Religión en Libertad

Consagrados que estudian Enfermería y Farmacia: inspirándose en el Buen Samaritano

Son consagrados y estudian disciplinas de las Ciencias de la Salud: quieren servir al necesitado, sea quien sea.

Cuando Jesús contó la parábola del Buen Samaritano, empezó una revolución de la ética de los cuidados que hoy se enseña en facultades de enfermería

Cuando Jesús contó la parábola del Buen Samaritano, empezó una revolución de la ética de los cuidados que hoy se enseña en facultades de enfermeríabermix studio

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Para el padre Dio, la hermana Marina, la postulante Mónica y la madre Clara — cuatro voces consagradas que estudian Enfermería o Farmacia en la Universidad CEU San Pablo de Madrid— la misión no empieza al ponerse una bata o al entrar en un hospital, sino mucho antes: en el estudio, en el trabajo diario o en la mirada con la que se afronta cada clase.

El padre Dieudonné Nzeyimana (Dio) es sacerdote diocesano de la diócesis de Gitega, en Burundi. La hermana Marina Viveros procede de Colombia y es religiosa de la Congregación de Hermanas Servidoras de Jesus del Cottolengo del Padre Alegre. Mónica Álvarez procede de Valencia y es postulante de las Siervas del Hogar de la Madre. Los tres estudian Enfermería en la Facultad de Medicina CEU USP. Además, la Madre Clara Pedregrosa, religiosa de la Orden de Hijas de María Nuestra Señora, es de Madrid y es estudiante de Nutrición en la Facultad de Farmacia CEU USP.

Todos coinciden en decir que la Universidad puede convertirse en un espacio de evangelización, un lugar donde el conocimiento técnico se transforme en caridad, donde el esfuerzo académico se vuelva oración, y donde el futuro profesional se forje como misión espiritual.

Aprender a detenerse

Desde la facultad de Farmacia, la Madre Clara nos recuerda que el aula es un taller de santidad. Con este enfoque vemos cómo el estudio serio, la responsabilidad y el rigor no son solo virtudes académicas, sino que podemos hacer de ellos actos de amor ofrecidos a Dios y al mundo. “Con un pupitre como altar”, dice. Y esfuerzo en cada fórmula, cada práctica o cada examen como ofrenda.

La Madre Clara Pedregrosa, de las Hijas de María Nuestra Señora, es estudiante de Nutrición en el CEU

La Madre Clara Pedregrosa, de las Hijas de María Nuestra Señora, es estudiante de Nutrición en el CEUcedida

La parábola del Buen Samaritano es un referente diario de estos estudiantes. El padre Dio reconoce que lo interpela a unir fe con acción. “No basta escuchar la Palabra: hay que detenerse ante el sufrimiento del otro”, dice, remitiéndose a la parábola que enseñó Jesús. La hermana Marina dice: “Aunque hoy cuido yo, mañana puedo ser yo la herida”.

Vendar las heridas visibles… y las invisibles

Mónica apunta: “Las peores heridas son las que no se ven”. Hay heridas que tenemos todos. Pero, advierte, quien se deja curar por Dios va siendo más y más capaz de curar a los demás. La fe, dice, nos ayuda a recordar que cada paciente tiene un alma del que también hay que cuidar. Y que el cuidado, especialmente por parte del cristiano, debe ir más allá de la técnica.

El P. Dio coincide en que el enfermo necesita apoyo emocional y espiritual. A veces, como cuenta la Hna. Marina, con experiencia acompañando enfermos terminales, un apretón de manos puede aliviar más que un fármaco.

El buen hacer en el ámbito de las heridas invisibles idealmente se acompaña de buen hacer en el ámbito de las visibles. Para ello, la profunda humanidad debe ir acompañada de una buena formación técnica. La M. Clara aúna ambas al recordarnos que aprender bien es un acto de caridad en la medida en la que “saber más es servir mejor”. 

De esta manera, el rigor de hoy se convierte en el cuidado de mañana.

Marina Viveros, de Colombia, de las Hermanas Servidoras de Jesús del Cottolengo del Padre Alegre, estudia Enfermería; ve al prójimo en el sufriente

Marina Viveros, de Colombia, de las Hermanas Servidoras de Jesús del Cottolengo del Padre Alegre, estudia Enfermería; ve al prójimo en el sufrientecedida

Amar sin esperar premio: gratuidad

El Buen Samaritano actuó sin esperar recompensa. "La verdadera alegría está en dar", dice el Padre Dio. La Hermana Marina lo experimenta en el Cottolengo, donde tantas veces se agradece con una sonrisa. Mónica recuerda a un paciente abandonado por todos. Ante él, ella pensó: “Jesús murió también por él”.

La Madre Clara denuncia que las lógicas utilitaristas reducen al ser humano a su productividad, olvidando su dignidad inviolable. Frente a eso, la caritas cristiana sostiene que cada vida merece ser cuidada, incluso cuando no “produce”.

El acompañamiento del enfermo es una tarea tan bonita como exigente. Ante el agotamiento, el estudio o el riesgo de burnout, vale la pena apoyarse en Cristo. La Hermana Marina considera que Jesús está en quienes la acompañan. Mónica recoge esta experiencia común: considera que un consagrado no se "quemará" si vive unido a Cristo.

Dieudonné Nzeyimana, sacerdote diocesano de la diócesis de Gitega, en Burundi, estudia Enfermería: la alegría, dice, está en darse.

Dieudonné Nzeyimana, sacerdote diocesano de la diócesis de Gitega, en Burundi, estudia Enfermería: la alegría, dice, está en darse.cedida

La Madre Clara añade le añade la comunión de los santos: el estudio no es un esfuerzo aislado, sino parte de un “coro universal” de testigos que han defendido la vida y la verdad. Su misión educativa futura será eco de esa melodía.

Una misión que empieza en el escritorio

De la parábola del Buen Samaritano extraen la enseñanza de ser "para todos", sin distinción. Esa universalidad se aprende en la paciencia con un compañero, en la alegría, en la disponibilidad, en la explicación amable de un ejercicio difícil.

La Madre Clara destaca que la Universidad puede ser un laboratorio de esperanza cristiana. Aquí se aprende a mirar la vida como don, a educar en el asombro, a transmitir la pasión por la verdad y la dignidad humana. Aquí se forma a quienes mañana cuidarán a los heridos de la vida moderna.

En estos testimonios se revela la certeza de que la misión no empieza cuando se llega al hospital, sino cuando se abren los apuntes.

De ahí sus experiencias desde un Campus de Ciencias porque, para quien ha encontrado a Cristo, incluso el estudio se convierte en camino de santidad y servicio. Y así, desde el escritorio, comienza la obra silenciosa de sanar el mundo.

*La autora, María Clara Sánchez Sañudo, es estudiante de Medicina en el CEU USP

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