1397. 26 de octubre de 1944. Hora Santa.

Le dije:  Señor, ¿Te gustaría que mi corazón se llamara 'el saloncito de Dios'?

Respondió: Todos tienen acceso a un pequeño salón, esdonde suelen reunirse muchas personas. ¿No te parece más íntimo llamar a tu corazón 'el lugar de Mi Reposo', o 'la Cámara de los secretos', o 'la Divina Soledad'? Tu corazón es 'nuestro lugar', a donde no llegan los ruidos del mundo.

Nuestra sinfonía de Amor no terminará nunca, pues siempre estará empezando. Tu corazón es también nuestro cuarto de trabajo. En él trabajamos los dos. Elaboramos proyectos nuevos para el advenimiento de Mi Reino. Trabajaremos por avivar el celo de la devoción que debe matar todo egoísmo. Con este ardor por Mi Gloria que te va a consumir, conservarás del pasado los sentimientos de contrición que desde hace tiempo deseas tener. Porque no a todos les es concedido llorar sus pecados...  Pero es preciso que con frecuencia mayor cada día, te retires a la pequeña 'Casita de Dios'.

Sube al aposento de arriba, al que está más cerca del Cielo y donde ya no se oyen los ruidos de la Tierra y tras de haberte revestido con la túnica llena de Gracia que es la humildad, te pondrás a esperar, espiarás los pasos de tu gran Amigo. Y te pondrás a la espía porque sabrás que no puede tardar. Y no sólo, sino que en ocasiones, habrá sido El el primero en llegar, con Su Corazón henchido, para llenar el tuyo. ¿Puedes tan siquiera imaginarte que Yo alguna vez haya faltado a una cita de amor? ¡Cuánto querría Yo tenerlas con cada alma!  Pero, ¿quién piensa en eso?

Este día tengo dadas muchas citas de esas, pero nadie Me ha llamado. Piensan que por ser Dios no puedo también ser uno de vosotros. Hoy habrá ciertamente muchos actos de
adoración ante el Santísimo Sacramento, pero serán bien pocos los que Me ofrezcan la cálida
intimidad de la Hora Santa.. .

¡Cuántos tesoros tenía Yo preparados para gente que no ha venido! Acaso vendrán más tarde y entonces, se los daré todos; Mi Riqueza y Mi Potencia están al servicio de Mi Misericordia. Un regreso vuestro, un pequeño regreso, y Mis Brazos de Salvador se abren ampliamente. Mi Corazón no puede olvidar que os dio toda Su Sangre.

 Gabriela Bossis (1874-1950) fue la menor de cuatro hijos en una familia católica francesa que la educó cristianamente. Se diplomó en enfermería y sirvió como tal en las misiones de Camerún, por lo que fue condecorada. Fue una persona abierta y comunicativa muy entregada a Cristo, pero que no sintió la vocación religiosa. En 1923 escribió su primera comedia, alcanzó celebridad por obras entretenidas y edificantes que se estrenaron en  numerosos países, incluso interpretando ella algún papel. En 1936 comenzó a transcribir sus diálogos con el Señor, una experiencia mística que vivió durante años. Fue dirigida espiritualmente por varios sacerdotes, que dieron luego testimonio de su paz interior. En uno de sus cuadernos escribe las siguientes palabras que escuchó de Cristo: "Tú has estado siempre bajo mi dirección". Todos esos escritos se agruparon en volúmenes agrupados bajo el título Él y yo. Murió después de experimentar durante varios meses dolencias respiratorias y pérdida de visión, que sobrellevó con el mismo espíritu de conformidad con la voluntad de Dios que guió toda su vida.