Miércoles, 17 de abril de 2024

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¿Qué prefieres?

¿Qué prefieres?

por Una fe con chispa

¿QUÉ PREFIERES?

Ser sincero no es decir todo lo que se piensa,
 sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa.
-André Maurois-

          Hablaban tranquilamente dos amigos cuando uno le preguntó al otro:

         —¿Qué te ha parecido mi novia?

         —¿Qué prefieres, que te diga la verdad o que sigamos siendo amigos?

         Ni podemos ni debemos decir nada que no sea verdad, por supuesto; pero no tenemos por qué decir toda la verdad si con ella faltamos a la caridad. Tenemos que decir la verdad, guardar la verdad y vivir la verdad, pero siempre con caridad.

         De esta cosas sabía mucho S. Francisco de Sales. «La verdad —decía— que no es caritativa, procede de una caridad que no es verdadera». Sentencia segura por cierto, y digna de apreciarse y meditarse atentamente.

            Y aseveraba: «Es, pues, evidente prueba de que la caridad del corazón no es verdadera, el proferir la lengua palabras que, aunque en sí sean de verdad, no van sazonadas con la sal de la caridad».

         Evidentemente, más vale callar una verdad que decirla mal y de mala manera. Lo contrario sería como presentar una buena comida, pero mal condimentada, y aplicar una medicina fuera de tiempo y sazón. Pero ¿esto no será aprisionar injustamente la verdad? No, porque la verdadera justicia de la verdad, y la verdad de la justicia, consiste en la caridad: y así en faltando esta, mejor es un silencio juicioso y prudente, que una verdad desnuda de caridad.

            Era muy gráfico S. Francisco en su predicaciones y solía decir continuamente que las ensaladas para estar buenas deben tener más aceite que vinagre y sal.

          Otra de sus memorables sentencias sobre este asunto, era esta: «Sed siempre lo más suave y dulce que pudiereis, y acordaos que más moscas se cogen con una cucharada de miel, que con cien barriles de vinagre. Si se ha de faltar por algún extremo, sea por el de la dulzura; pues nunca por mucho azúcar se echa a perder la salsa».

          La caridad debe ser compañera inseparable de toda palabra, de toda acción y de toda omisión de un cristiano.

         La caridad debe ser la carta de presentación de la sinceridad, porque ser sincero no significa ser cáustico. Tenemos que educarnos en decir verdades con dulzura, lo cual implica un gran domino de sí, porque lo más cómodo es dar la coz y quedarnos tan anchos.

         ¿Sinceridad o amistad? Las dos cosas, siempre que una sincera caridad genere nuestras palabras.

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