Dorada” recoge el mayor hagiógrafo medieval, Jacobo De La Vorágine, en lo tocante a la relación que habría unido al evangelista con la discípula más veces mencionada en los evangelios. Una historia a la que, desde luego, se ha de dar poco crédito, empezando porque el genovés ni siquiera explica la fuente en la que la encuentra, lo que no es óbice para que no nos resistamos a transcribirla y la traigamos aquí para general conocimiento de la interesada e ilustrada clientela de esta columna:
“Dicen algunos que María Magdalena y Juan Evangelista fueron novios; que cuando ya estaban a punto de casarse, Cristo llamó a Juan y lo convirtió en discípulo suyo, y que ella, despechada e indignada contra Jesús porque le había arrebatado a su prometido, se marchó de casa y se entregó a una vida desenfrenada” (LeyDor. 96, 6).
Vida desenfrenada que no es otra que la que con poco fundamento en los evangelios, dicho sea de paso (pinche aquí para conocer mejor el tema) y poco aceptada hoy por la exégesis, la tradición ha supuesto a María Magdalena, consecuencia en buena parte de la “Homilía 33” pronunciada por el Papa San Gregorio I Magno en 591, en la que afirmaba el pontífice:
“La que Lucas llama pecadora [ver Lc. 7, 36-50] y Juan, María, creemos que es la María de la que según Marcos fueron echados siete demonios [ver Mc. 15, 40-41]. ¿Y qué si no todos los vicios significan esos siete demonios?”.