Religión en Libertad

Nos dice D. Giussani que Dios vence el mal dentro de la historia con el bien" y "el pueblo de Adamuz [...] ha mostrado al mundo tanto bien"

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El accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) el pasado 18 de enero dejó un saldo devastador de 46 muertos y 292 heridos (De ellos, 122 personas requirieron traslado a centros hospitalarios, mientras que 170 fueron atendidas por lesiones leves), conmocionando a la comunidad y planteando preguntas fundamentales sobre el sentido de la vida y la muerte. En medio de la tragedia, la fe y la solidaridad han sido un faro de esperanza para las víctimas y sus familias. 

La comunidad de Comunión y Liberación en Córdoba comparte su testimonio de fe y esperanza en esta entrevista, reflexionando sobre cómo la experiencia cristiana puede ayudar a mirar de frente el sufrimiento humano sin caer en la desesperación. La comunidad ha respondido a la tragedia con oración, comunión y testimonio público, demostrando que la fe puede ser un poderoso motor de cambio y consuelo en momentos de dolor.

-En el texto de don Giussani sobre el accidente del Columbia se plantea la pregunta radical: “¿Es justa la vida?”. Tras la tragedia de Adamuz, ¿cómo ayuda la experiencia cristiana —vivida en CL y en la comunidad de Córdoba— a mirar de frente el dolor humano sin caer en la desesperación?

-Es cierto que ante el dolor no podemos dar una explicación lógica que nos ayude a comprenderlo humanamente. Frente al accidente de Adamuz, surge la exigencia de un significado que nos ayude a tener esperanza en la vida.

»La experiencia cristiana nos ayuda enseñándonos, a través del misterio de la Cruz y de la Resurrección, que la muerte no tiene la última palabra y que en todo hay un bien, aunque para nosotros sea muy difícil verlo de forma inmediata.

»Tenemos la experiencia de haber encontrado una mirada en nuestra vida, la de Cristo, que nos acompaña y nos permite vivir con esperanza cada circunstancia, la alegría y el dolor.

-El pueblo de Adamuz ha respondido con una solidaridad espontánea y profunda. Desde vuestra vivencia en la Fraternidad, ¿cómo interpretáis este impulso del pueblo como signo de una presencia que vence el mal con el bien, según la palabra de Giussani sobre la “victoria de Dios dentro de la historia”?

-El bien siempre triunfa sobre el mal, y hemos visto en estos días cómo el pueblo de Adamuz, igual que el buen samaritano, como nos decía nuestro obispo en la Eucaristía, ha mostrado al mundo tanto bien, tanta generosidad y tanto amor. La respuesta del pueblo muestra que el hombre está hecho para el bien, su espontaneidad nace de lo que Dios ha inscrito en el corazón de cada uno, que emerge en las circunstancias más duras. Por eso Dios vence a través de estos gestos humanos.

-Giussani decía que “quien tiene un aliento de vida se plantea la pregunta acerca de su éxito final”. ¿Qué lecciones puede dejarnos esta tragedia sobre el sentido último de la vida y de la misión de educar —tanto para los cristianos como para los jóvenes a los que formáis—?

-Los alumnos sienten la impotencia de no poder resolver y de no poder dar la respuesta adecuada al drama con el que se han encontrado. Nuestra labor como educadores es acompañarlos, a través de nuestra experiencia, a tomar conciencia de nuestra limitación humana y de que solo Cristo puede darnos una esperanza real en la vida.

-Tras esta sacudida tan cercana, ¿cómo está viviendo la comunidad de CL en Córdoba la llamada a la oración, la comunión y el testimonio público de una esperanza que no nace de discursos, sino de una presencia real? ¿Qué gestos concretos de fraternidad están surgiendo?

-La comunidad de CL de Córdoba se ha unido a la Diócesis de Córdoba en la oración, siguiendo la petición del movimiento de los Obispos. Sabemos que es la forma misteriosa y real de ayudar de manera inmediata. Por otro lado, cada uno desde su puesto de trabajo, hemos dado razón de nuestra esperanza a los alumnos, compañeros y personas con las que nos hemos encontrado.

-La responsable de la comunidad de CL en Córdoba es Inmaculada. Le preguntamos, al final...
Usted, como psicóloga y educadora, conoce bien los efectos del trauma y la pérdida. ¿Qué significa acompañar ese dolor desde la fe, integrando razón, afectividad y esperanza, como propone la educación emocional que usted investiga?

-Nos dice D. Giussani que Dios vence el mal dentro de la historia con el bien, con una positividad que ofrece sentido a todo lo que sucede. Para Dios todo es posible, y solo esta certeza me ayuda a acompañar al que se acerca a mí con dolor. Sin esta certeza, todo mi esfuerzo es inútil, cuando me pongo delante de los jóvenes llenos de dolor por las circunstancias que atraviesan, solo puedo hacerlo sabiendo que es Otro Quién actúa a través de mí, y como tantas veces nos ha dicho Jone, entro en un lugar sagrado.

»Solo puedo acompañar teniendo la certeza de que la vida, a través de cada circunstancia, de forma misteriosa, se dirige con certeza hacia un destino bueno, porque Cristo está Presente a nuestro lado sosteniéndonos con fuerza.

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