Jum´a y Mohammed ed-Dhib
En cuanto a la datación de los hallazgos, los escritos van desde el año 150 a.C., es decir las postrimerías de la rebelión de los Macabeos, hasta el 70 d.C., es decir la destrucción del Templo, momento en el que la comunidad esconde sus documentos y de hecho, desaparece.
En cuanto a su formato, la gran mayoría son pergaminos, aunque existe algún papiro (pinche aquí si desea conocer la diferencia entre papiros y pergaminos) y hasta un cobre. Están encuadernados como rollos, el modo habitual de encuadernar los judíos, y no como códices.
En cuanto al contenido, recogen las copias más antiguas de que se dispone en lengua hebrea del Antiguo Testamento o Tanaj; reglamentos y oraciones propias de la comunidad; un rollo de cobre con cuestiones contables y la localización de determinados tesoros; diversos textos religiosos intertestamentarios como el Libro de Henoc, el Testamento de los Doce Patriarcas, el Libro de los Jubileos. E incluso fragmentos entre los cuales el interesantísimo 7Q5 que ya tuvimos ocasión de comentar en esta columna (pinche aquí si desea leer el artículo que le dedicamos), que podría constituir el más antiguo fragmento neotestamentario nunca hallado.
El estudio de los Manuscritos del Mar Muerto ha servido para conocer mejor a los esenios, entre cuyas muchas características diferenciales destaca su utilización de un calendario diferente al utilizado en el Templo que incluso conduciría a una datación diferente de las fiestas, con el que se ha intentado incluso explicar la peculiar Pascua celebrada por Jesús (pinche aquí si desea conocerlo todo sobre el carácter pascual de la Ultima Cena). No se han resistido muchos estudiosos de los manuscritos a la tentación de establecer una relación más o menos cercana entre la comunidad de Qumram y las primeras comunidades cristianas, e incluso entre el Maestro de Justicia líder de la comunidad y Jesús de Nazaret, temas que habremos de tratar algún día en esta columna.
Hoy día, la gran mayoría de los manuscritos se encuentran en el llamado Santuario del Libro, en el Museo de Israel de Jerusalén, sin que obre en poder del Vaticano, contrariamente a lo que suele creerse, ninguno de los documentos.
©L.A.
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