Patriarca Miguel Cerulario (sentado en el trono).
Crónica de Juan Skilitzes.
En estas circunstancias, asciende en 1042 a la cabeza del patriarcado constantinopolitano, Miguel Cerulario (n.1000-m.1058). Con ocasión de la derrota papal por los normandos y estando el Papa San León IX (1049-1054) preso en Benevento, Cerulario acusa a las iglesias occidentales de projudaizar al invitar al ayuno sabático o al utilizar pan ácimo en la celebración de la Misa, vuelve a la carga con el “filioque” y denuncia el celibato sacerdotal. León IX responde con una misiva en la que insiste en la primacía romana. A pesar del interés de los gobernantes del Imperio bizantino, acosado por los mismos normandos que asuelan Italia, Cerulario persiste en su actitud secesionista. Así las cosas, los legados enviados por el Papa entran en Santa Sofía y depositan en el altar una bula de excomunión contra el Patriarca, aquélla a la que nos hemos referido arriba. Cerulario la exhibe, -se dice que la falsifica para hacerla más inaceptable y provocativa- y la quema, creando el ambiente propicio para amotinar a las turbas. A los pocos días, arrebata al Emperador la convocatoria de un sínodo, el cual emite un edicto que condena la actuación de los legados: el cisma está consumado.
Todo lo cual quiere decir lo siguiente:
1º.- Desde 1054 la presencia del Patriarca de Constantinopla en la coronación del Papa no es posible debido al cisma irreconciliable existente entre Roma y la capital del Imperio romano de Oriente.
2º.- Antes del año 330 dicha presencia no pudo producirse por la sencilla razón de que el Patriarcado constantinopolitano ni siquiera existía.
3º.- En los años 482-519 y 867-888 tampoco, pues la Iglesia vivía una situación de separación similar a la que conocemos hoy día.
Todo lo cual nos da un “breve” espacio de tiempo que va del año 330 al 482, del 519 al 867 y del 888 al 1054, es decir 766 años, para que el Patriarca de Constantinopla hubiera accedido a estar presente en las ceremonias que afectaban a una iglesia, la romana, cuya supremacía, por otro lado, incluso en los tiempos de la mejor relación, se miraba con recelo. Pero incluso ahí, entramos en un problema sobrevenido, cual es el de las dificultades existentes en la época no sólo para efectuar el traslado de toda una corte patriarcal y poder estar presente en un evento que concernía a una iglesia en exceso lejana, sino ni siquiera para que las noticias viajaran con la celeridad oportuna como para conocerlas en tiempo y forma. A lo que añadir, por último, las dificultades geoestratégicas imperantes en cada momento que hacían intransitables los caminos europeos.
Dicho todo lo cual, dejo negro sobre blanco la siguiente pregunta: ¿se habrá producido si quiera una vez la presencia del Patriarca de Constantinopla en Roma para la coronación del Papa? Lo que por otro lado, nos introduce aún más certeramente en la magnitud, importancia y gravedad del evento que estamos a punto de presenciar.
©L.A. Si desea suscribirse a esta columna y recibirla en su correo cada día, o bien ponerse en contacto con su autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.es Otros artículos del autor relacionados con el tema(haga click en el título si desea leerlos) De la costumbre de los Papas de cambiar de nombre al ser elegidosAhora que ya sabemos la fecha del próximo, ¿sabe Vd. cómo nacieron los cónclaves?De la elección papal en los primeros tiempos de la Iglesia¿Pero acaso hay que ser cura para ser Papa?Quien es quién en el Vaticano. Hoy el Cardenal TurksonSi Roma eligiera un día un papa africano ¿de verdad sería el primero?