Aspecto de la Capilla antes de pintarla Miguel Angel
Y llegamos así a la gran joya de la colección de joyas: la bóveda de 1.100 metros cuadrados, encargada por el papa Julio II a un joven Miguel Ángel Buonarotti de apenas 32 años, pero que ya he dejado sello de su genio en Florencia, Venecia, Bolonia y en la propia Roma.
Miguel Angel trabaja en el tema entre 1508 y 1512. Un conjunto de nueve pinturas que muestran escenas del Génesis y que sirvieron para reemplazar el techo azul con estrellas doradas original, pintado según el diseño de Piermatteo d´Amelia, el cual conocemos gracias a un dibujo conservado en la Galería de los Uffici en Florencia. En las pechinas que sustentan la bóveda, están pintados los profetas y sibilas que profetizaron que Dios enviaría a Jesucristo para la salvación de la humanidad. En los lunetos sobre los arcos de las ventanas pinta Buonarotti a los antepasados de Cristo, según los árboles genealógicos que incluyen en sus evangelios Lucas y Mateo.
Curiosamente, Miguel Angel, que se consideraba más escultor que pintor, -para cuando es contratado para la Capilla Sixtina ya ha realizado mármoles de la talla de la Piedad (1498) o del David, pero ha pintado mucho menos- receló del encargo, el cual llegó a considerar como una estratagema de sus enemigos para ponerle en evidencia.
Para realizar las pinturas, Miguel Angel hubo de crear una plataforma de tablas de madera sujetas sobre soportes enganchados en agujeros de las paredes, sobre las ventanas. En cuanto a la técnica utilizada, parece que Miguel Angel trabajó siempre mediante el sistema que se conoce como “en buon fresco”, es decir, sobre yeso recién puesto, completando cada sección mientras el yeso se encontraba todavía húmedo. El tiempo invertido para toda la obra, apenas cuatro años, se puede considerar un verdadero record para la naturaleza hercúlea del trabajo. Para que se hagan Vds. una idea, Miguel Angel trabajaba a la frenética media de casi un metro cuadrado de bóveda por jornada de trabajo.
La representación por Miguel Angel de figuras desnudas a las que era tan afecto, le ganó nuevos y poderosos enemigos. El cardenal Carafa y el embajador de Mantua, Mons. Sernini organizaron una campaña para borrar los frescos. Se cuenta, de hecho, que cuando el maestro de ceremonias del papa, Biaggio da Cesena, afirmó que la decoración era propia de un baño público o de una taberna y no de una capilla papal, Miguel Ángel se vengó dando su cara a Minos, el vígía del infierno en la mitología griega, y que al quejarse Cesena al papa, éste le respondió que su jurisdicción no incluía el tártaro, por lo que no podía ordenar la eliminación del retrato. Como es bien conocido, la partes más comprometidas del fresco serían recubiertas más tarde, en 1565, por un discípulo de Buonarotti, Daniele da Volterra, que se ganó por el trabajo el sobrenombre de “Il Braghettone”, de innecesaria traducción al español.
Pues bien, son todas estas pinturas, precisamente, las que fueron presentadas el 31 de octubre de 1512, y cuyo V centenario celebramos hoy.
No representan sin embargo el final de la colaboración entre el gran artista de Arezzo y la corte papal para la Capilla Sixtina, pues nada menos que veinte años después, aún recibirá Miguel Angel un nuevo encargo, esta vez del papa Clemente VII, el cual confirmará su sucesor Pablo III, para decorar la pared del altar con el tema de El Juicio Final. Pintar este mural exigirá la eliminación de dos episodios de las Vidas, varios retratos papales y dos grupos de ancestros de Jesús. Dos ventanas son tapiadas, y dos de los tapices de Rafael se hacen innecesarios. Miguel Angel realiza el trabajo entre 1536 y 1541. Tenía 66 años al terminarlos. Aún habría de vivir veintitrés más.
El Juicio Final antes y después de la restauración
Profundamente deteriorados por el paso del tiempo y por los efectos del humo de las velas, en 1980 se acomete la restauración de los frescos: hasta 1984 los de las lunetas; entre 1984 y 1989 la bóveda; y por último El Juicio Final. Catorce años para restaurar entre varios especialistas lo que Miguel Angel tardó ocho en hacer él solo. Y eso que para realizar sus trabajos, los restauradores se sirvieron de los mismos huecos en la pared en los que Miguel Ángel sujetó su andamio.
La restauración completa, abierta al público el 8 de abril de 1994, mostraba un Miguel Angel insospechado y desconocido, autor de unos colores vivísimos que la mucha porquería acumulada sobre los frescos había ocultado y los más antigos del lugar habían naturalmente olvidado. Particularmente delicada la decisión que hubo de tomar Juan Pablo II sobre mantener los lienzos del Braghettone o removerlos, optando por lo primero no tanto por una cuestión moral cuanto histórica. Y ello aun cuando sí se removieron otras actuaciones posteriores realizadas con la misma finalidad pero no por Volterra. En la restauración se mantuvieron algunos fragmentos tal cual los habían encontrado los restauradores, (secciones a ambos lados de El Juicio Final) al solo objeto de permitir apreciar el contraste entre el estado en el que se hallaban los frescos, y el estado en el que se los dejó. (1) Haciendo dos salvedades que es preciso hacer siempre que se habla de estos aniversarios: los once días que no existieron en el año 1582 y que sirvieron para poner en vigor el nuevo calendario gregoriano (pinche aquí si desea conocer más sobre el tema), y la hora que España lleva de retraso sobre el horario de Grenwich. ©L.A. Si desea suscribirse a esta columna y recibirla en su correo cada día, o bien ponerse en contacto con su autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.es Otros artículos del autor relacionados con el tema(haga click en el título si desea leerlos) Del “San Juanito”, de Ubeda, obra de Miguel Angel reducida a polvo durante la Guerra CivilDe un Cristo de Miguel Angel en el Arqueológico de MadridToda la verdad sobre la casa de la Virgen en EfesoDe los modelos de los que se sirvió el fabricante de la Sábana Santa