Sandro Magister es uno de los más prestigiosos vaticanistas. En vísperas de la visita de Benedicto XVI a Santiago de Compostela y Barcelona, Magister analizó para este diario las claves de su pontificado.

Sandro Magister, teólogo, casado y padre de dos hijas, lleva 40 años siguiendo la actualidad católica. Vaticanista del semanario L´Espresso, fundó hace diez años el sitio www.chiesa.com –en inglés, español, francés e italiano–. Recibe más de 100.000 visitas al mes, 4.000 desde España. Magister destaca los éxitos del Papa en el diálogo ecuménico, sobre todo con la Iglesia ortodoxa.

-¿Qué le ha sorprendido de este Papa?
-La simplicidad extrema con que expone su visión. Es un Papa que lo ha fundado todo sobre la palabra. El libro es una modalidad importante porque le permite llegar directamente, sin intermediarios, al público, y ser entendido en su plenitud. Cuando habla en las homilías, los presentes lo escuchan, pero los lejanos no. Les llega sólo algún fragmento reducido. Ha sido un Papa que ha sabido hacer llegar sus mensajes.

-Un éxito, pues.
-Yo creo que sí. La sorpresa está en que este Papa es mucho más apreciado y mejor comprendido por la gente sencilla que por los intelectuales. Es un Papa que respecto a la opinión pública alta, la que domina los medios de comunicación, está sujeto a fuertes críticas. Pero en realidad no las comparte el gran público. Un Papa teólogo, aparentemente difícil, es mucho mejor entendido, en su sustancia, por el público sencillo.

-¿En qué se basa para decirlo?
-En algunos elementos bastante visibles. Todos sus viajes, por ejemplo, van precedidos de polémicas muy ásperas que lo golpean incluso personalmente y que cada vez hacen prever un fracaso del viaje. Pero siempre ha sucedido lo contrario. Desde el primer momento registra una atención, un respeto y una popularidad entre el gran público muy sorprendente. El viaje al Reino Unido fue clamoroso.

-¿Cuál es el estado de salud del catolicismo?
-No es particularmente espléndido. Este Papa lo conoce muy bien. Hay pocas personas en el mundo que tengan de la Iglesia una percepción tan directa y analítica. Joseph Ratzinger, antes de ser Papa, trabajó durante dos decenios en la curia vaticana, donde recibía y escuchaba a todos los obispos que venían de visita. Ellos veían al Papa, pero con él tenían una relación de saludos y poco más. Pero antes o después pasaban siempre por el cardinal Ratzinger. Él escuchaba de cada obispo, de los cinco mil que hay en el mundo, una diagnosis sobre su propia diócesis. Por tanto tiene un cuadro extraordinariamente preciso del estado de salud general de la Iglesia en todos los países. Como Papa, usa este conocimiento y se nota.

-Europa es una preocupación fundamental...
-Cierto, en gran medida sí. Este Papa es consciente del declive del cristianismo justamente en el continente que durante siglos lo tuvo como fenómeno extraordinario y capaz de modelar la misma Europa. Por ello uno de los objetivos de este Papa es concienciar a Europa de esa identidad cristiana que amenaza con desaparecer. Otro elemento a destacar es que Benedicto XVI está convencido de que la Iglesia, más que dar órdenes, de buscar modificaciones institucionales, necesita una reeducación, reconstruir una propia cultura. Él es consciente de que eso no puede darse con rapidez, y menos con órdenes. Puede llegar con una insistente, continua y metódica enseñanza, que se dirige en particular al clero. Ratzinger está convencido de que los curas católicos deben someterse a una especie de renacimiento espiritual. Insiste mucho en la purificación. El problema de la pederastia, por ejemplo, lo ha visto como una prueba de que la Iglesia necesita purificación y renovación espiritual.

-El Papa tiene ya 83 años. ¿Es un Papa de transición?
-Yo no le veo como un Papa de transición. Ya por el mismo modo en que fue elegido, no podía ser un Papa de transición. Un Papa que fue elegido en el cuarto escrutinio, con una mayoría clarísima desde el inicio del cónclave, es un Papa querido, querido por lo que es y lo que representa, no un Papa transitorio.

-Pero no es un Papa joven...
-No, pero curiosamente, a pesar de su edad avanzada, en los medios de comunicación mundiales no hay muchas elucubraciones sobre un sucesor. No hay continuas quinielas de papables. No se vive como si se estuviera en la vigilia de un cónclave. Se debe, sobre todo. a la buena salud que demuestra. Y por la regularidad increíble con que procede. No parece un Papa a punto de irse.

-¿Piensa que el próximo seguirá su misma tendencia?
-Yo creo que sí. Hoy en la Iglesia no existe ningún proyecto alternativo. Ni siquiera personas que lo encarnen. Tampoco existía cuando fue elegido. Los proyectos alternativos eran increíblemente débiles. Si por alternativo se podía entender el proyecto asociado al cardenal Carlo Maria Martini, por lo que se sabe obtuvo menos de diez votos. No existía el proyecto alternativo. Y menos aún ahora. Este Papa encuentra resistencias que son desordenadas y confusas, pero que no encarnan un proyecto. No existe un plan B. Existe sólo lo que está haciendo este Papa, con su fuerza. Y no se puede olvidar que este Papa puede durar, como duró muchos años un Papa elegido en edad avanzada como León XIII, que murió a los 92 años. Fue un pontificado muy largo y muy rico en iniciativas.