Fra Angelico (1442).
Por lo que hace a sus intervenciones en el Antiguo Testamento que nos ocupan hoy, en la primera, Gabriel anuncia a Daniel la llegada a Oriente Medio de Alejandro Magno y sus victorias. “Mientras yo, Daniel, contemplaba la visión e intentaba comprenderla, vi de pronto delante de mí a alguien con aspecto humano, y oí una voz humana junto al río Ulay, que gritaba: «Gabriel, explícale a éste la visión.» Él se acercó a donde yo estaba y, cuando llegó, caí de bruces asustado. Me dijo: «Hombre, debes comprender que la visión se refiere al tiempo final.» Mientras me hablaba, yo estaba aletargado, rostro en tierra. Él me tocó y me hizo incorporarme. Después me dijo: «Mira, voy a manifestarte lo que ocurrirá al final de la cólera, porque el fin está fijado. El carnero con dos cuernos que has visto representa a los reyes de Media y Persia. El macho cabrío representa al rey de Grecia, y el cuerno grande entre sus ojos es el primer rey. Los cuatro cuernos que despuntaron en lugar del que se rompió representan a cuatro reinos salidos de su nación, aunque menos poderosos. «Y al final de sus reinados repletos de crímenes, surgirá un rey insolente y embaucador. Aumentará su poder, será un destructor portentoso y triunfará en sus empresas; destruirá a poderosos y al pueblo de los santos. Con su astucia hará triunfar la traición en sus obras, se envalentonará y con frialdad aniquilará a multitudes. Se sublevará contra el Príncipe de los príncipes, pero será destrozado sin intervención humana. La visión referida de las tardes y mañanas es verídica; mantenla en secreto, porque va para largo.»”. (Dan. 8, 15-26). En la segunda realiza este curioso relato:
Arcángel San Gabriel.
Matias Grünewald (1515).
“Aún estaba rezando mi oración, cuando Gabriel, el personaje que yo había visto antes en la visión, se me acercó volando a la hora de la ofrenda de la tarde. Y al llegar, me dijo: «Daniel, he venido ahora para infundirte comprensión. Desde el comienzo de tu oración se ha pronunciado una palabra y yo he venido a comunicártela, porque eres un hombre apreciado. Entiende la palabra y comprende la visión: «Setenta semanas han sido fijadas a tu pueblo y a tu ciudad santa para poner fin al delito, sellar los pecados y expiar la culpa; para establecer la justicia eterna, sellar visión y profecía y consagrar el santo de los santos. Entérate y comprende: Desde que se dio la orden de reconstruir Jerusalén, hasta la llegada de un príncipe ungido, pasarán siete semanas y sesenta y dos semanas; y serán reconstruidos calles y fosos, aunque en tiempos difíciles. Pasadas las sesenta y dos semanas matarán al ungido sin culpa y un príncipe que vendrá con su ejército destruirá la ciudad y el santuario. Su fin será un cataclismo y hasta el final de la guerra durarán los desastres anunciados. Sellará una firme alianza con muchos durante una semana; y en media semana suprimirá el sacrificio y la ofrenda y pondrá sobre el ala del templo el ídolo abominable, hasta que la ruina decretada recaiga sobre el destructor.»” (Dan. 9, 21-27). Una profecía que aunque parece destinada a retratar los eventos de la rebelión de los Macabeos del año 167 a.C. (fecha coincidente con la probable redacción del libro), contiene amplias e inquietantes resonancias neotestamentarias, que encajan bien con el mensaje evangélico: el ungido muerto sin culpa, la posterior destrucción del Templo (Tito en el año 70) y la entera ciudad (Adriano en el 135), el ídolo abominable sobre el ala del Templo (la consagración de la ciudad a Júpiter), bien que los plazos expresados no coincidan.
©L.A.
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