La dignidad de la imperfección
Gregorio Luri reflexiona sobre la condición humana 'a medio hacer' y su relación con la enseñanza católica.

La imagen inacabada refleja la esencia del mediocre, un ser en constante evolución, siempre a medio hacer.
Gregorio Luri, filósofo y educador navarro, nos invita a reflexionar sobre la condición humana en su último libro, La dignidad del mediocre. Pequeña filosofía de lo inacabado. Con una prosa lúcida y profunda, Luri explora la idea de que nuestra imperfección y vulnerabilidad no son defectos que deban ser superados, sino que son la base de nuestra dignidad como seres humanos.
En esta entrevista, Luri nos habla sobre cómo su concepto de "mediocre" se relaciona con la enseñanza católica sobre la dignidad humana y la vocación a la santidad, y nos invita a aceptar y valorar nuestra propia imperfección como una oportunidad para crecer y encontrar la verdad.

"La dignidad del mediocre. Pequeña filosofía de lo inacabado", de Gregorio Luri (Encuentro)
-¿Cómo se relaciona la condición de "mediocre" que describe en su libro con la enseñanza católica sobre la dignidad humana y la vocación a la santidad?
-Etimológicamente, mediocre deriva del latín mediocris, que, a su vez, es una palabra compuesta de medius (medio) y de ocris (montaña escarpada). El mediocre es, en este sentido, el que, habiendo llegado a media ascensión, puede decidirse por continuar con el ascenso o rendirse a la tentación del descenso. En esta posibilidad de decisión se encuentra su dignidad.
»En tanto que seres únicos y libres, poseemos una libertad ontológica. Pero en lo que hacemos con esa libertad se encuentra nuestra dignidad moral. De la dignidad ontológica no podemos desprendernos aunque lo queramos, porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios. La dignidad moral está en nuestras manos. Tanto es así que incluso la podemos destinar a negar a nuestro Creador.
-En un mundo que valora la perfección y el éxito, ¿cómo puede la Iglesia católica promover la aceptación y la valoración de la condición humana imperfecta y "a medio hacer" que describe en su libro?
-Con su permiso, le transcribo una página del libro, porque es la manera más acorde con mi intención al ponerme a escribirlo:
- "Mediodía de un domingo luminoso de marzo, en Puebla, México. De más allá de las jacarandas en flor del Paseo Bravo —que aquí se conocen como Pasión de Cristo, por florecer en Cuaresma— me reclama el tañido de una campana. En este paseo hubo una vez un monumento a un distinguido insurgente, benemérito de la patria, pero ahora solo queda esta inscripción… A su memoria, en este mismo lugar, se le erigió un monumento, que desapareció con el tiempo. Hace mucho calor y decido hacer caso a las campanas. Llego así hasta la iglesia de San Agustín y en su umbral me encuentro con un cartel con este texto del santo de Hipona: «Aquí me tienes, Señor. Yo soy aquel esclavo que escapó de su amo y buscó el amparo de las sombras […]. En el altar mayor, junto al Sagrario, la humilde luz de una vela temblorosa se me presenta como una invitación a la esperanza. Lo que da alas al alma no es la luz cegadora del mediodía, sino la tenue luz de una vela en la penumbra»".
-¿Qué papel juega la libertad y la responsabilidad en la condición de "mediocre" que describe, y cómo se relaciona con la enseñanza católica sobre la libertad y la moralidad?
-En parte le he contestado en la primera pregunta, pero permítame añadir que ser mediocre cansa, porque se vive siempre en la necesidad de tener que decidir.
»Esta necesidad exige de nosotros un esfuerzo, una tensión vital. Por eso estamos continuamente tentados con la idealización de la sinecura, de un mundo en el que lo posible esté al alcance de nuestros deseos. Pero en Barbielandia, ese mundo rosa sin trabajo, sin tedio, sin culpa y sin vergüenza, se tiene todo menos lo más importante: la posesión de uno mismo. Todos están satisfechos precisamente porque ya están acabados.
»Nosotros, como cristianos, con frecuencia tomamos las decisiones equivocadas, pero nos anima la serena esperanza de disponer del valor de aceptarnos como aceptados a pesar de ser seres inacabados.
»Y, por cierto, de vez en cuando está muy bien hacer como san Juan —el águila—, y detenerse a jugar un rato con una perdiz.
-¿Cómo se relaciona la comprensión teleológica de los mediocres con la comunión de los santos?
-Al decir que nos comprendemos a nosotros mismos mutuamente de manera teleológica, quiero decir que solo nos entendemos bien si conocemos la trayectoria que llevamos unos y otros. El que camina al azar y no para de dar vueltas nos resulta incomprensible porque no sabe a dónde va. San Agustín insiste en que nos acabamos pareciendo a lo que amamos, que puede ser lo alto (la cima) o la cerveza helada que nos espera en el hotel junto a la mecedora. Renunciar al ascenso es conformarse con la comodidad del gato junto al fuego.
-En un momento en que la cultura contemporánea parece valorar la inmediatez y la instantaneidad, ¿Cómo puede la Iglesia promover la valoración de la condición humana "a medio hacer" en una cultura de inmediatez?
-Gracias a que somos humanos mediocres estamos abiertos a la vida de una manera singularísima: podemos captar la belleza de lo frágil, la magia del instante… y ver en lo efímero un vislumbre de lo eterno. Pero también podemos dominar en cierta manera el tiempo mediante la fidelidad y el perdón.
»Recojo en el libro el siguiente pasaje de un libro del británico Stephen Fitzjames titulado Liberty, Equality, Fraternity:
- "Nos encontramos en un paso de montaña en medio de remolinos de nieve y una niebla espesa, a través de la cual vislumbramos de vez en cuando senderos que pueden ser engañosos. Si nos quedamos quietos, moriremos congelados. Si tomamos el camino equivocado, caeremos por un precipicio y acabaremos hechos pedazos. No sabemos con certeza si existe un camino correcto. ¿Qué debemos hacer? “Sé fuerte y valiente”. Actúa buscando lo mejor, aspira a lo mejor y acepta lo que venga […]. Debemos seguir nuestro camino, adonde sea que nos lleve, con los ojos abiertos y la cabeza erguida. Si la muerte acaba con todo, no podemos encararla mejor. Si no es así, hagamos lo que haya que hacer con honestidad, sin amaneramientos en nuestras palabras ni máscaras en el rostro".
»Aunque el libro está escrito por un católico mediocre, va dirigido a todos aquellos a los que no les asusta tomar decisiones valientes sobre sí mismos. A todos aquellos que oyen la llamada de Dios, pero nunca lo encuentran donde lo buscan.