Jerusalén en Semana Santa: claves para entender lo ocurrido en el Santo Sepulcro
Bloqueo en el Santo Sepulcro, rectificación de Israel y claves para no dejarse manipular al mirar Tierra Santa
El cardenal Pizzaballa reza por Jerusalén desde Dominus Flevit en la tarde del Domingo de Ramos de 2026
El bloqueo policial al patriarca latino de Jerusalén y al custodio de Tierra Santa para celebrar la Misa del Domingo de Ramos en el Santo Sepulcro, y la posterior rectificación de Israel, han llenado los medios de titulares, reproches políticos y opiniones cruzadas. Muchos católicos, también en España, se preguntan qué ha pasado exactamente y a quién creer.
Este artículo intenta ofrecer una explicación sencilla y documentada, desde la mirada de la Iglesia en Jerusalén, para ayudar a vivir estos días con fe y sin confusión.
1. Qué sucedió el Domingo de Ramos
El Domingo de Ramos, la policía israelí impidió la entrada al Santo Sepulcro al cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino, y al custodio de Tierra Santa, cuando iban a celebrar la Misa con un grupo reducido. Según los comunicados oficiales, acudían “en forma privada, sin ningún tipo de procesión ni acto ceremonial”, y aun así fueron detenidos en la puerta y obligados a regresar.
Medios de todo el mundo han calificado el hecho de “sin precedentes”, porque no se recuerda algo semejante en siglos en el lugar mismo de la Resurrección. Israel ha alegado motivos de seguridad: el país está en máxima alerta por la guerra y por ataques con misiles que han caído cerca de la Ciudad Vieja, lo que ha supuesto cierres o fuertes límites también en otros lugares santos judíos y musulmanes. Desde la Iglesia local, sin embargo, se ha considerado una medida desproporcionada: no se pedía una gran concentración de fieles, sino que los pastores pudieran celebrar la Misa en uno de los días más importantes del año.
2. Lo que la Iglesia ya había decidido antes
Este choque no se produce en un vacío. Días antes, el patriarca había enviado una carta en la que, a causa de la guerra, cancelaba la tradicional procesión de Ramos desde el Monte de los Olivos y aplazaba la Misa Crismal a una fecha dentro del tiempo pascual. La Iglesia local, por responsabilidad, ya había renunciado a celebraciones multitudinarias para no exponer a los fieles.
El tono de esa carta es claramente pastoral: invita a no dejarse vencer por el desánimo, a vivir esta Semana Santa como un verdadero “via crucis” compartido y a mirar el sepulcro vacío como el sello de la victoria del amor sobre el odio. La decisión de limitar procesiones y actos masivos nace de esa misma lógica: proteger a las personas, sin renunciar a lo esencial de la fe.
3. De la protesta al acuerdo
Tras el bloqueo, el Patriarcado latino y la Custodia de Tierra Santa publicaron un comunicado conjunto denunciando la vulneración del libre ejercicio del culto. El texto es firme, pero sin estridencias: no busca alimentar la bronca política, sino defender el derecho de la Iglesia a celebrar en los lugares santos.
En los días siguientes se llegó a un acuerdo con las autoridades israelíes para garantizar el acceso del patriarca, de los demás responsables de las Iglesias y de sus comunidades a las celebraciones de Semana Santa y de Pascua en el Santo Sepulcro. El propio primer ministro anunció que había dado instrucciones para conceder al cardenal Pizzaballa “acceso pleno e inmediato a la Iglesia del Santo Sepulcro”, rectificando así la decisión inicial. Ese acuerdo no borra lo sucedido, pero abre una vía: poder vivir el Triduo y la Pascua en el Santo Sepulcro, aunque bajo fuertes medidas de seguridad.
Al mismo tiempo, el patriarca ha querido que la respuesta de la Iglesia no se quede sólo en la protesta. Ha convocado un rosario por la paz en la abadía de Hagia María en Sion, como signo de que, incluso en medio de la tensión, la primera reacción cristiana no es el ruido, sino la oración.
4. Cómo se ha usado políticamente el caso
El episodio ha tenido enseguida consecuencias diplomáticas. Diversos gobiernos y organismos han expresado su preocupación por el veto al patriarca. En España, el presidente del Gobierno habló de un “ataque a la libertad religiosa” y el Ministerio de Asuntos Exteriores convocó a la representante de Israel para pedir explicaciones y dejar claro que algo así no debe repetirse. Desde Israel se ha acusado al presidente español de aprovechar cada ocasión para atacar al país, subiendo el tono del cruce de declaraciones.
El riesgo es evidente: un hecho que afecta directamente a la vida de la Iglesia en Jerusalén puede quedar atrapado en la lógica de bloques y reproches entre gobiernos. Para un católico, la clave está en no perder de vista el centro: defender con claridad la libertad religiosa y el derecho de la Iglesia a celebrar en el Santo Sepulcro, sin convertir el sufrimiento de los cristianos de Jerusalén en munición más dentro de nuestras batallas políticas internas.
5. Cómo es la Semana Santa en Jerusalén… cuando hay paz
Ayuda también recordar cómo es una Semana Santa “normal” en Jerusalén. La ciudad entera se convierte en un gran santuario: la procesión de Ramos desde Betfagé, el Jueves Santo en el Cenáculo y Getsemaní, el Vía Crucis del Viernes Santo por la Vía Dolorosa y la Vigilia pascual en el Santo Sepulcro marcan el corazón de la vida cristiana en la ciudad.
En el ámbito ortodoxo, la basílica de la Resurrección acoge el rito del Epitafio el Viernes Santo y la ceremonia del Fuego Santo el Sábado, con el Patriarca entrando en el Edículo y la iglesia llena de fieles. Quien ha participado alguna vez en esas celebraciones entiende enseguida qué significa que el Santo Sepulcro esté cerrado o limitado precisamente en estos días: no es un detalle administrativo, toca el centro de la vida litúrgica de varias Iglesias y de las comunidades que, a pesar de todo, siguen allí.
6. Celebraciones de Semana Santa en Jerusalén este año
A pesar de la guerra y del incidente del Domingo de Ramos, la Iglesia en Jerusalén ha querido asegurar, en la medida de lo posible, la celebración de los misterios pascuales en los lugares santos. Tras el acuerdo con las autoridades, el Patriarcado latino ha confirmado que las principales celebraciones de Semana Santa y Pascua tendrán lugar en el Santo Sepulcro, con acceso garantizado para los responsables de las Iglesias y sus comunidades, aunque con controles estrictos y presencia reducida.
No se ha publicado un calendario abierto al gran público con todos los horarios por razones de seguridad, pero se mantiene la estructura habitual del Triduo: Misa de la Cena del Señor, celebración de la Pasión, Vigilia pascual y Misa de Pascua. En las parroquias de Jerusalén y alrededores, las comunidades celebran de forma más discreta, adaptándose a las circunstancias de cada barrio, mientras la Iglesia local pide a los fieles de todo el mundo que acompañen estas celebraciones con oración y apoyo concreto a los cristianos de Tierra Santa.
7. Claves para no perderse entre versiones y titulares
Con este panorama, ¿cómo orientarse sin caer en la confusión?
- Primero, escuchar a la Iglesia de Jerusalén. Patriarcado latino y Custodia de Tierra Santa son las voces de referencia. Sus cartas y comunicados explican qué pasa, qué se ha decidido y cómo vivirlo cristianamente.
- Después, atender a la Santa Sede y a los obispos. Sus intervenciones ayudan a situar el problema en el marco más amplio de la libertad religiosa y de la protección de los lugares santos.
- Leer los medios, también católicos, con criterio. Distintos portales subrayan aspectos distintos: denuncia, contexto geopolítico, dimensión espiritual. Contrastar esas miradas con los documentos oficiales evita quedarse sólo con la parte más escandalosa del titular.
- Y mirar todo a la luz de la Pascua. Las restricciones, humillaciones y miedos que sufren los cristianos de Jerusalén son una participación real en la Pasión del Señor. Pero precisamente allí, en el lugar del sepulcro vacío, la Iglesia anuncia que el odio y la muerte no tienen la última palabra.
8. Qué podemos hacer desde aquí
¿Qué puede hacer un católico en España ante todo esto? Ante todo, rezar. Rezar por la Iglesia de Jerusalén, por sus pastores, por las familias cristianas que han decidido quedarse, por las víctimas de la guerra y por quienes tienen responsabilidad política y militar, para que se garantice la libertad de culto y se busquen caminos reales de paz.
Junto a la oración, hace falta buena información y apoyo concreto. Informarse en las fuentes eclesiales, seguir las palabras del patriarca y de la Custodia, sostener las obras de la Iglesia en Tierra Santa y la colecta por los Santos Lugares, ayudar a las comunidades que mantienen viva la fe donde Cristo murió y resucitó. Así, lo que vemos en los titulares no se queda en indignación de un día: se transforma en comunión real con quienes hoy, en Jerusalén, viven la Semana Santa muy cerca de la cruz… y también muy cerca del sepulcro vacío.