Jueves, 01 de octubre de 2020

Religión en Libertad

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¡Vamos para el cielo!

por Sólo Dios basta

Hace ya unos años que terminé los estudios de teología, bueno sí, pero no. Me explico. Lo que lo que son los estudios eclesiásticos, la carrera de teología, la acabé en el año 2007, pero luego he seguido en el ambiente académico pero no ya desde el lado dogmático sino espiritual. La carrera de teología tiene su fundamento en el estudio de la teología dogmática que explica los grandes misterios de la fe: Trinidad, Cristología, Eclesiología (estudio de la Iglesia), Mariología, etc. También tiene gran importancia la Sagrada Escritura, Moral y Sacramentos; pero hay otras ramas entre las que se pasa un poco de puntillas sin apenas profundizar como es la teología espiritual, la teología del Espíritu, la que da luz y vida a toda la teología en general. Una vez finalizada la carrera y hecho la profesión religiosa mis superiores me invitan a continuar con el estudio, ahora de modo más directo sobre lo que fundamenta la vida de todo carmelita descalzo: ¡la espiritualidad carmelitana! ¡Qué regalo más grande para un hijo de Santa Teresa!

Me meto de lleno en el tema, primero investigo, leo y entresaco la esencia del carisma teresiano que queda recogido en las cartas que Santa Teresa de Jesús escribe a una de sus hijas más queridas, María de San José, y cómo ésta lo transmite a su vez con sus propios Escritos espirituales. Es meterse en la vida y pensamiento de los que nos enseñan la grandeza de Dios sin rodeos ni palabras complejas, sino con su propia vida. Leer a Santa Teresa de Jesús o a María de San José es descubrir el amor de Dios por todos los rincones de sus obras escritas que antes han pasado por el fuego que arde en su corazón. La lectura de estos textos me conduce con gozo a leer a otros grandes autores místicos que nos desgranan la preciosa experiencia de Dios en sus vidas y nos la dejan por escrito para que nosotros nos metamos como ellos en Dios. Disfruto muchísimo leyendo a mi ritmo a hermanos míos del Carmelo Descalzo como por ejemplo San Juan de la Cruz, Ana de San Bartolomé, Jerónimo Gracián de la Madre de Dios, Cecilia del Nacimiento, María Antonia de Jesús, Sor Isabel de la Trinidad, Santa Teresita, Edith Stein, María Eugenio del Niño Jesús, Cándida de la Eucaristía y unos cuantos más. También me acerco a otras grandes atalayas que voy conociendo al introducirme con gran alegría en este mundo tan lleno de vida: San Juan de Ávila, fr. Luis de León, San Ignacio de Loyola,  fr. Luis de Granada, Madre Ágreda  y otros tantos maestros de la vida espiritual del siglo de oro español. Una vez que te dejas llenar por estos gigantes de la experiencia mística ya no quieres leer otras obras porque cuanto más lees, más y mejor conoces a Dios y su esencia que es el amor. El amor que se derrama de tantas maneras como hijos de Dios hay en la historia de la humanidad y nada se repite, todo es diferente, todo es complementario, todo es fuente de vida para gozar en Dios.

Pasa un tiempo en que me recreo en todas estas lecturas  hasta que llega la ordenación sacerdotal y comienzo otro tipo de encuentro con Dios. Con todo lo leído y lo que sigo leyendo es hora de dar cuerpo a lo que experimento desde que comienzo esta aventura. Poner por escrito eso que vivo, que siento y que se puede demostrar en cualquiera de ellos, pero me centro y escojo un caso concreto como es el de Santa Teresa de Jesús. La vida espiritual, la experiencia mística, el paso del Espíritu Santo por todos estos autores espirituales y tantos otros es un medio maravilloso, único y luminoso para ver con toda nitidez que la experiencia mística es luz y vida para la teología dogmática. ¡Eso es! Y así titulo el estudio de la tesis doctoral: La experiencia mística de Santa Teresa de Jesús: luz y vida para la teología dogmática. Horas de búsqueda de libros y artículos de revistas, de lectura, de sacar notas, de redactar el texto de cada capítulo, de  añadir notas a pie de página para completar información, de hablar con varios frailes, de corregir lo que me decían, de retocar todo para dar fin al estudio. Muchas horas, sí, no sé cuántas, pero desde luego han sido horas donde Dios ha estado presente para demostrar que es bueno, necesario y enriquecedor que la teología dogmática se deje iluminar y dar vida por la experiencia mística; y así los libros de teología no sean tan fríos, secos y duros de leer porque tienen el calor, la frescura y delicadeza de una experiencia personal de Dios que hace ver todo de un modo mucho más vivo y atractivo y lo que es más, mucho más fácil de entender y aplicar para la vida diaria.

Así es como toma cuerpo la tesis que se divide en tres partes. La primera se centra en presentar la relación espiritual que mantiene Santa Teresa con todos los hombres de letras y de vida espiritual que ella cita en sus escritos y la descripción que hace de su estado espiritual al final de su vida. En la segunda parte se afronta el juicio de los teólogos que leen sus escritos y aportan su parecer, después el valor de las obras en su conjunto, también algunas declaraciones en los Procesos de beatificación cuando hablan de sus libros y algunos testimonios especiales que siguen demostrando la grandeza de la experiencia mística de Santa Teresa de Jesús. Por último llega el capítulo central y que es la esencia del estudio: la presentación de las censuras y correcciones manuscritas que hay en los libros autógrafos de la Madre Teresa. Libro a libro y página a página aparecen todas las censuras, correcciones y anotaciones; luego la agrupación por temas (oración, unión con Dios, encuentro con Cristo, pecado, vida mística, concepto de la persona humana y doctrina) y por último las causas de las mismas (petición de la propia autora, condición de la mujer, realidad de la Iglesia, Inquisición, protestantismo, alumbrados, Sagrada Escritura, Concilio de Trento y relación teología-experiencia mística). Con todo lo que se analiza en el estudio sin duda alguna vemos que la Santa de Castilla busca siempre la Verdad, no contradice  lo que la Iglesia propone y demuestra que la unión entre la teología y la experiencia mística es posible.  ¡Son compatibles, complementarias y necesarias!

A pesar de todo hay todavía algunos que ni ven, ni aceptan ni quieren reconocer que mientras no se unan la teología dogmática y la experiencia viva de Dios perdemos mucho. El que entra en la vida del Espíritu comprueba que todo cambia y se deja llevar por Él. El que se cierra en el concepto teológico y no se abre a la gracia de Dios no llegará nunca a saborear y conocer en más profundidad las maravillas que Dios obra en los hombres. Y por eso, si alguno se anima a conocer con detalle este tema tan actual y debatido, invito a la lectura de este libro: La experiencia mística de Santa Teresa de Jesús (https://www.santosochoa.es ). Una obra de muchas horas de trabajo puestas a la luz de Dios y de Santa Teresa de Jesús.

Todavía se puede añadir algo más al poder ver al fin publicado un libro tan querido y tan esperado: compartir con todos la alegría inmensa que llena al autor. Más aún cuando uno se encuentra en esos mismos días en que el libro empieza a ser difundido un canto que te llena de satisfacción y que describe que todo lo que hacemos no es sino caminar hacia el cielo. Porque si lo que llevamos adelante no es para este fin no sirve para nada. Y encima que esto lo cante un joven de 18 años con toda la ilusión que se tiene en esa etapa de la vida, cuando uno empieza a estudiar una carrera para preparar su futuro y dejar que Dios entre en este proceso para ser uno más, y dar luz y vida a tu propia existencia y a la de todos los que viven contigo, es algo que confirma una vez más que Dios tiene todo preparado. Porque si no a cuenta de qué viene que de repente, sin buscarlo, ni esperarlo ni siquiera sin saber que existía, me encuentre una tarde con Juan Ayuso, un joven de Madrid que pone música a lo que vive por dentro para expresar lo mismo que lo que dicen los místicos y lo que he querido demostrar en un libro: que no sabemos vivir, que no pensamos en Dios, que perdemos el sentido de existir, que no sabemos quiénes somos, que perdemos la fe, que no encontramos ni camino ni dirección, que no entendemos el motivo de la creación, que no podemos sentir el pecho arder, que ya no quema, si no volvemos a buscar lo que nunca se perdió: ¡el amor! ¡Entonces ya no hay miedo!, ¡sólo en Dios creemos!, ¡volvemos a acercarnos a Dios!, ¡sentimos que hay una razón!, ¡volvemos a buscar el Amor y poder decir a pleno pulmón que es tu Corazón el refugio más seguro donde queremos estar! ¡y que vamos para el cielo!

Cuando leemos a los místicos, cuando estudiamos teología o cuando cantamos lo que arde en nuestro corazón nos acercarnos de verdad al cielo: ¡Acogemos la gracia divina!, ¡La hacemos vida en nosotros! ¡Y la compartimos con todos dando gloria y alabanza a Dios! ¡Vamos para el cielo!

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