Imagine que los periódicos y los noticieros hubieran dado la noticia del atentado de Barcelona el pasado agosto (o el de Niza, o el de París, o el de Madrid, o el de Nueva York o cualquier otro) informando de un acto democrático de terrorismo.
 
Imagine otra situación. Imagínese estar en una cita médica, frente al especialista en oncología y que le comunique que el tumor que le detectaron en los pulmones ha provocado una metástasis en huesos e hígado. Imagínese que el facultativo le dice que sufre una enfermedad curativa. El curso natural de la enfermedad será la muerte y entonces no sufrirá más. No tendrá más dolores (sufrimiento físico) ni mentales (preocupaciones) ni de ningún otro tipo. Su enfermedad es curativa.
 
Ambas situaciones solo podemos imaginarlas, ya que unir los términos enfermedad + curativa o terrorismo + democrático son contradicciones en términos tan graves que a nadie se le ocurriría hacerlo; sin embargo el pasado mes de agosto (2017) nos desayunamos con el siguiente titular en el diario El Mundo (21/08): “El Tribunal Constitucional de Chile da luz verde a la ley de aborto terapéutico”.
 
Aborto terapéutico.
 
La unión de esos dos términos no solo es una contradicción en términos, sino que es un retorcimiento asqueroso de una forma de muerte atroz. Y lo tragamos como si fuera una pastilla soluble en la boca.
 
¡Qué poca vergüenza tenemos!
 
Decir que puede existir un solo caso en que el aborto sea terapéutico es retorcer la verdad de tal forma que solo escribirlo me produce náuseas.
 
¿Terapéutico? ¿Para quién? Desde luego para el niño no es en absoluto terapéutico.
 
Llevo 25 años aplicando, diseñando y desarrollando terapias para personas con discapacidad, intelectual, física y/o sensorial. Si de algo sé es de técnicas terapéuticas para la discapacidad y les aseguro que no hay ninguna técnica terapéutica cuyo resultado sea la muerte del paciente.
 
No se podría llamar método terapéutico a poner una almohada sobre la cara del niño con discapacidad y apretar hasta conseguir la muerte por asfixia. Sin embargo es lo más parecido a lo que se hace en los centros de la seguridad social y en los centros abortistas privados (tienen la desvergüenza de llamarse “clínicas”) cuando inyectan una solución salina en el líquido amniótico, logrando abrasar al bebé, o cuando el licenciado en medicina (tiene la desvergüenza de llamarse “médico”) descuartiza al bebé con un bisturí, o cuando absorben al bebé a través de una especie de aspiradora.
 
Eso es el aborto.
 
Y desde luego no es nada terapéutico para la madre. Más bien todo lo contrario. De entrada la mujer no está enferma, está embarazada, la diferencia es evidente, y en segundo lugar lo que va a provocar el aborto es una serie de alteraciones tanto físicas como psíquicas que dejarán una huella –esta sí, patológica– prácticamente imborrable en esa madre.
 
En el último caso al que he tenido acceso (julio de 2017) la madre, aconsejada por todo el establishment médico, los servicios sociales de la comunidad y el padre de la criatura, fue a abortar un sábado por la tarde. El jueves siguiente ya estaba ingresada en la unidad de psiquiatría del hospital universitario La Paz, donde permaneció casi tres semanas. ¿Por qué no se publican los casos de ingresos psiquiátricos en el primer mes tras la realización de un aborto? Digo solo en el primer mes y digo solo ingresos: si habláramos de atención psiquiátrica/psicológica ambulatoria y en el primer año tras el aborto la cifra es cercana al 100%.
 
Pero eso a los proabortistas ya no les importa una higa. Las consecuencias del aborto solo importan a aquellos que luchan por ayudar a las madres a no abortar, que son los mismos que les van a seguir dando su ayuda y su apoyo, tanto si el bebé llega a nacer como si no.
 
Más aún. No se pueden imaginar, ¡ni imaginar!, el infierno al que someten a una madre cuando decide no abortar en contra de los criterios (y la presión) de los llamados “servicios sociales de la comunidad”. Esa madre tendrá gravísimas dificultades para acceder a los beneficios sociales que le corresponden a lo largo de muchos años tras el nacimiento del niño. En no pocas ocasiones cualquier dificultad a la que se enfrente será utilizada por esos “servicios sociales” para intentar culpar de su situación a la madre por no haber abortado.
 
¿Aborto terapéutico?
 
No se concibe una medida que hubiera cumplido más exactamente los sueños, las aspiraciones y el ideal de Adolf Hitler. Matar al discapacitado incluso antes de que nazca.
 
Así comenzó “la solución total” del Nacional Socialismo. El origen fue la abolición de toda forma de discapacidad en la sociedad alemana. Esta idea posteriormente se extendió a la raza judía, la negra, los gitanos, los homosexuales y cualquiera que se interpusiera en su objetivo, pero el inicio de todo fue el intento de exterminación de las personas con discapacidad.
 
El sueño nazi no solo es abolir al discapacitado antes de que nazca, sino que el auténtico sueño para Adolf Hitler es que los autodenominados progresistas han conseguido trasladar a la sociedad la idea de que el aborto es “un derecho”. ¡un derecho!
 
Terminar con la vida de un bebé por el hecho de que puede portar una discapacidad o una enfermedad se nos impone como ¡un derecho!
 
Y si opinas en contra entonces pasas a ser un apestado y se te puede tachar de retrógrado, impositivo, de que atentas contra la libertad y los derechos de las mujeres (en abstracto).
 
¿Podría Adolf Hitler haber soñado una medida más acertada para sus ideales?
 
La idea de que no merece la pena que nazca un ser humano por el hecho de portar una enfermedad o una discapacidad es absolutamente nazi, y solo puede tener un origen, que es la discapacifobia.
 
Ya que se ha extendido el uso del término fobia como sinónimo de odio (homofobia, turismofobia, islamofobia), extendamos el uso del término discapacifobia: odio a las personas con discapacidad.
 
Solo desde el odio a las personas con discapacidad se puede justificar que haya quien piense que más vale que no nazcan.
 
Solo desde el odio a las personas con discapacidad se puede pensar que los seres humanos sin discapacidad somos superiores a los que sí la tienen y por tanto podemos determinar si deben o no nacer.
 
Solo desde el odio a las personas con discapacidad se puede justificar el aborto.
 
Y ¿qué diferencia existe entre el que odia a las personas con discapacidad y los que odian a los judíos, o a los gitanos, o a los homosexuales, o a los católicos, a los pelirrojos o cualquier otro grupo que se les ocurra?
 
La defensa del aborto selectivo (sea por cuestión de capacidad, por cuestión de sexo o por cualquier otra cuestión) es una idea absolutamente nazi. Puede que sus mayores defensores se consideren de izquierdas, progresistas o incluso comunistas, pero es obvio que esa idea que defienden es propia del Nacional Socialismo.
 
Pido perdón a las víctimas –niños y madres– por no hacer lo suficiente por erradicar este holocausto. Pido perdón por no alzarme en armas para defender sus vidas. Pido perdón por seguir viviendo en esta sociedad de mierda que es capaz de matar en el vientre materno a sus hijos porque tienen trisomía 21 (poco a poco, conforme los métodos de diagnóstico mejoren, la lista de alteraciones genéticas detectables antes del embarazo será cada vez mayor y las personas con discapacidad de origen genético tenderán a cero, que es el objetivo de la eugenesia que está llevándose a cabo).
 
Estamos inmersos ante un holocausto de inmensas proporciones (aunque un solo caso sería suficiente para que todos hiciéramos lo indecible para intentar frenar la muerte de ese niño) y no estamos haciendo nada por evitarlo.
 
Pido perdón.
 
P.S. Este artículo hace referencia al aborto selectivo (asquerosamente llamado terapéutico), pero lógicamente no existe ninguna situación que justifique la muerte de un ser humano indefenso. Además, no nos engañemos, en Chile, como en España, como en cualquier otro país, se introduce primero el aborto “por razones humanitarias” (¡qué asco da escribirlo!), ya que incluso para muchos que lo defienden resulta demasiado obsceno proponer de manera directa el aborto libre, pero es la forma de lograr ese objetivo. En España el aborto libre es la situación actual de facto. Los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística indican que de los 94.188 abortos provocados en el año 2015 (258 abortos al día, sin contar los provocados por la “píldora del día después”), el 4,02 % tenía como justificación “riesgo de anomalías del bebé”, el 6,51% “riesgo de salud para la madre” y el 89,46% simplemente “a petición de la madre” (no indican las presiones a las que se habrán visto sometidas) –en definitiva: aborto libre.
 
Termino cometiendo el error que ha dado pie a este post. Hablar de aborto y añadir el calificativo libre es una grave contradicción en los términos. Una vez más, pido perdón.

Tomado del blog del autor, Educar con Sentido.