Y ello por varias razones. Primero, porque así ha de ser en los países a los que decimos querer parecernos (mire Vd. al ministro británico que ha dimitido por colocarle unos puntos del carnet a su mujer).
Pero segundo y sobre todo, porque en España, Sra. Garrote, los hechos con los que según dicen los maledicentes de siempre ha bromeado Vd., no constituyen una metáfora o un recurso literario, aunque sea de dudoso gusto, no. Los hechos con los que Vd. ha (supuestamente) bromeado constituyen la dura realidad de algo que en nuestro país hemos practicado los españoles… ¡en hasta siete mil ocasiones! ¡Siete mil ocasiones, Sra. Garrote, siete mil! Como siete mil fueron los clérigos que ardieron junto con las iglesias -"pocas" según dicen que ha dicho Vd.- de las que eran párrocos, o fueron rematados en los paredones, en las checas y en las cunetas de los caminos españoles entre los años 1936 y 1939. Si quiere que se lo diga con exactitud, seis mil ochocientos treinta y dos(1), de los cuales 4.184 sacerdotes, 2.365 frailes y 283 monjas, a los que añadir 13 obispos. Y a juzgar por su (supuesto, siempre supuesto) modo de expresarse, por alguien con quien Vd. compartía algún tipo de indisimulada simpatía, consonancia o afinidad.
(1) “Historia de la persecución religiosa en España 19361939”. Antonio Montero Moreno.
©L.A. encuerpoyalma@movistar.es Otros artículos del autor relacionados con el tema De la lección que, esta vez, nos ha dado el pesoísmo¿Qué ha pasado con el voto de izquierdas en estas elecciones?Al final, ¿era tan listo Rubalcaba? De los cristianos perseguidos en los programas electorales de los distintos partidosGracias, Sra. Carrión, por haber autorizado la mani papofóbica