Brett Carter se ha bautizado con 32 años en esta reciente Vigilia de Pascua en la catedral de la diócesis de Little Rock, en Estados Unidos. Su camino hacia la fe fue complicado y especialmente asombroso al desencadenarse gracias a una famosa película grosera y blasfema de 1999 titulada “Dogma” que sin embargo a él le acercó a Dios. Lo explica en el Arkansas Catholic.

Una familia que no iba a la iglesia
Brett nació en una familia que no iba a la iglesia. Su padre era metodista, su madre era de familia pentecostal, de las Asambleas de Dios. Pero al casarse dejaron de ir a cualquiera de estas congregaciones.

Su madre colaboraba como asesora en un campamento de verano infantil pentecostal. Brett acudió muchos veranos a ese campamento donde había oración, y en su infancia creía en Dios, aunque nunca recibió una formación religiosa real.

El problema del mal: ateísmo de adolescencia
Al llegar la adolescencia, el problema del mal en el mundo (la pobreza, el hambre, etc…) le llevó a pensar que Dios no existía. Se declaró a sí mismo que era ateo.

Con 17 años, se sentó a ver “Dogma”, una película irreverente y más bien grosera, sobre dos ángeles (interpretados por Ben Affleck y Matt Damon) que han sido castigados y expulsados a la Tierra y quieren “colarse” de nuevo en el Cielo aprovechando un jubileo católico.

La película se ríe de los cristianos y el cristianismo. “Me senté a verla con toda mi gloria atea, pensando que sería entretenida”, recuerda Brett.



Un cartel y una escena de la película de 1999 Dogma

Pero en cierto momento el personaje de Matt Damon explica que él está en contra de destruir a los humanos, y explica que Dios los ha bendecido, que les ha dado libre albedrío aunque ellos destruyeron el Paraíso y aunque ni siquiera respeten al Creador.

“Lo sentí como un momento en que Dios me hablaba a través de la mayor forma de blasfemia que había visto en mi vida; eso es lo que lo cambió todo para mí”, explica Brett.

Decidió darle una oportunidad a ese Dios que había creado al hombre libre y le toleraba y perdonaba continuamente.

En la Iglesia Metodista
Con su novia de instituto, Elizabeth, empezó a ir a una iglesia metodista y a su grupo de jóvenes, y se casaron en 2005.

Curiosamente, Brett estaba sin bautizar y de hecho el pastor metodista no parecía tener ninguna gana de bautizarlo. Pero acudían a la iglesia y hasta dirigían un coro musical de chicas jovencitas.

“Hoy considero que ir a la iglesia metodista fue como una antesala buena para el catolicismo. No lo digo con condescendencia, pero en muchos sentidos el metodismo es como un catolicismo amateur, la estructura de un servicio metodista sigue casi punto por punto uno católico”, explica, contrastándolo con la falta de liturgia y estructura de las oraciones pentecostales en Asambleas de Dios.

Le gustaban, por ejemplo, los sermones que relacionaban la lectura bíblica con la vivencia cotidiana.



Otra escena de la película que se burlaba de la Iglesia en vísperas del Jubileo del 2000... pero que acercó a la fe a Brett

Primera pregunta católica: la salvación de los paganos
En cierta ocasión, acompañó a su mujer a visitar a un cura en la catedral católica para un trabajo que estaba preparando para sus estudios. Elizabeth preguntó al cura qué pensaba el catolicismo acerca de la gente en lugares remotos que no conocía a Jesús: ¿irían esas personas al infierno?

“No, en absoluto”, respondió el sacerdote. “Creemos que las personas que han llevado una buena vida y han intentado servir a los demás tienen las mismas posibilidades de ir al Cielo que alguien que ha nacido y se ha criado en la fe católica”, respondió el cura.

Aunque no sea una respuesta de Catecismo, a Carter le gustó porque “muestra mucho respeto por otros credos”.

[Una respuesta más exacta sería: "Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la Gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia pueden conseguir la salvación eterna" - Catecismo de la Iglesia Católica 847- Lumen Gentium 16]


Su experiencia en la misa católica
En la víspera de Año Nuevo del 2013 se comprometió a entrar en la Iglesia Católica. “Fui a misa y me sentí como en casa. Ves mucha gente de muchas procedencias y razas distintas, y todos estamos por la misma razón. Es asombroso: la catedral, los olores, los sonidos... te hace humilde. No puedes sino sentir que necesitas rendirte”, explica.

Empezó a acudir a las clases de iniciación cristiana para adultos y en la Vigilia Pascual de 2015 se ha bautizado como católico.

Ahora se encuentra en un matrimonio mixto, puesto que su mujer sigue siendo metodista. Es una situación no infrecuente en Estados Unidos. Ella y la familia de ella han acudido a la Vigilia Pascual y al bautizo de Brett.

“Ella es muy comprensiva y respetuosa, y también su familia”, dice Brett. Él acude casi siempre a la misa católica, aunque sigue asistiendo a veces a los servicios metodistas con su mujer. Ella y los niños han ido a misa en alguna ocasión.

Otra persona encantada con el crecimiento de fe de Brett es su abuela. “Ella es una mujer muy devota, que pasa cinco horas al día con cuatro Biblias delante, estudiándolas, ahora que está jubilada. Está encantada porque me bautizo por las razones correctas. En su cumpleaños le regalé una Biblia católica; estaba muy emocionada, siempre quiso ojear esos libros que pensaba que estaban prohibidos”.

A muchas Biblias protestantes les faltan los libros deuterocanónicos: Tobías, Judit, Ester, Baruc, Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico y algunas historias como la de Susana y los viejos, Bel y el Dragón, etc…. Los protestantes consideran -siguiendo la autoridad de un concilio fariseo posterior a Cristo, el de Jamnia- que no son libros inspirados por Dios. La Iglesia Católica sí enseña su inspiración y canonicidad.

Brett valora el tiempo que ha tardado en formarse y aprecia que la Iglesia Católica dé tiempo a la gente para ir conociendo la fe antes de bautizarse o entrar en la comunidad. “Ahora me gustaría devolver algo a la Iglesia”, dice. Considera la posibilidad de comprometerse en un movimiento católico como los Caballeros de Colón.