Religión en Libertad

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La resurrección del Señor, su Misterio pascual, acarrea multitud de consecuencias. No se limita a su cuerpo carnal, a su realidad humana únicamente, sino que desencadena todo un proceso nuevo, una transformación absoluta de todas las cosas.

Cristo mismo, el Señor resucitado, es la plenitud de la nueva creación. Cuanto fue creado por medio de Él, halla ahora su fin, su felicidad, su más alto desarrollo, en el Señor glorificado. Lo que se comenzó antes de los tiempos, la creación, empieza en el Señor resucitado a llegar a su plenitud absoluta y definitiva. La creación, y el hombre con su devenir histórico, reciban su verdad y su liberación en Cristo, el Señor resucitado. La repercusión de la Pascua alcanza a todo.

El concepto Pascua se puede hacer extensible a la creación misma que verá su paso salvador de la finitud y caducidad a la novedad y plenitud. Esta pascua de la creación ya iniciada se completará en la parusía del Señor, en su segunda venida gloriosa al final de los tiempos. Entonces Él será el Señor de todo lo creado.

Aguardamos la venida gloriosa del Salvador. Su parusía, su venida, cierra el ciclo de la historia y de lo caduco, de este tiempo, para que el Reino de Dios alcance su plenitud y extensión. Él viene con gloria "para juzgar a vivos y muertos" estableciendo su completo señorío, aniquilada la muerte, y entonces resucitarán los muertos. Su parusía lo transformará todo. Su venida renovará todo. Hay, pues, un destino cristológico de la creación. Su cuerpo mismo, el del Señor resucitado, es la primicia de este destino cristológico de lo creado. Pasa la figura de este mundo para alcanzar la verdad de lo que el mundo sería según el plan de Dios.

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