Del primer papa hispanoamericano de la historia
Con el Papa Francisco -¡qué bonito nombre, por cierto!- nos hallamos ante un papa que indiscutiblemente ha roto moldes: el primer papa americano, el primer papa argentino, el primer papa jesuita, el primer papa llamado Francisco -aunque ojo, a lo que parece no será “Francisco I”, sino sólo “Francisco”, (pinche aquí si desea conocer sobre el tema)-…
En esta página, sin embargo, quiero resaltar uno de sus muchos primerazgos: el que le convierte no exactamente en el primer papa americano o “de las Américas”, como le ha caracterizado el presidente estadounidense Barack Obama, sino en el primer papa hispanoamericano, es decir, el primer papa de esa América hispana, si quieren Vds. hispano-lusa, que es el gran vivero católico del mundo, llamada a ser por donde se renueve el mensaje de Jesús de Nazaret y la que tome el relevo de esa Europa vieja y anquilosada que reniega de su orígenes y sus raíces. De esa América que debe su cristianismo, que debe su catolicismo, a la inmensa, generosa y desinteresada obra evangelizadora, colonizadora e instructora de los misioneros españoles franciscanos, dominicos, mercedarios, agustinos, jesuitas, y al afán evangelizador de la Reina Católica y de los reyes españoles que hicieron suya la causa de la Reina Isabel. No es el único primerazgo de este simpar Papa Francisco, hasta ayer Cardenal Bergoglio, porque de él y a pesar de su apellido de resonancias indiscutiblemente italianas, se puede decir también que será, con toda probabilidad, el primer papa de la historia cuya lengua materna sea el español. Porque si bien es cierto que los papas españoles son tres –y por cierto, ayer eran mayoría los medios españoles que hablaban de dos y sólo dos, los españoles somos únicos por lo que a desconocer nuestra historia se refiere-, a saber Calixto III y Alejandro VI, los dos papas borja, pero también ese gigante del papado que fue San Dámaso, Bergoglio será sin embargo el primero que -fíjense Vds. lo que son las cosas- sin ser español será de habla hispana, dado que San Dámaso no habló la maravillosa lengua que hablan uno de cada tres católicos por haber llegado demasiado pronto al papado, en el s. IV, y Calixto III y Alejandro VI, muy probablemente, serían de habla valenciana -no por ello menos española, todo sea dicho (pinche aquí si desea conocer lo que pienso sobre el tema)- antes que propiamente castellana.