¿Cómo llega un adolescente de clase media alta a meterse en el mundo de las drogas? ¿Existe algún camino de sanación para salir de ellas? ¿De qué forma la Comunidad del Cenáculo ha ayudado, sin fármacos ni tabaco, sin televisión ni radio, sin CDs ni Internet, incluso sin periódicos, a cientos y cientos de jóvenes atrapados por las drogas, el sexo, el alcohol, y otras dependencias, en sus 50 casas dispersas por el mundo?
 

Tras el gran  éxito de las primeras ediciones de ASALTO AL CIELO, en los meses de noviembre y diciembre, en la Parroquia de Colmenar del Arroyo (Madrid), con la Conferencia-Testimonio de la escritora María Vallejo-Nágera y de María Luisa Ruiz Jarabo, tetrapléjica desde los 33 años, el próximo sábado 10 de enero celebraremos su tercera edición.
 
ASALTO AL CIELO es una iniciativa del P. Álvaro Cárdenas, párroco de la Parroquia de Colmenar del Arroyo, de la Diócesis de Getafe, en la Sierra Oeste de Madrid.
 

Muchos de los que han participado en esta Vigilia mensual de testimonio y oración testimonian  haber experimentado un excepcional encuentro vivo con Jesucristo, a través del testimonio de quienes se han encontrado con Él  y a través de la adoración y la alabanza.
 
Esta vez, el invitado será JUAN LAUREANO GARCÍA ZINSEL: adicto a las drogas desde los 13 años, rescatado por la Comunidad del Cenáculo. 
 

Juan Laureano García era el menor de seis hermanos de una familia de la clase media alta madrileña. Su padre prohibió a su familia ir a misa los domingos. Sus padres dedicaban poco tiempo a hablar con sus hijos y a interesarse por sus amistades. Juan se encapsuló en una maraña de complejos, una débil autoestima, una escasa tolerancia a la frustración, y una vertiginosa capacidad para meterse en líos. Como miles de adolescentes, a sus 13 años Juan usaba como signo de identidad, ropa de marca. Tras ella refugiaba su insegura personalidad.  

Deambulando un día por las calles, al salir de clase, se encontró con otros chicos del colegio en un salón de billar. Fumaban, jugaban al futbolín, “se lo pasaban bien”. Empezó con los porros (hachís). “Yo quería pasarlo bien. Parecía que al fumar desahogaba muchas cosas que tenía dentro, y que buscaba canalizar haciendo el tonto. Perdí totalmente la motivación por el estudio. Solo buscaba divertirme”. Conducía la moto sin edad, y sin carnet.
  

Comenzó su formación profesional en hostelería. Asistía poco a clase. A los 14 años se puso a trabajar. Era camarero por la noche en un exclusivo pub de Madrid. Allí descubrió la noche, conoció el alcohol, la droga y el sexo. Descubrió -erróneamente- que tomándose dos copazos podía camuflar sus inseguridades con las chicas.
 
Su desinterés con los estudios y su desidia era tal que ni la temprana muerte de su padre, cuando él tenía 15 años, le movió a reordenar su camino. “En vez de sentir tristeza, sentí alegría. Pero también tristeza, porque nunca había tenido un diálogo con él, nunca lo conocí. Había muerto, ya no habría broncas en casa, ya no podría pegarme, podía hacer por fin lo que yo quería. Si encontraba un trabajo, podría por fin desaparecer de casa. Mi madre estaba ocupada con mis dos hermanos, enganchados a la heroína, y no estaba centrada en mí”.
  

El ingrediente que sumó a las drogas, la violencia y el alcohol fue una prolífica actividad sexual. Viviendo al límite intentaba encontrar en el placer el sentido de su vida. Se hallaba en una gran confusión afectiva. “No sabía lo que era amar”.
 
Con su pandilla de amigos robaba motos y coches…, “simplemente por sentir la emoción de lo prohibido, ya que no teníamos necesidad de traficar con ellos”. “Cocaína, adrenalina, heroína, más adrenalina, motos” eran su pasión.
 
Estaba sumido en un profundo orgullo. Pensaba que nadie debía decirle lo que debía hacer. Era la ley de la calle. No tenía otra referencia.
 
Empezó a meterse en peleas al descubrir que quien ganaba conseguía de inmediato el reconocimiento del grupo. Cuanto más se consumía en sus vicios, mayor era su insatisfacción y su vacío existencial.
  

Al verlo sin rumbo, una de sus hermanas se lo llevó por un tiempo a Londres. Aprender un idioma le dio cierta estabilidad. “Comencé una nueva vida sin drogas ni alcohol; me enamoré de una chica… todo parecía más organizado”. Pero esto sería sólo un paréntesis. No pudo sostener la relación. “Sin Dios no podía aspirar al bien perfecto, sólo podía sobrevivir”. Retornó a España.

“Cuando volví a Madrid cometí el error de volver al pasado sin tener la fuerza para resistir. Me metí otra vez en la boca del lobo”. Dando tumbos, su hermano le invitó a vivir con él a Italia. Era una aventura. “Siempre era un escapar del sufrimiento, buscando llenar mi vacío existencial, pero no vivía en la verdad”.
   

Estando en Italia, un violento accidente automovilístico lo envió por dos años al hospital. “Necesité doce operaciones. Los dolores eran tan espantosos que solo con morfina podía calmarlos. Pero con mi historial, los médicos dejaron de administrármela temiendo que terminara adicto a ella. Cuando me amputaron mi mano izquierda, lleno de rabia por vez primera en años, me dirigí a Dios y le dije: «Señor, si existes, ¿por qué me has hecho esto? Claro que, después de lo que le has hecho a tu Hijo…»”.
 
Por la tristeza de su accidente, y por problemas con su mujer, su hermano recayó en la heroína. Y ante la muerte de un amigo por sobredosis, entra en la Comunidad del Cenáculo para recuperarse.
 
Al salir, Juan vuelve a Madrid, descargando en Dios su rabia, su resentimiento. Y como acto de rebeldía contra Él retomó el consumo de drogas. “El novio de mi hermana me ofreció un trabajo de vendedor, pero en la noche muchas veces empalmaba la juerga con el trabajo. Llegó un momento en que la situación era insostenible. Volví de pleno a la búsqueda de emociones fuertes para llenar mi vacío. ¡Era la locura total!” 
  

Ya nadie soportaba su descontrol y se estaba quedando solo. Una noche, sólo, hastiado, pensando en Dios y sabiendo que su hermano Carlos, tan adicto como él, había encontrado un camino de libertad gracias a la Comunidad del Cenáculo en la que había entrado cinco años atrás, le llamó: “«¡Sácame de esto!», le dijo. Lo acogió en la Comunidad de Milán, donde estaba de responsable”.  “Al mes de entrar me invitó a la capilla y me dijo: «Juan, aunque no creas, dile a Dios: ‘Si estás ahí, manifiéstate en mi vida’». Por él lo hice y esperé. Pasaron los meses y me trasladaron a Turín. Allí, en plenos Alpes, recuperé el gusto por el trabajo bien hecho, por la superación…”. 
 

La fe y la gracia de Dios sanaron su alma y le han dado herramientas para construir una nueva forma de vida.
 
“Me enamoré tanto de Dios que profundicé mi relación con él acudiendo mucho al Santísimo Sacramento”.
 
Fue enviado a la comunidad del Cenáculo en Lourdes. “Allí el responsable, al presentarnos, me dijo: «Juan, no sabes cuánto he rezado por ti». «¡Si no me conoces de nada!», le dije. «A ti no, pero a tu hermano Carlos sí. Él hizo que yo me levantara durante meses a rezar por ti para que entraras en la Comunidad, y el verte aquí hoy hace crecer mi fe». Y me contó todos los sacrificios que mi hermano ofrecía por mí. Eso me sorprendió enormemente. ¡El poder de la oración! “La oración es lo que sana, salva y transforma a un toxicómano. En la Comunidad del Cenáculo no dispensamos fármacos ni ayuda psicológica; solo ayuda fraterna, andar en la Verdad, catequesis y, sobre todo, mucha oración”.
  

 
17h Rosario
18h Testimonio
19h Adoración 
20h Misa
 
Para todos, especialmente para los que no tienen fe, y los que la buscan.
 
Invitad a amigos y conocidos. También a aquellos que no practican, no tienen fe, o  piensan que la han perdido. Ellos son los preferidos de Dios. A ellos se dirige, en primer lugar, esta iniciativa.
 
Será también una oportunidad tras la Navidad para dejarnos encontrar por el Dios de las sorpresas, por la Bondad y la Misericordia del Dios que tiene poder, como ha hecho con Juan, para liberarnos de todo lo que nos oprime y esclaviza, de dar un sentido nuevo a nuestra vida, y de colmarla de vida, de plenitud en Él.
 
¿Estamos dispuestos a acoger las sorpresas de Dios? El Dios de las sorpresas nos invita y espera.
 
Contaremos con música preciosa de adoración y alabanza.
 

Tomar la carretera M501 dirección San Martín de Valdeiglesias, y continuar dirección San Martín de Valdeiglesias hasta la salida 37, dirección Chapinería, Colmenar del Arroyo y Valdemorillo. Tomar el desvío hacia Colmenar del Arroyo, y seguir recto hasta la Pza de España, s/n, que es donde está la Parroquia.
  
Para cualquier aclaración o pregunta: asalto.al.cielo.colmenar@gmail.com