Religión en Libertad

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Las plenarias en Roma de la Comisión Teológica Internacional son ocasiones únicas para encontrarnos perlas preciosas en los discursos que el Santo Padre dirige a los participantes.

En este caso, Benedicto XVI dirige un discurso centrado en el conocimiento y el amor del teólogo, y con él se puede afirmar que el teólogo es un enamorado de Dios. Tal cual. El conocimiento del teólogo le lleva a amar más al Misterio que se da, y el amor que ya posee en su corazón le impulsa a conocer mejor a Aquel a quien ama y por Quien es amado. Conocimiento y amor unidos en la investigación teológica y en su reflexión, respetando la estructura de la teología y su estatuto, profundizando, avanzando y también, ¡cómo no!, contemplando.

De aquí se podrían sacar algunas consecuencias, ideas claras para todos: -El teólogo tiene que ser un enamorado del Misterio. Desgraciadamente, ciertos teólogos que son más que nada ideólogos, nos transmiten una imagen de la teología y de los propios teólogos como personas resentidas, siempre lastimosas y quejándose de la Iglesia, ejerciendo un magisterio paralelo a la Iglesia. Rebosan amargura. Les falta enamoramiento. -La teología es necesaria y beneficiosa. A veces algunos por ensalzar la fe se atreven a afirmar que "hay que pisotear la razón" y que lo único importante es una fe-confianza, fiducial. Esto es destruir el dinamismo de la persona y su relación con el Logos. -El teólogo, si está enamorado de Cristo, dedicará amplio espacio de tiempo no sólo a los libros, comentarios, fuentes, artículos y demás, sino a la oración sosegada, amorosa, ante la Presencia de Quien todo lo sostiene. Si no, no es verdadero teólogo.

Sin lugar a dudas, conocer y estudiar la teología es una Gracia de Dios. Siempre habrá que sospechar de quienes reniegan de la teología y quieren pisotear la razón, porque eso no corresponde con el cristianismo -como tantas veces ha explicado Benedicto XVI-.

¡¡Y han de ser teólogos enamorados del Misterio!!

También, por nuestra parte, una inmensa humildad: ser teólogo no es haber cursado un mínimo curricular de asignaturas, o haber asistido a unas Jornadas o conferencias. En ser teólogo hay muchas más horas de estudio y de contemplación del Señor, así como una gracia, un carisma, y una misión eclesial.

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