Herodes Filipo
“Filipo […] tetrarca de Iturea y de Traconítida” (Lc. 3, 1).
Un Filipo que es uno de los hijos que Herodes el Grande, el rey idumeo que reina cuando nace Jesús, tiene de Cleopatra, y uno de los cuatro entre los que se divide el gran reino de aquél cuando muere en el año 4 a.C.. Es también el esposo de la Herodías cuyos amoríos con Herodes Antipas critica Juan el Bautista y le valen la condena a muerte, según nos relata Marcos:
“Es que Herodes era el que había enviado a prender a Juan y le había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, con quien Herodes se había casado. Porque Juan decía a Herodes: ‘No te está permitido tener la mujer de tu hermano’” (Mc. 6, 1718).
La relación entre el Líbano costero romano y el Líbano interior herodiano debió de pasar, naturalmente, por tiranteces. Algo así por lo menos ocurrió en tiempos de Herodes Agripa, sobrino de Herodes el Grande, quien gracias a su amistad personal con el César Calígula, consigue gobernar entre los años 41 y 44 d. C. sobre un gran reino de Israel muy similar a aquél sobre el que reinara su tío una vez que sus hijos desaparecen de la escena. Nos lo cuenta en el libro de los Hechos de los Apóstoles ese gran historiador que fue Lucas, una de las grandes fuentes históricas por lo que al entorno y al período se refiere:
“Estaba Herodes [Agripa] fuertemente irritado con los de Tiro y Sidón. Éstos, de común acuerdo, se le presentaron y habiéndose ganado a Blasto, camarlengo del rey, solicitaban hacer las paces, pues su país se abastecía del territorio del rey” (Hch. 12, 20).
Pues bien, de todo este Líbano que describimos, Jesús sólo conoció, como veíamos ayer (pinche aquí si desea profundizar en el tema), el sur de la parte romana, Tiro y Sidón, a la que se retiró por lo menos en una ocasión, probablemente cansado y perseguido, en busca de un cierto descanso:
“No quería que nadie lo supiese, pero no logró pasar inadvertido” (Mc. 7, 24).
Este Líbano, poblado de sirofenicios según los llama Marcos (Mc. 7, 26) o cananeos según los llama Mateo (Mt. 15,22), muy anteriores, como es fácil de entender, a los árabes islamizados que llegarán a la región en el s. VII, se cristianiza pronto, como nos explica, una vez más, Lucas:
“Nosotros [Lucas, Pablo y otros], terminada la travesía, fuimos de Tiro a Tolemaida; saludamos a los hermanos y nos quedamos un día con ellos” (Hch. 21, 7).
Del puerto de Sidón, donde también existe una comunidad cristiana, sale Pablo camino hacia Roma. Nos lo cuenta también Lucas:
“Al otro día arribamos a Sidón. Julio se portó humanamente con Pablo y le permitió ir a ver a sus amigos y ser atendido por ellos. Partimos de allí y navegamos al abrigo de las costas de Chipre, porque los vientos eran contrarios” (Hch. 27, 3-4).
©L.A. Si desea suscribirse a esta columna y recibirla en su correo cada día, o bien ponerse en contacto con su autor, puede hacerlo en encuerpoyalma@movistar.es Otros artículos del autor relacionados con el tema(haga click en el título si desea leerlos) ¿Estuvo Jesús en el Líbano?Del Líbano que visita el Papa: una reseñita históricaIglesias católicas orientales: los maronitas De la Anunciación, fiesta común de cristianos y musulmanes en Líbano