Rebeca Bitrus es una de las miles de víctimas del grupo terrorista islámico Boko Haram. Esta joven de 29 años estuvo dos años a merced de los yihadistas siendo objeto de violaciones y palizas constantes, sufriendo todo tipo de abusos y realizando trabajos forzados. Otras chicas secuestradas como ella le recomendaban que se convirtiera al islam para poder sobrevivir pero ella nunca accedió a lo que los yihadistas más deseaban. Nunca apostató de su fe, más bien se reafirmó en su fe cristiana.

Rebeca ha participado en la presentación de la campaña de Ayuda a la Iglesia Necesitada “Libres ante el terror”, que tiene como fin apoyar a las víctimas de este grupo terrorista en el norte de Nigeria. El testimonio de Rebeca, que recoge la fundación, muestra perfectamente la ayuda que necesitan los cristianos de aquella zona:

Dos años secuestrada por Boko Haram
Estuvo dos años secuestrada por Boko Haram.  Huyó de su casa en Baga en el norte del país cuando llegaron los terroristas junto a su marido Bitrus y sus dos hijos (Zacarías de tres años y Jonatán de uno). Entonces, estaba embarazada de su tercer niño. Corrían juntos en su huida, pero ella no podían seguir el ritmo.  El matrimonio decidió que se tenían que separar porque Boko Haram asesina a los hombres y a las mujeres las secuestra. Bitrus salió en estampida y Rebeca fue alcanzada por los terroristas junto a sus hijos.


Rebeca, junto a su marido y sus hijos. Cristóbal, el más pequeño, es fruto de la violación de un terrorista

La llevaron junto al resto de mujeres cristianas de Maiduguri a un campo de entrenamiento. Allí tenían que trabajar de sol a sol y se convertían en esclavas sexuales de los terroristas.

Rebeca se negó radicalmente a entregar su cuerpo y a renegar de su Señor Jesucristo. Esto le costó que le rompieran las muelas por las palizas a las que fue sometida. Así un mes, dos, tres… un año y hasta dos años que duró su secuestro. Perdió al hijo que esperaba.


La presión física y psicológica a la que la sometieron los terroristas fue enorme. Le obligaban a renegar de Jesús y a recitar el Corán cinco veces al día. Cada vez que se inclinaba de rodillas hacia La Meca, ella en oraba en su interior: “En el nombre de Jesús”; “Te quiero, Señor Jesús”.

La forzaban a rezar el rosario musulmán y en cada cuenta ella repetía un Avemaría a la Virgen. No lograron someterla. Los hombres de Boko Haram le obligaban a tener relaciones y como se resistía con todas sus fuerzas, le arrebataron a su hijo menor,  Jonatán, y lo lanzaron al lago Chad donde murió ahogado.


Bautizo de Cristóbal, con la presencia de dos obispos,entre ellos monseñor Doeme

Rota de dolor, se veía viuda, con el vacío de haber perdido un hijo y con la noticia del asesinato de mayor. Sin embargo, su fe la mantuvo insobornable e inquebrantable. En pie. Libre.


Finalmente, Rebeca fue violada y se quedó embarazada de un terrorista. Y dió a luz sola al hijo de un miliciano de Boko Haram. Aunque resistía a ese infierno, ella quería huir y un día vió la posibilidad de escapar. Salió corriendo con su hijo y el recién nacido. Estuvo semanas perdida, desorientada y sin comida. Logró llegar al pueblo y se reencontró con su marido.

Gracias a su comunidad y a la iglesia local, el matrimonio ha podido hacer un camino y volver a unirse. Su marido, Bitrus ha logrado aceptar al hijo que nació de la violación de Rebeca. Ahora viven en un pobre campo de desplazados en Maiduguri junto a otras 25 familias.

"He perdonado a los terroristas", afirma convencida Rebeca.