Religión en Libertad

FIDES ET RATIO

Alfonso V. Carrascosa

Científico católico

Iglesia y Edad de Plata: el Lyceum Club

El centenario de esta institución se conmemora sin base científica por incompleto, al ignorar el papel jugado por la Iglesia Católica a través de sus insignes miembros.

En el centro con traje claro María de Maeztu, directora del Lyceum Club y católica ferviente, al igual que lo fue la Premio Nobel Gabriela Mistral, a la izquierda: la única sin sombrero.

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El Lyceum Club comenzó su andadura hace ahora cien años, en 1926, en plena dictadura de Miguel Primo de Rivera apoyada sin fisuras por los socialistas, y siendo el estado confesional católico. No parece pues, en principio, que esta institución supusiera para las autoridades una amenaza, porque si lo hubiera sido la hubieran abortado. Tampoco las entonces pírrias fuerzas políticas que acabarían confluyendo en el Frente Popular no levantaron la voz contra la creación del Lyceum Club. Además, fue el General Primo de Rivera quien incorporó a varias mujeres a la actividad parlamentaria, quien posibilitó el inicio del voto femenino al que se opusieron las progres ateas de la época, y quien construyó con el dinero donado por la Fundación Rockefeller el que sería Instituto Nacional de Física y Química, en el conocido Edificio Rockefeller, donde hoy se alberga el Instituto Blas Cabrera del católico CSIC, del que he hablado recientemente aquí en ReL  porque conmemora su 80 aniversario, siendo el conjunto de lo dicho hasta aquí en torno al Rockefeller prueba irrefutable de la continuidad que el CSIC dio a los postulados del Regeneracionismo, de fuerte raigambre católica, en pro del desarrollo científico.

En la fotografía de arriba aparecen mujeres vinculadas al Lyceum Club. A la derecha está Clara Campoamor, que se autodefinió como ‘ni azul ni roja’, perseguida por el ateísmo de la época nada menos que por apoyar el voto femenino, mujer convencida de que el socialismo ateo fue el que originó la caída de la II República y la Guerra Civil  En el extremo opuesto la única sin sombrero, la Premio Nobel de Literatura Gabriela Mistral, sobre cuya religiosidad católica he escrito aquí.

En el centro de la imagen, vestida de claro, aparece la directora fundadora del Lyceum Club, María de Maeztu (1881 – 1948). No suele mencionarse al referirse a ella a su hermano, Ramiro de Maeztu, insigne periodista, ensayista, diplomático y pensador político español, perteneciente a la llamada generación del 98, que también profesó la fe católica –como se explicó aquí en ReL - y desarrolló toda su actividad profesional e intelectual durante la Edad de Plata, llegando durante ella a ser académico de número de la Real Academia Española y de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas. Tampoco va a comentarse en los fastos de la efeméride del Lyceum que Ramiro fue brutalmente asesinado por soldados ateos del Ejército del Frente Popular en 1936, dándole subtierro, tras lo que María de Maeztu se exilió desde el Madrid del ateo Frente Popular por temor a ser asesinada ella también.

Sobre María de Maeztu, directora fundadora del Lyceum Club, directora fundadora en 1915 de la Residencia de Señoritas, fundadora del Instituto Escuela en 1928, y profesora en 1932 de la F. de Filosofía y Letras de Madrid, no suele comentarse que en 1937 fue depurada por el gobierno ateo y supuestamente progresista del Frente Popular siendo suspendida de empleo y sueldo. Algunos historiadores ateos que son fans suyos han llegado a decir que sus manifestaciones favorables a la Iglesia Católica y contrarias a la II República realizadas en 1940, eran producto de un trastorno mental…pero lo cierto es que era católica, apostólica y romana, como la flor y nata de la intelectualidad femenina de la Edad de Plata, durante la que se vió obligada como muchas otras a vivir un exilio interior en forma de criptocatolicismo para poder mejor servir a sus compatriotas, conciudadanos, y promocionar el mundo de la mujer desde los sectores anticatólicos entre los que se movió, probablemente gracias a lo cual le dio tiempo a huir del Frente Popular y evitar ser asesinada como su hermano. De ello hablé aquí en ReL. Resulta por todo ello patético por no decir chusco que instituciones como la Fundación Ortega Marañón (FOM) realicen actos en los que los ateos herederos ideológicos del Frente Popular reivindiquen la figura de María de Maeztu o al Lyceum Club como ‘propios’: se contribuye así en mi opinión a un blanqueo historiográfico sin base científica fuertemente ideologizado y directamente conectado con la memoria democrática, al cual dicha fundación ampara frecuentemente.

María de Maeztu jovenarchivo fotografico de barcelona

En su obra "Historia de la cultura europea" María de Maeztu dejó escritas cosas tales como: 

" Sólo la vuelta a la concepción cristiana de las clases puede permitir la coexistencia entre ellas. El origen del mal se remonta a la filosofía medieval nominalista, al final de la Edad Media. Se separó la fe de la razón. Corresponde a la clase burguesa una misión altísima: tiene que servir de enlace, de coordinación entre las otras dos clases. Pero eso no lo conseguirá si no se hace cristiana, católica. Ha surgido el agnosticismo. El hombre ha dejado de creer primero en Dios, luego en sí mismo, después en todo lo creado. Y así la interpretación económica de la historia está cediendo el puesto al viejo imperativo de ‘ Sed perfectos como nuestro Padre celestial’ que nos ordena la realización en la Tierra de todos los valores, de todos, y no sólo de los económicos".

Pero ella pensaba así siempre, desde bien jovencita. En un interesante estudio de Mercedes Montero escribe la autora refiriéndose a la vida en la Residencia de Señoritas: 

María de Maeztu era católica y consta que la mayor parte de las estudiantes acudía a misa los domingos. El testimonio nos ha llegado a través de Matilde Landa Vaz. En 1923 se instaló en la Residencia de Señoritas y quedó escandalizada por la religiosidad de María de Maeztu y de las chicas que allí vivían, de las que dice que, salvando a un pequeño grupo, todas iban a misa. Así escribía a su hermana: "Lo más desagradable que tiene la Resi es ese falso clericalismo que han metido aquí; quitando 5 chicas, todas las demás van a misa, comulgan, etc., con la directora a la cabeza. ¡El Sr. Cossío se quedó asombrado cuando le conté que María de Maeztu iba a misa!". Abundando en la misma dirección, pongamos ahora algún otro ejemplo de socia católica del Lyceum Club además de su fundadora.

Maria Goyri con Ramón Menéndez Pidal, su católico esposo

Asociada al Lyceum Club estuvo María Goyri ( 1873-1954). Esta filóloga y pedagoga, que desarrolló su actividad científica y profesional durante la católica Edad de Plata, trabajó en la Residencia de Señoritas y en el Instituto Escuela de Madrid, contribuyendo decisivamente como pedagoga e investigadora a la ampliación de la educación para las mujeres y a su incorporación al mundo laboral. Se casó con Ramón Menéndez Pidal. Cuenta Antonio Lago Carballo en su artículo‘ La religiosidad de Jimena Menéndez Pidal’ ( Cuenta y Razón, 119) lo siguiente:

‘De Maria Goyri, conferenciante y colaboradora habitual de la residencia, afirma Antonina Rodrigo que iba a misa a las seis de la mañana y nadie en la casa lo advertía, pues era absolutamente reservada en sus asuntos espirituales…’

Otro testimonio al respecto de su religiosidad, esta vez de su propio esposo, es el que recoge Mercedes Montero en ‘ Los primeros pasos hacia la igualdad: mujer y universidad en España. (1910-1936) ( Historia Critica No. 40):

 “…carta de don Ramón al padre Errandonea, amigo suyo desde que se conocieron en Oxford en 1922, en la que le agradece el pésame por la muerte de su esposa, doña María (Goyri): “Ella, de ánimo tan austeramente religioso, sufrió, con ejemplar resignación, la larga enfermedad de crueles padecimientos (…) dejándonos consoladora edificación”.

Ernestina de Champourcin, poetisa de la Generación del 27 del Opus Dei.

También del Lyceum Club fue Ernestina de Champourcín (1905-1999), poeta de la Generación del 27. Nació en el seno de una familia católica que le transmitió la fe, además de darle una exquisita educación con institutrices francesas e inglesas, por lo que desde niña hablaba y escribía con suma perfección el francés, el inglés y el español. Su familia se trasladó cuando ella era muy joven a Madrid, en cuyo Colegio del Sagrado Corazón estudió desde los diez años –religión en la escuela- examinándose como alumna libre en el Instituto Cardenal Cisneros por haber sido preparada por profesores particulares de bachillerato. Dedicó su vida a la poesía. Ya en 1926 publicó “En silencio” y posteriormente “Ahora”, “La voz en el viento” y “Cántico inútil” (1936). Gerardo Diego, poeta católico, seleccionó para su Antología de 1934 los poemas de Ernestina Champourcin, en un gesto insólito para la época y para algunos miembros varones de la Generación del 27 que serían tenidos hoy por progresistas, y que probablemente de haber ellos escrito la antología nunca la hubieran incluido por mujer. Ernestina de Champourcin, una de las cimas poéticas de la denominada poesía pura, siendo secretaria del Lyceum Club conoció en 1930 a Juan José Domenchina, secretario personal de Manuel Azaña, con el que se casó en 1936. Durante la Guerra Civil participó de una obra social fundada por Juan Ramón Jiménez y Zenobia dedicada a los niños huérfanos o abandonados denominada «Protección de Menores». Se fue al exilio acompañando a su marido a Toulouse, París y México, donde sobrevivió trabajando junto a él como traductores del Fondo de Cultura Económica. México fue una de sus etapas más fecundas y felices, allí colaboró en la revista Rueca y publicó “Presencia a oscuras” (1952), un Vía Crucis comentado por ella, “Cárcel de los sentidos” (1960) y “El nombre que me diste” (1960). En México un sacerdote del Opus Dei, párroco de la iglesia de la Santa Veracruz, le preguntó si podía colaborar dando clases a un grupo de mujeres del barrio. Ernestina aceptó explicando además catecismo. Allí entre la pobreza y la miseria comprendió que Dios la llamaba a la santidad; a esforzarse por vivir intensamente el cristianismo según el espíritu del Opus Dei Al cual se incorporó. También Juan José, que murió en 1959, encontró apoyo espiritual, antes de morir, en un sacerdote del Opus Dei. Ernestina contestaba así en una entrevista sobre su presunto feminismo al uso ateo o de género:

Doña Ernestina, le digo, usted era feminista, estaba siempre defendiendo los derechos de las mujeres, es verdad?

No, es una mentira como una casa. Yo feminista en el sentido de que creo que la mujer tiene sus derechos y hay que respetarlos. Pero no he escrito nada feminista, nunca. Yo me he dedicado a la poesía nada más.

Concha Espina, finalista a Premio Nobel,

María de la Concepción Jesusa Basilisa Rodríguez-Espina y García-Tagle, más conocida como Concha Espina (1869 -1955), fue una escritora española finalista al Nobel de Literatura, vinculada también al Lyceum Club. Fue miembro de la Academia de Artes y Letras de Nueva York y de la Hispanic Society, y recibió el Premio Nacional de Literatura (1927), el Premio Cervantes de Novela (1949), la Medalla de Oro al Mérito del Trabajo y la Banda de Alfonso X El Sabio entre otros. Declaró en vida: “Soy católica, y a mi juicio, la Iglesia gana separándose del estado”. Sus últimas palabras, recogidas en el recordatorio de su fallecimiento, en el que se señala que murió tras recibir los santos sacramentos y la bendición papal, fueron “Ahora sí que voy a ver, para no cegar más”.

Nieves González Barrio, pionera católica de la puericultura española varias veces pensionada por la JAE.

Hay más, pero terminamos esta breve exposición refiriéndonos a una científica vinculada al Lyceum Club, y católica practicante como las hasta aquí mencionadas: Nieves González Barrio ( 1884-1961). Como las demás, desarrolló buena parte de su actividad profesional durante la católica Edad de Plata. Fue una pionera de la Medicina en España, con actividad predominante en Pediatría-Puericultura, y promovió la especialización en enfermería. Se licenció y doctoró en medicina, y fue varias veces pensionada por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (JAE), una de ellas al centro católico ‘College of Saint Theresa’ de Winona (EEUU). Aquí  se cuenta al detalle su vida y trayectoria profesional, con detalles complementarios también aquí. Fue un puntal en la Escuela Nacional de Pediatría a las órdenes del científico católico Enrique Suñer y Ordóñez (1878-1941), catedrático de Enfermedades de la Infancia (Pediatría). Ambos fueron depurados con el advenimiento de la II República: ya se depuraba entonces, mucho antes de 1936, algo a lo que el ateísmo del Frente Popular se dedicó con intensidad contra los jueces. Desplegó una infatigable labor docente en tanto que completaba su formación académica, enseñando física, química y fisiología en 1916-1918 en el Instituto/Escuela Internacional de Señoritas. Colaboró en 1917-1918 en la Sección de Ciencias Naturales, Fisiología, Higiene y Agricultura del Instituto Escuela, sección que dirigía el catedrático Ignacio Bolívar y Urrutia (1850-1944).

De esta mujer se dice todo menos que fue una católica convencida. González Barrio fue de las primeras mujeres en residir en la Residencia de Señoritas. Formó parte como vicepresidenta primera de la Asociación de la Escuela del Hogar de Segovia, embebida en la acción social católica de la época

Escribió un libro sobre enfermería, muy innovador en su momento, ‘ Organización y reglamentación del Cuerpo e Institución de enfermeras visitadoras y acción cultural de las mismas’ que recibió el Premio Roel de la Sociedad Española de Higiene, en el que decía refiriéndose a los inicios dela enfermería como fuente de inspiración cosas tales como:

‘El cuidado de los enfermos ha debido ser una misión femenina desde los tiempos más remotos. Santa Isabel de HungríaSanta Catalina de Siena ofrecía análogos auxilios en favor de los pobres entre 1547 y 1380. Pero Ia necesidad de organizar estos servicios femeninos en forma de institución fué sentida por primera vez en 1653 por San Vicente de Paúl, que fundó la tan venerada Orden de Hijas de la Caridad…Había visto San Vicente que abundaban las damas caritativas deseosas de ayudar a los enfermos material y espiritualmente, y en 1617 organizó todos estos esfuerzos en una Cofradía de la Caridad…San Vicente las quería libres, dispuestas siempre a abandonarlo todo, los más dulces ejercicios piadosos, la oración, y aun la Santa Comunión, por el servicio de los pobres…'

Más adelante, refiriéndose a los inicios de la enfermería laica en la que tan relevane fue su actividad comenta:

La escuela se llamó de Santa Isabel de Hungría, y se instaló en el instituto que llevaba el nombre de su fundador (Federico Rubio). Por cierto que la ausencia de Hermanas de la Caridad proporcionó al Dr. Rubio no pocos disgustos, pues se creía que en un país profundamente católico como el nuestro , no debería·funcionar·un hospital con tendencias laicas, y, · sin embargo, el mismo D. Federico había dicho: «Hospital sin reIigión es fuente seca delante del sediento», y no se olvidó de dotar a su Instituto con una preciosa capilla , servida por su correspondiente capellán.

En entrevista personal llegó a decir:

Estoy soltera. La Providencia no puso en mi camino un hombre que hubiera sabido hacerme creer que estaba muerto por mis pedazos. ¿ Falta de sex apeal? ¿Influencia del medio hostil en que pasé mi juventud? Quizá si alguno hubiera llamado seriamente a mi corazón habría sabido corresponder. Creo que hubiera sido buena ama de casa y excelente madre. ¿Mi opinión sobre el feminismo? Creo que la mujer tiene tanto derecho como el hombre a ser feliz y la felicidad puede encontrarse en el trabajo y la salud, que viene a ser su consecuencia.

Todo lo aquí contado pone de manifiesto que el propósito lanzado por la organización del centenario del Lyceum Club de relatar sobre el mismo una historia completa no es verdad, y el planteamiento que se nos ofrece no es científico al ser precisamente incompleto, ya que nada se dice de la participación de la Iglesia Católica a través de sus insignes miembros. El sesgo ideológico es atroz. Todo lo relacionado con el centenaria más parece un nuevo acto de blanqueamiento del ateísmo que los actuales herederos ideológicos del Frente Popular orquestan para ocultar lo que realmente hicieron entonces sus ancestros y el nimio papel que jugaron estos en las gestas del fomento del Regeneracionismo durante la Edad de Plata.

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