1466. 27 de septiembre.

Comprende la horrible ingratitud que hay en huir de Aquél que os ama tanto. .. Y por tu parte pon tu felicidad en servirme hasta en los más mínimos pormenores, porque nada es pequeño cuando se hace con amor.
Señor, ¿cómo puedes ser sensible a las naderías de Tus pobres creaturas?

El: ¿No Soy vuestro Hermano? ¿Acaso no conozco la naturaleza humana y lo que es la vida de un hombre sobre la Tierra? Tan habituada estás a considerarme en tu pensamiento solamente como el Dios que está en el Cielo, que te olvidas de que Yo sufrí y trabajé, tuve que pasar fríos, calores y hambres, igual  que vosotros, pero siempre con más agobio que vosotros. Y cuando el último día busquéis al que en sus días de la Tierra fue el más Miserable y el más Torturado, reconoceréis al hijo del Hombre y comprenderéis por qué ha recibido semejante peso de Gloria. Y entenderás cómo los que ahora rechazan a Dios querrán que las montañas les caigan encima y cómo los que respiran siempre a Dios, se apresurarán a fundirse en Su Seno.

Ve pues la importancia de cada uno de tus días. Vigila que nada de ellos se Me escape, atrapada como estás en las redes divinas de un Amor que quiere apretar más cada día. Expláyate en Mi Corazón, aprende a escuchar Sus Latidos como El escucha los tuyos; aprende a mirar a tu gran Amigo como El te mira a ti. Ningún movimiento tuyo se le escapa; manténte pues más y más en su amable Presencia. ¿Qué podrías desear que fuera
mejor, Mi pequeña?

 

 

 Gabriela Bossis (1874-1950) fue la menor de cuatro hijos en una familia católica francesa que la educó cristianamente. Se diplomó en enfermería y sirvió como tal en las misiones de Camerún, por lo que fue condecorada. Fue una persona abierta y comunicativa muy entregada a Cristo, pero que no sintió la vocación religiosa. En 1923 escribió su primera comedia, alcanzó celebridad por obras entretenidas y edificantes que se estrenaron en  numerosos países, incluso interpretando ella algún papel. En 1936 comenzó a transcribir sus diálogos con el Señor, una experiencia mística que vivió durante años. Fue dirigida espiritualmente por varios sacerdotes, que dieron luego testimonio de su paz interior. En uno de sus cuadernos escribe las siguientes palabras que escuchó de Cristo: "Tú has estado siempre bajo mi dirección". Todos esos escritos se agruparon en volúmenes agrupados bajo el título Él y yo. Murió después de experimentar durante varios meses dolencias respiratorias y pérdida de visión, que sobrellevó con el mismo espíritu de conformidad con la voluntad de Dios que guió toda su vida.