El historiador Victor Davis Hanson en su último libro Guerra. El origen de todo (Turner, Madrid 2011) afirma que la guerra no ha cambiado tanto desde la antigüedad hasta hoy. Lo que significa que no ha cambiado tanto desde que en el año 711, los musulmanes entraron en España. Esta entrada se verá favorecida por dos factores esenciales, además de otros que en el artículo se señalarán: primero, la división que existía en la España visigoda, y la ignorancia de los dirigentes visigodos sobre lo que era la yihad y los principios del mundo musulmán. Curiosamente, algo muy parecido a lo que hoy en día nos encontramos en España.

La historia militar de la conquista de España es difícil de estudiar: solamente tenemos una fuente fiable y que se puede considerar como poco problemática, que es la Crónica mozárabe del 754 escrita por un clérigo que pudo oír en primera persona a muchos de los que participaron y estuvieron durante la conquista musulmana del año 711. El problema de esta crónica es que abunda más en desarrollos retóricos que en precisiones topográficas y cronológicas.

Además, existen una serie de historias andalusíes como las de ibn Jaldún, la Crónica seudoisidoriana o el anónimo manuscrito de la biblioteca tunecina de Raq-qada. Pese a todo, es mejor basarse en estas fuentes, teniendo en cuenta que no siempre son compatibles con la verdad histórica. Y es que habitualmente muchas veces estas fuentes intentan magnificar la fuerza de las tropas visigodas para aumentar de esta forma el valor de la conquista musulmana.

Coronación del rey Wamba (Van Halen)
Tras la reconquista africana del emperador Justiniano en el 533, el centro del poder bizantino se encuentra en las zonas orientales del Magreb. Aún así, Constantinopla no perdió nunca el interés por la antigua y occidental Mauritania Tingitana, controlando la zona del Estrecho.

El avance islámico, en especial la expedición de Uqba hasta Sus al-Aksa en el extremo occidental marroquí, en el 682, así como la aparición naval islámica en el Mediterráneo, aumentaron la importancia estratégica de las posesiones imperiales en el lejano occidente.

En el 687 Ceuta era la sede de una importante fuerza naval bizantina, mandada por Urbano, que sería fundamental en la conquista islámica de nuestra península. Poco después, en el 698 cae Cartago en manos musulmanas, y reduce las posesiones bizantinas en el Magreb a las más occidentales.

Mientras tanto, el sistema político visigodo del reino de Toledo estaba en una situación crítica. Los visigodos tenían una vieja tradición asamblearia y “democrática” que venía de los pueblos nómadas germanos, lo que llevaba a una monarquía electiva entre los nobles. Cuando moría un rey, se elegía otro que no tenía por qué tener relación de parentesco con el difunto. Esto provocaba conspiraciones, rebeliones e insurrecciones para poder obtener el poder. Lo que implicaba una rivalidad constante entre las diferentes facciones que aspiraban al trono. Los reyes visigodos intentaban evitar esto mediante la asociación a él de quien consideraban que debía ser su sucesor: generalmente, un hijo, o hermano más joven.

Cuando el cristianismo pasa a ser la religión oficial, la iglesia intenta contribuir a la estabilidad política: especialmente desde el IV Concilio de Toledo (año 633) donde se establece que el rey también debía ser elegido por los obispos, que el poder real era de naturaleza divina, y que si no se juraba fidelidad al rey electo se cometía un pecado de sacrilegio. En estas circunstancias, Chindasvinto, que llega al trono en el 642, intenta reafirmar el poder monárquico, pero no lo logra, como ocurrie también con su hijo Recesvinto, que reina desde el 653.

La decadencia final de este sistema llega con Wamba en el 672. Pese a que intenta consolidar el poder, los nobles actúan como reyezuelos independientes, y se rebelan a la mínima oportunidad. El problema se agudiza con los sucesores, y aumenta el problema hasta que la estabilidad se rompe por completo.

Ya en el 694 la España visigoda se había dado cuenta del peligro que tenía el avance musulmán. Urbano había intentado conquistar algunas plazas de la Península para afianzar su poder, pero había fracasado: se extendía así la mentalidad de una alianza entre los visigodos y Urbano que lo consolidasen. Así es como Urbano se convierte en Conde Juliano, y controlará Ceuta, la bahía de Algeciras y territorios hispanos colindantes. Con esta alianza lograron diferentes victorias ante los jeques bereberes.

Se mantiene así la situación hasta que en el 707 los musulmanes avanzan en el extremo occidental africano. Principal protagonista es Taric ibn Ziyad, lugarteniente y liberto del nuevo gobernador islámico de Ifriqiya, el tabi Muza ibn Nusayr. En una situación cada vez más peligrosa, los apoyos bereberes se iban perdiendo y los jeques iban convirtiéndose sucesivamente al Islam: es el caso de Tarif ibn Malic Abuzara. Así es como Tánger cae y se convierte en el cuartel general de Taric ibn Ziyad. Una leyenda, que pudo ser real, señala que el rey Witiza realizó una ofensa sobre la hija de Urbano, lo que llevó a éste, junto a sus clientes a ambos lados del Estrecho, a ponerse a disposición de Muza y el califa al-Walid (705-715).

Puede ser que la traición viniese también por el caos que se produce en el reino toledano ante la muerte de Witiza, a finales del 709 o principios del 710. Hubo muchas dificultades para poder encontrar un sucesor de consenso entre los nobles visigodos. La sucesión enfrentaba particularmente a dos grupos de nobles: por un lado los que propugnaban como sucesor a un hijo del difunto, Agila, que había sido asociado al trono de su padre; y por otro, los partidarios de un nuevo rey designado por el sistema de elección, procedente de la familia de Chindasvinto, Rodrigo. Al final la nobleza del nordeste y Septimania eligieron por rey a uno de los suyos, Agila II. Mientras esto ocurre en Toledo, las expediciones musulmanas desde el otro lado del Estrecho provocan el pronunciamiento de la nobleza cordobesa a favor de uno de los suyos, el duque de la Bética Rodrigo. Pero tras un largo interregno que duró casi un año, en el que Rodrigo tenía el apoyo de un potente grupo nobiliario, pero con más de un miembro con la ambición de suplantarle si se presentaba la oportunidad.

Es en estos terribles meses del interregno, en junio del 710, cuando se producen los primeros desembarcos musulmanes en la Baja Andalucía. El más importante estaba comandado por Tarif Abuzara, en solitario o con la ayuda de Urbano. Participaron 500 hombres casi todos de infantería, bastantes pertenecientes a la clientela y milicias de Urbano. El resto eran bereberes. Todos ellos cruzaron en barcos de Ceuta pertenecientes a Urbano: exactamente en cuatro de ellos. Parece ser que este primer desembarco se produce en la isla que se encuentra en frente de la actual Tarifa. Pese a que la acción duró pocas semanas, sirvió para saquear buena parte de la zona. Los invasores no tomaron ninguna localidad, pero la facilidad de la travesía, la riqueza del botín y la fiabilidad mostrada por Urbano, incitan a los mandos islámicos a repetir la expedición al año siguiente, en un número mucho mayor.


Batalla de Guadalete (Martínez Cubells)

Seguramente, la segunda invasión tuvo el apoyo de varios nobles que deseaban ocupar el puesto de don Rodrigo. Creían que iba ocurriría como muchas veces había ocurrido en el mundo godo con otra serie de pueblos: que se pagaría con grandes riquezas a los invasores musulmanes que, tras cambiar de gobernante, dejarían el territorio. Los nobles desconocían varios de los presupuestos ideológicos de la expansión islámica. Especialmente dos: la yihad y la extensión del territorio y de los miembros de la umma.
 
Esta segunda invasión tiene lugar en la primavera del 711. Los invasores desembarcan en Algeciras y se hacen fuertes en Gibraltar y en Carteya, territorios estaban vinculados patrimonialmente a la familia política del conde Urbano. Con los últimos refuerzos mandados por Muza, la fuerza llegaría a tener unos doce mil guerreros, en su mayor parte bereberes. A ellos luego se unirían una serie de jinetes judíos, que habían sido expulsados de España por la acción de los visigodos y que querían volver a sus antiguos territorios. Taric, cuenta la leyenda, quemó las naves para que nadie pudiese volver a África.
 
Al comienzo el número de musulmanes era menor, pero su impacto en la política goda suponía la necesidad de enviar un ejército a su encuentro. Siguiendo lo ordenado por la ley militar de Ervigio, es posible que fuese el duque de la Bética el encargado de enfrentarse al enemigo que se estaba reforzando en sus bases de Algeciras. Posiblemente fuese Teodomiro, jefe visigodo en el sur, el que se enteró de lo ocurrido. Fue con unos mil hombres y quiso enfrentarse a los árabes, pero, dada la inferioridad de las fuerzas, fue rechazado. Teodomiro envió emisarios a Pamplona -Rodrigo se encontraba en Navarra para acabar con una nueva rebelión de los levantiscos vascones- para informarle de la situación. Ante estas noticias, el monarca envió como vanguardia a su sobrino Iñigo, junto con algunas tropas, pero fue derrotado y muerto. El ejército godo sería derrotado, y esta derrota fue fundamental: las tropas de infantería musulmanas se convirtieron en tropas de caballería, por el simple hecho de tomar las cabalgaduras de los godos caídos. De esta forma podían los invasores enfrentarse con alguna opción al gran ejército real godo.
 
Rodrigo, realizando operaciones en la otra punta de la Península, tuvo que dejar esta operación para marchar contra su nuevo y peligroso enemigo. Aunque las fuentes árabes hablan de un gran ejército godo, lo más probable es que las tropas de don Rodrigo fuesen menos numerosas que las de Taric. Sin embargo, el núcleo de su ejército, el séquito del Rey y los principales nobles, poseía una elevada profesionalidad y potencia: se trataba de caballería pesada, aunque su número fuese pequeño. Al llegar a Córdoba, Rodrigo convoca bajo su mando a todo su ejército. A la llamada acuden los hijos y hermanos de Witiza. Rodrigo está muy confiado y entrega el mando de las alas de su ejército a los dos hermanos de su difunto rival.
 
El encuentro de los dos grupos tuvo lugar entre mediados y finales de julio del 711, a lo largo de varios días. En verdad, se trató de una serie de escaramuzas y combates formales entre los montes que separan las actuales Algeciras y Tarifa. El combate principal tuvo lugar cerca de la laguna de la Janda, sobre el río Guadalete, entre las actuales localidades de Jerez y Sidonia.
 
Es muy difícil saber con certeza los datos de la batalla, porque todas las fuentes son muy propagandistas. Desconocemos lo ocurrido con exactitud. Como hemos señalado antes, lo lógico es que las fuerzas de don Rodrigo fuesen menores que las musulmanas, aunque hay otras fuentes que señalan que fueron 40.000 visigodos contra 15.000 musulmanes. Sabemos que los musulmanes tenían unos 1.000 jinetes; el resto era infantería. El armamento era ligero, basado, sobre todo, en espadas, puñales y lanzas. Su fuerza radicaba en los arcos, pequeños pero potentes, que prácticamente portaban todos los combatientes. Sus armas defensivas se reducían a escudos y algún yelmo o cota de malla ligera, que llevaban los jinetes y jefes. Su táctica era la movilidad y la rapidez. Su táctica era desplegarse en media luna para envolver al enemigo cerrándole todas las salidas.
 
Frente a ellos, Rodrigo contaba con un número de jinetes que triplicaba las huestes invasoras. La fuerza principal de Rodrigo, su caballería pesada, estaba fuertemente armada, con una poderosa lanza asida con las dos manos (contus), con los jinetes protegidos por cota de malla y casco. El ejército había heredado el modelo organizativo de los romanos, en cuanto a agrupamiento de unidades, y estaba dividido en fuerzas permanentes: el exercitus, formado por nobles y quienes dependían de ellos; y el hostis, los reclutas que se escogían entre la población en caso de necesidad. Eran tropas disciplinadas. Además, Rodrigo tenía una guardia personal, los spatarios (los portadores de espada) en número de cien, que se seleccionaban entre los del cuerpo de guardia de palacio, los cubiculari.
 
La táctica visigoda era cargar con todo el ímpetu de la caballería contra el enemigo abriendo paso, con la infantería detrás o quedando en reserva a la espera de acontecimientos. La caballería era el centro de su fuerza, y la infantería tenía un papel secundario, pero en su ausencia, la infantería se regía por las tácticas romanas.
 
El armamento consistía en lanzas, espadas, arcos, puñales, hondas y flechas. Eso sí, los visigodos tenían menos flechas en su carcaj que los musulmanes. Habían copiado de los francos el hacha de doble filo, la francisca, y de los romanos toda su artillería, torres de asalto y maquinaria de asedio. El armamento defensivo estaba compuesto por escudos grandes y casi todos los guerreros llevaban yelmos metálicos combinados con cuero; también eran frecuentes las cotas de malla que tenían hierro y cuero en diferentes proporciones.

El 31 de julio del 711 se lanzaron así los visigodos al combate. Copiando de los romanos su forma disciplinada de combatir. Embistieron con la caballería y trataron de dispersar a los jinetes enemigos, mientras la infantería buscaba envolver al enemigo lanzando todo tipo de proyectiles para, una vez debilitados, lanzarse sobre con las espadas. Pero las alas de Rodrigo no respondieron y se retiraron del campo de batalla. Los hermanos de Witiza habían pactado la traición a Rodrigo la noche anterior, en una reunión en el campamento árabe: obtendrían a cambio mantener sus derechos al trono y sus propiedades.

Los musulmanes nunca cumplirían lo que había prometido, pero el efecto fue demoledor para Rodrigo: al desertar las alas, quedó totalmente aislado del contingente central visigodo, en el centro con sus tropas. Cundió la desmoralización ante la retirada de los traidores. Además, otro hecho jugaba en su contra: los visigodos hacía tiempo que no habían combatido contra ningún ejército exterior, y solamente habían luchado en guerras civiles y contra revueltas de campesinos. Así que pronto cundió el desconcierto ante la forma de luchar de los musulmanes, caracterizada por su agilidad y rapidez; preferían atacar con los arqueros, atacar y retirarse, a lanzarse a combatir contra la pesada caballería visigoda.

Los arqueros descabalgaron, con su lluvia de flechas, a Rodrigo y sus caballeros, y entonces fue cuando los musulmanes cargaron entre gritos y alabanzas a Alá. Uno a uno fueron cayendo todos los hombres de Rodrigo. Lo más probable es que Rodrigo muriese en el combate, aunque diferentes fuentes señalan que pudo sobrevivir y continuar combatiendo en otros lugares . Otras cuentan que salió con vida y se dedicó a rezar en algún monasterio de la Península.

El ejército godo no fue destrozado del todo, entre otras razones porque una parte de las tropas abandonaron la pelea traicioneramente. Pero tras la derrota, en su huída hacia Medina Sidonia, y en los lodazales de la laguna de la Janda, se convierte el encuentro en una derrota completa y significativa. Mueren allí todos los nobles que aspiraban a la corona.
 
La huida de una parte significativa del ejército godo de Rodrigo, y no su completa aniquilación, forzó el siguiente movimiento de Taric. Mandó a los suyos tras los pasos de los huidos por la calzada romana que, a través de los pasos del Hozgarganta, conducía a Écija por Estepa. Era una maniobra arriesgada: Taric dejaba a sus espaldas plazas fuertes como Medina Sidonia y Sevilla. En Écija, las fuerzas godas que huyen consiguen frenar a Taric. Pero pronto vuelve a avanzar gracias al apoyo de las fuerzas de Urbano y de algunos nobles godos: estos refuerzos se pueden considerar fundamentales, así como la información proporcionada por Urbano a los invasores. Por consejo de éste, Taric divide el ejército en tres: Uno de los ejércitos marcha a Córdoba; otro se dirige sobre Málaga, Granada y Orihuela; y el tercero bajo el mando de Taric se dirige rápidamente al norte. A Toledo.

Este es el movimiento fundamental. Taric y Urbano se reúnen en Écija, y estudian la situación creada: ha muerto don Rodrigo y todos aquellos que querían sucederle, lo que deja a los hispanos descabezados. Para que la nobleza goda no se pueda reorganizar, era necesario tomar rápidamente Córdoba y Toledo, por ser el enraizamiento de esa nobleza y por su enorme valor simbólico, político y administrativo. Aunque eso provocaba división de los ejércitos musulmanes, y suponía la necesidad de ser apoyado por las tropas de Urbano y algún otro noble godo. Por su origen, Urbano no podía ser rey: su movimiento suponía simple y pura destrucción para el orden godo, y los musulmanes premiarían de forma muy considerable a todos aquellos que colaborasen con ellos. Así que Córdoba cae a finales de año, tras una numantina defensa de varios meses por parte de la selecta guarnición, cuatrocientos guerreros de élite visigodos.

Las escenas más terribles de la guerra tendrían lugar en Toledo, con los miembros de la alta nobleza del reino pasados por las armas. Los musulmanes tomaban así el Tesoro Regio. Muza tiene que intervenir, ante el peligro de pervertir el concepto de yihad: se pasaba de una expedición en busca de botín a una auténtica conquista, pero en la que las tropas no musulmanas habían tenido una importante función. Eso ponía en el riesgo la justificación por la yihad. A comienzos de la primavera del 712 Muza desembarcaba en Algeciras, rodeado de bereberes y con una significativa presencia de árabes, incluidos algunos tabies. La presencia de estos prestigiosos “discípulos de un compañero del Profeta” legitimaba la conquista en términos islámicos. Su presencia sería decisiva para el reparto del botín, y para realizar el asentamiento de los combatientes islámicos según las precisas normas coránicas. A Muza se debe la conversión de la conquista en estrictamente islámica, con la toma de los confines del Reino de Toledo. Muza estuvo 15 meses en España: serían fundamentales para la historia posterior.

Muza, antes de reunirse con Taric, decide acabar con la resistencia que había en el sur y en el oeste. Va de Medina Sidonia a Sevilla; de ésta a Mérida. En la campaña de limpieza, tuvo que llevar fuerzas a Sevilla, al mando de su hijo Abdelaziz, porque se había levantado con la ayuda de grupos de Béja y Niebla. Por fin, Taric y Muza se juntan cerca de Talavera. Mandarán más tarde tropas hacia Burgos y Astorga.

A partir de ahí, Muza inicia la conquista del noreste de la Península, donde aún se mantenía independiente Agila II. Pero a finales del 712, o comienzos del 713, se había tomado ya Zaragoza. Hubo un levantamiento en Orihuela, posiblemente al mando de Teodemiro, que logra alguna victoria parcial, pero en abril del 713 logra un pacto de rendición (aman) que le es muy favorable dadas las circunstanicas. En la primavera del 719 se tomarían los últimos reductos godos en el nordeste de la Península.

Rodrigo se consideró un rey importante dentro de la mentalidad musulmana. Hasta el punto de que menos de 10 años después se construyó en el desierto jordano la residencia califal de Qusayr Amra, y el derrotado Rodrigo fue pintado al nivel del Negus, los emperadores persa y chino, y un rey turco o hindú.

Luego España comenzaría su reconquista y como en tantas otras ocasiones la motivación espiritual se convirtió en la más eficaz arma contra el enemigo.


Proclamación de Don Pelayo

El fracaso hispano tiene como punto fundamental la debilidad crónica que atenazaba al reino visigótico; la monarquía hispánica, dividida en reyertas y ambiciones de todo tipo, era presa fácil de cualquier poder en expansión. Y ahí estaban los árabes, que en contraposición a los godos, eran un poder fuerte y unitario. Por si fuera poco, los expulsados judíos se unieron a los musulmanes en la conquista, con el objetivo volver desde el norte de África a España. Así es como el sur de España conoce las primeras incursiones musulmanas: por la debilidad visigoda.
 
El gran acontecimiento histórico, la batalla de Guadalate, tiene en la deserción de los caballeros visigodos y el abandono del núcleo duro de Rodrigo a manos de los musulmanes, la principal causa de la derrota. Las divisiones políticas se trasladaron al campo de batalla, y fue demoledor: tras la retirada de los caballeros visigodos, Rodrigo quedó en inferioridad, y sufrió la táctica envolvente de los musulmanes.
 
Después se inician siglos de ocupación y de reconquista. Junto a la romanización, la invasión musulmana ha sido el hecho histórico que más ha condicionado la Historia de España. A partir del 711, los musulmanes se convirtieron en el enemigo común de todos los reinos cristianos que se fueron configurando poco después en el norte peninsular. La conciencia de reconquista del territorio cristiano fue, por tanto, el principal aglutinante de los reinos cristianos.

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Publicado por Grupo de Estudios Estratégicos