«El método no te crea: te quita capas hasta que puedes verte»
Irene Albacete explica por qué no toca la fe que da sentido y cómo su Método Líder se desvirtúa si se usa para ganar poder
Irene Albacete, creadora del Método Líder y autora de ‘Sé tu líder’
Tras superar un trastorno alimenticio y acompañar a miles de personas, la autora de ‘Sé tu líder’ y creadora del Método Líder, Irene Albacete, que suma más de tres millones de seguidores en redes, tiene claro que la identidad no es una condena, sino un punto de partida: “Quien eres hoy no tiene que ser quien eres mañana”.
Respeta la fe que hace a la gente más compasiva, admite que su método se desvirtúa si sirve para dominar y confiesa que en el duelo y el amor verdadero “no toca liderar, toca arrodillarse”.
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-Sí, totalmente. Cuando digo que “primero decides quién eres” no estoy diciendo que te inventes a ti misma desde cero. Estoy diciendo que hay una versión tuya que ya existe, que siempre ha estado ahí, y que la mayoría de las veces está enterrada debajo de años de creencias heredadas, miedos y ruido externo.
Yo lo viví así con el trastorno alimenticio que atravesé durante años. No construí a Irene: la fui descubriendo. Había algo en mí que siempre supo quién era, pero tardé mucho en escucharlo. El cuerpo lo sabía antes que la mente. Esa parte que se descubre, no se decide, es la más real de todas. El método, en el fondo, no te crea: te quita capas hasta que puedes verte.
Una fe que no se toca cuando da sentido y hace más compasiva a la persona
-Sí. Cualquier creencia que sea la raíz de donde alguien saca su sentido de vida, su dignidad y su amor por los demás. Si alguien tiene una fe que lo conecta con algo más grande que él mismo, que lo hace más compasivo, más honesto, más presente con los suyos, eso no es una creencia limitante. Es una base.
Lo que sí trabajo es cuando una creencia funciona como jaula: “no merezco esto”, “la vida es para sufrir”, “yo no soy capaz”. Hay una diferencia enorme entre una creencia que te encierra y una creencia que te abre, y esa diferencia hay que saber verla antes de tocar nada.
-Ha fallado en algo importante. Y es algo que me pregunto con honestidad. El método no es neutro. Tiene valores dentro: autoconocimiento, coherencia, responsabilidad, cuidado de los demás.
Si alguien lo usa como una técnica para conseguir poder a costa de otros, no está aplicando el método, está usando algunas de sus herramientas vaciadas de su sentido. Eso me hace trabajar cada vez más en los valores que rodean al contenido, no solo en las técnicas.
Un método con valores: falla cuando se usa para dominar a otros
-Completamente. Y no lo digo por humildad de cara a la galería, lo digo porque lo he vivido. Calculé que en un mes tendría cien seguidores en TikTok. En dos semanas tenía catorce mil. Yo no diseñé eso.
El viaje a Brasil que me curó la relación con la comida no lo planifiqué como terapia. Los dos libros que me cambiaron la vida me los dio mi pareja en el momento justo. La persona que está a mi lado: nos conocimos con dieciocho años al otro lado del mundo. La fuerza de voluntad prepara el terreno. Pero hay algo más que decide cuándo llueve. Y con los años le tengo más respeto a ese algo, no menos.
-Sí. El duelo, el amor real y el sufrimiento profundo. Cuando alguien pierde a alguien que quiere, no hay método que valga. Hay que dejarse llevar por algo más antiguo que uno mismo: el tiempo, la comunidad, la tradición de cómo los seres humanos hemos sobrevivido a la pérdida durante siglos.
Y en el amor: creo que el amor auténtico te pide exactamente lo contrario de liderar. Te pide soltar el control, confiar en otro, hacerte vulnerable. Hay momentos en la vida donde la mayor fortaleza no es tomar el mando, sino saber arrodillarse. Y eso no lo enseña ningún método de productividad.
-Esta es la trampa más peligrosa del trabajo de identidad. La identidad no es una sentencia: es un punto de partida. “Soy una persona disciplinada” no significa que no puedas fallar nunca. Significa que cuando fallas, vuelves. No te castigas: vuelves.
Yo tuve un trastorno alimenticio durante años. Podría haberme quedado ahí, con esa como mi identidad fija. No lo hice. No porque fuera perfecta, sino porque aprendí que quien eres hoy no tiene que ser quien eres mañana. El perdón no es debilidad en este trabajo: es condición necesaria. Sin él, la identidad se convierte en una cárcel con un guardia muy exigente dentro.
La identidad, sin perdón, se convierte en una cárcel muy exigente
-Sí. Y de hecho, esa es la persona con la que más trabajo. La que tiene los hábitos, los logros, la agenda llena y aun así se despierta por la mañana sin saber para qué. Porque hay un momento en el que optimizarte a ti misma ya no es suficiente. Necesitas saber por qué.
Para qué sirve todo esto. A quién quieres servir. Qué quieres dejar cuando ya no estés. Eso no lo resuelve la productividad. Lo resuelve mirarte de verdad, con honestidad y sin anestesia. Y ese trabajo, sí, lo hacemos en el Método Líder.
«Quien eres hoy no tiene que ser quien eres mañana.»