Pep Borrell, «¿un San Valentín del siglo XXI?»: lo que vimos desde dentro en su última conferencia
ReL asiste a una de las macro charlas sobre pareja de este dentista catalán:
«Cuando los jóvenes están dispuestos a comprometerse, amar y perdonar»
En la última semana fueron a escuchar a Pep unas dos mil personas.
Hakuna, Llamados, El Despertar... y, ahora, las multitudinarias charlas para parejas del odontólogo catalán y padre de familia Pep Borrell Vilanova (1963). ¿Hay un "giro"'?... no lo sabemos, pero está claro que el músculo católico funciona a pleno rendimiento. Los laicos ya no se resignan, y la fe vuelve a percibirse como necesaria, de lo que sentirse orgullosos, muy orgullosos.
Madrid, en un jueves casi víspera de San Valentín. Las interminables lluvias de un invierno que se esperaba "más bien seco" dan un respiro a la capital. En la Ciudad Universitaria, entre colegios mayores y centros de estudios varios, está el Espacio Pablo VI. En la puerta, decenas de jóvenes, y no tan jóvenes, hacen tiempo para abarrotar hasta la bandera las cerca de 700 localidades disponibles.
Muchos, los primeros, van de la mano porque son pareja, otros, los segundos, en cambio, van todavía en grupitos, y sueñan, un día, con ir como los primeros. Se conocen de la parroquia, del barrio o de la universidad. También los hay desperdigados, que llevan tiempo escuchando "al Pep" por Instagram y les apetecía mucho conocerlo.
En la puerta, un puñado de jóvenes de Moncloa Talks –los que organizan el acto– verifican que todos tengamos nuestro código QR. Aunque, eso sí, hay dos filas, una para los que venimos de oyentes... y otra para, diríamos, "pretendientes", para los que, al terminar la charla, lo celebren en un sala de fiesta. Atravesada la frontera, sobre unas mesas, pilas enormes de libros de Pep Borrell: Novios 100% o Bailar en la cocina –que es más para matrimonios... o para adelantar materia, qué sé yo–.
Entre el amor y el sentimiento
La sala se va llenando y aprovecho para discurrir dónde podría estar Pep en estos momentos. Subo el escenario y un gentil hombre me conduce a un reservado que hay a la izquierda. Al llegar, una decena de jóvenes conversa –o quizá recen, para que salga todo bien, no lo sé– con Pep y con la que es su mujer desde hace treinta y seis años, Mercè, madre de sus cinco hijos, gran sostén de la familia, y a la que siempre que puede, el dentista, le dedica sus palabras más bonitas.
Unos 700 asistentes abarrotaron el Espacio Pablo VI de Madrid.
La charla está a punto de empezar, no hay una butaca vacía, hasta en las escaleras hay jóvenes sentados, esto va camino de fenómeno. Clara y Ramiro aprovechan los últimos minutos de descuento para hacerse unas cuantas carantoñas. Se conocieron en Madrid, en el coro de la parroquia, y llevan cinco años como novios –como mínimo, porque lo dejaron por el camino, y, en total, puede que fueran más–. Están muy contentos de haber venido, ella conoce a Pep "de los vídeos que subía a redes en pandemia"... y quería que su novio pudiera verlo.
"Venimos a escuchar las bases de lo que debe ser una pareja cristiana", comenta Ramiro. Mientras, Clara, confiesa que tiene a una amiga, muy amiga, que pertenece a las seis parejas de comprometidos que han salido ya de los recurrentes post para "solteros católicos" que suele subir Pep en Instagram (pero... ¿eso no lo haría el mismo San Valentín si viviera hoy?).
En el escenario, como una columna trajana –de lo alto que es–, aparece "el odontólogo catalán de las famosas charlas para novios". "Hay gente que se sube al tren en dirección a Bilbao y quiere ir a Sevilla. A muchos se les llena la boca de que quieren un matrimonio 'como el de sus padres', o 'como el de sus abuelos', 'un matrimonio para siempre', pero no viven en consecuencia", comienza diciendo sin anestesia, como suele hablar, por otro lado, siempre que está fuera de la consulta.
"A diferencia de los animales, los hombres y las mujeres somos totalmente libres. Podemos hacer lo que nos dé la gana. Podemos ir contra el Creador, de hecho, vamos siempre. Podemos ir contra nosotros mismos. Somos totalmente libres... Por eso, cuando empiezas a sentir algo por otra chica... la sociedad te dice: 'tú, siente, siente, siente... que el amor es sentir y, cuando no sientas, a por otra'", comenta Borrell.
Las parejas escuchaban entusiasmadas desde las escaleras.
El silencio llama mucho la atención, sobre todo, al tomar conciencia de que en el patio de butacas hay un ejército de jóvenes, en edad universitaria, que entrecorta su respiración mientras escucha frases convertidas en misiles que van directos a la línea de flotación de una sociedad posmoderna. A la par, las manos de los enamorados, entrelazadas, se aprietan cada vez más, con más fuerza y sin darse cuenta, como el piloto de Fórmula Uno que coge las curvas a 300 km por hora.
«A muchos se les llena la boca de que quieren un matrimonio 'como el de sus padres' pero no viven en consecuencia»
"No neguemos nunca un café a nadie porque de entrada el físico no nos guste. Hay muchas cosas que hacen a una persona atractiva, pero hay dos que son especialmente importantes: ser auténtico y ser servicial. Hay que ser auténtico en el noviazgo. La cruz que llevas en el pecho... ¡que se vea!, la medalla... ¡que se vea!, y si a él o a ella no le gusta, pues está claro con quién no es", grita Borrel, apasionado, desde el escenario.
Para continuar desenvainando la espada contra los dogmas de una sociedad sin Dios que ya no se sostiene: "Los jueves y los viernes, antes de salir de fiesta, hay muchos chicos y chicas que se dicen ante el espejo: 'hoy me voy acostar –utiliza una palabra más fuerte– con alguien, sí o sí'. Pero, en cambio, nadie podrá decir 'hoy me voy a enamorar'. El enamoramiento es un regalo".
Y, añade: "Pero, cuidado, el enamoramiento es como ver un bizcocho dentro del horno, parece fantástico, increíble, pero no te lo puedes comer, porque está crudo, se está esponjando. Hay que esperarse, hay que parar el horno, sacar el bizcocho y cuando haga "bluuu", entonces te lo puedes empezar a comer. El enamoramiento 'te debe dejar ver desde el principio lo que debe ser el final'", comenta Pep, parafraseando a Manglano, sí, el de Hakuna.
Los más jóvenes se mostraron entusiasmados con el mensaje de Pep.
Como si las butacas se desplazaran por momentos, todo va cogiendo cada vez más velocidad. "El enamoramiento pasado por la cabeza es el que se convierte en amor. Y el amor es la voluntad de amar. Y, por eso, los que nos casamos por la Iglesia podemos decir la barbaridad que decimos. Es de locos, de locos de amor: 'yo te voy a querer, pase lo que pase, toda la vida, en la salud y en la enfermedad, en la prosperidad y en la adversidad', y habiendo dicho que vengo libremente, ¡de locos!".
"Y, entonces, si yo me caso con alguien, pase lo que pase... ¿¿¿qué tengo que probar??? Si le digo a otra persona, delante de Dios, 'te voy a querer, pase lo que pase'... y 'pase lo que pase' no quiere decir una pierna rota, 'pase lo que pase' puede ser un accidente de tráfico, la cara desfigurada, vegetal... ¡estamos locos! Lo decimos porque nosotros nos podemos comprometer a amar, pero no nos podemos comprometer a sentir", dobla la apuesta Pep.
"Porque, no nos casamos porque nos amamos, nos casamos para amarnos. La boda no es el objetivo, la boda es el inicio. Lo que tenemos que hacer es conocernos a fondo y saber con quién estoy dispuesto a compartir mi vida y ser una sola carne", aconseja ante un auditorio de jóvenes totalmente entregados, por cierto, los mismos "zetas" que luego, muchos dicen, que no se enteran de nada.
Para llegar al sumun de lo que podría ser el discurso más disparatadamente contracultural, Pep, dice: "Y, como es algo tan grande, le tenemos que dar una visión sobrenatural al tema. Todo esto no lo podemos hacer nosotros solos, pero sí con Dios y con la ayuda de la Gracia, que recibiremos en el sacramento del matrimonio y cada vez que tengamos una relación sexual con nuestra mujer. Es una pasada. Darle una visión sobrenatural al sexo es una pasada. Es que, fijaos... cuando nos unimos en una relación sexual somos imagen de Dios. ¡Uno y trino! ¡Hombre y mujer! ¡Es guapo, pero guapoooo, ¿eh?!", se maravilla, casi como un adolescente, Borrell desde el escenario.
"Y, entonces, yo me pregunto, ¿por qué hay tanta gente que tiene relaciones sexuales con personas que conocen menos que al repartidor? Porque el mundo te dice que una cosa es el sexo y otra el amor, que son distintos. Una cosa es el cuerpo y otra es el ser, nos dicen. Y eso es mentira, porque no podemos separar el cuerpo del alma", sentencia Pep, en un arrebato de lo que podría ser el cuento del rey desnudo... tenía que decirse, y se dijo.
La casi hora y media larga de charla va llegando a su fin y Pep decide, entonces, dar una serie de consejos antes de marchar. Que el noviazgo "ha de hacernos mejores personas", que es muy importante rezar en pareja, ah, y que "los noviazgos o son para casarse o son para dejarlos" pero no para especular. Y termina dejando dos importantes deberes: lo primero, leer Mateo 7, 13-14 (búsquenla) y, luego, dar las gracias a todas esas parejas cercanas a las que siempre hemos visto quererse.
Termina un evento más de la enorme gira de Pep por diferentes auditorios, salas, paraninfos o salones parroquiales de España –y del extranjero– y, en su Instagram, recibe este mensaje:
Hola Pep! Ayer acudí a tu charla en Moncloa, yo sola, tengo 28 años. Me emocioné mucho en algunas partes. Yo soy de las que siente que ya llega tarde a todo, nunca me explicaron nada de esto que cuentas, no tengo abuelos, ni tíos, nunca vi un matrimonio feliz, aún hoy en día no me creo que yo pueda tener algo así, pero trabajo en ello cada día. Quería darte las gracias a ti y a tu mujer como ejemplo de buen matrimonio! Ojalá haberme cruzado contigo y estas charlas tan bonitas con 18, 20, 23 años, mucho hubiera cambiado, pero bueno aquí estoy, con el corazón dispuesto. Gloria!