Religión en Libertad

Creado:

Actualizado:

En cuanto a vosotros estáis ungidos por el Santo..." afirma la 1Jn 2,20.

Mediante el santo Crisma, el Espíritu Santo nos selló, nos marcó, habitó en nosotros, y ofrece una asistencia continua para convencernos del pecado y llevarnos a la verdad plena, recordando las palabras de Jesús en el propio corazón. Su Unción nos consagra a Dios, sí, pero esta Unción es vital, está viva, y así el Espíritu se convierte en el Maestro interior que nos enseña, nos educa, nos instruye, nos sugiere. La Unción que hemos recibido mediante el santo Crisma es el Espíritu Santo mismo.

La Unción es el signo central del sacramento de la Confirmación, aun cuando a veces se hace opaco lo central para dar relieve a lo más festivo y antropocéntrico: lecturas, muchas preces para que muchos intervengan, ofrendas extravagantes... La Unción es el gran signo visible del Espíritu Santo, y el santo Crisma es el portador del Espíritu.

Aquí lo visible -el aceite perfumado- es el signo e instrumento de lo invisible -el mismo Espíritu en nosotros-.

Suscríbete

y recibe nuestras noticias directamente