Aunque en Estados Unidos tradicionalmente los católicos en las altas esferas del poder han sido pocos, eso parece ir cambiando. Actualmente lo son el vicepresidente y presidente del Senado, Joe Biden; el secretario de Estado, John Kerry; el speaker de la Cámara de Representantes, Paul Ryan; y cinco de los ocho jueces del Tribunal Supremo. Eso no se traduce necesariamente en nada real: Biden y Kerry son proabortistas, y la posición del juez Anthony Kennedy fue decisiva para la consideración como matrimonio de la unión entre personas del mismo sexo.

Hubo un tiempo en el que, de todas las principales instituciones u organismos federales del país, la que contaba con mayor presencia católica era la CIA [Central Intelligence Agency, Agencia Central de Inteligencia]. En un reciente artículo en Catholic HeraldRobert Wargas explica por qué:

Pocos días antes de la Navidad de 1988, los terroristas alcanzaron el vuelo 103 de Pan American cuando sobrevolaba Lockerbie, no mucho después de despegar de Heathrow. Uno de los 259 asesinados a bordo era Matthew Gannon. El octavo hijo de unos padres católicos practicantes, Gannon se había incorporado a la CIA en 1977, convirtiéndose en un cualificado lingüista y agente de operaciones.


Matthew Kevin Gannon (19541988), agente de la CIA muerto en el atentado de Lockerbie.

Casi un año después, en octubre de 1989, las pertenencias de muchas víctimas seguían almacenadas en Lockerbie sin que nadie las reclamara. Cuando el hermano de Gannon llegó allí, identificó sus efectos personales al encontrar un misal en una cartera junto con una de las camisas favoritas de Matthew.

Probablemente los partidarios de las teorías de la conspiración ya habrán aprovechado la muerte de Gannon. Es difícil investigar cualquier cosa sobre la CIA o el Vaticano sin encontrar historias que parecen novelas de intriga.

Pero no deberíamos descuidar el tema. La CIA es la más conocida de las 17 agencias que conforman la comunidad de inteligencia estadounidense. Se ha ganado apodos como "Catholic Intelligence Agency [Agencia Católica de Inteligencia]" y "Catholics in Action [Católicos en Acción]". Vale la pena estudiar por qué.

No existen estadísticas oficiales sobre la presencia de católicos en la CIA o en otras agencias norteamericanas de inteligencia. Pero una clave interesante es el número relativamente elevado de católicos que han sido directores de la agencia.

Los Estados Unidos son un país en el que, con la reciente excepción del Tribunal Supremo [de sus 112 jueces a lo largo de la historia, sólo 13 han sido católicos, pero 5 de ellos forman parte de su actual composición y son mayoría], los católicos nunca han dominado las más altas esferas. Sólo uno de los 44 presidentes ha sido católico [John Fitzgerald Kennedy]. El primero y único vicepresidente católico es el actual, Joe Biden. Antes de John Kerry, el último secretario de Estado católico fue Alexander Haig, quien abandonó el puesto en 1982. Los católicos son una rareza en otras posiciones principales, como la Secretaría de Defensa.

Por contraste, tres de los últimos directores de la CIA han sido católicos: Michael Hayden (2006-09), Leon Panetta (200911) y el director actual, John Brennan (desde 2013).


John Brennan, actual director de la CIA, es católico e hijo de inmigrantes irlandeses. Trabajó en la agencia más de 25 años antes de desempeñar labores de asesoramiento de seguridad con varios presidentes.

Mirando hacia atrás, varios católicos condujeron la agencia en periodos críticos durante la Guerra Fría. (No hubo directores católicos en la década de los 90.)

Algunos de los más influyentes directores en la historia de la CIA han sido católicos, hombres como Walter Bedell Smith (1950-53), John McCone (1961-65), William Colby (1973-76) y William Casey (1981-87). Y no eran sólo católicos de nombre. Asistían a misa con devoción y en muchos casos fueron miembros de instituciones como la Orden de Malta.


John McCone, tras jurar su cargo ante John F. Kennedy como director de la CIA: era caballero de la Orden de Malta.

Las teorías de la conspiración normalmente empiezan ahí, con complots perversos en los que el Vaticano controla el mundo. Por supuesto, nunca se preguntan por qué un Vaticano tan poderoso no se las arregla para que haya más presidentes católicos.


Para entender la presencia de católicos en la CIA hay que remontarse a los años 40, antes de que la agencia existiera. Hasta esa década, los Estados Unidos carecían de un sistema de inteligencia unificado. Las ramas separadas de los militares reunían y analizaban su propia labor de inteligencia.

Eso cambió con la OSS (Office of Strategic Services, Oficina de Servicios Estratégicos). Fue la predecesora de la CIA, responsable del espionaje y de las operaciones de sabotaje durante la Segunda Guerra Mundial. La OSS fue fundada y conducida por el general William J. Donovan (18831959), a quien la historia conoce como Wild Bill [el salvaje Bill].


El general Donovan, creador del embrión de la CIA.

Donovan había nacido al norte de Nueva York, en el seno de una familia católica irlandesa y pobre. Experimentó con otras denominaciones [cristianas] cuando estudió en la Universidad de Columbia, pero permaneció fiel al catolicismo incluso después de entrar por su matrimonio en una rica familia protestante. Tras combatir heroicamente en la Primera Guerra Mundial, hizo fortuna como abogado en Wall Street.

Wild Bill no reclutó exclusivamente a católicos: buscó a cualquiera con capacidad. La OSS atrajo a muchos tipos de personas, incluidos wasp [White, Anglo-Saxon and Protestant, Blancos, anglosajones y protestantes] que buscaban desempeñar en la guerra un papel más aventurero.

Pero muchos católicos acabaron en la OSS. Es imposible saber con certeza por qué sucedió esto. ¿Se debio simplemente a que Wild Bill reclutó entre su propio círculo social, que probablemente incluía más católicos que si él hubiese sido presbiteriano?

Un hecho revelador es que la OSS utilizaba su rama de Nacionalidades Extranjeras, basada en Nueva York, para reclutar entre grupos étnicos americanos. En ese momento de la historia de Estados Unidos, los católicos estaban bien representados entre los inmigrantes: italianos, irlandeses, polacos, bávaros y muchos eslavos.


Otros hecho histórico es aún más significativo: el anticomunismo católico se encontraba en su zenit en los años 40 y 50. Las principales organizaciones católicas, como los Caballeros de Colón, apoyaban al senador Joseph McCarthy (él mismo católico) en su intento de limpiar los Estados Unidos de influencia comunista. ¿Se animaba a los jóvenes católicos a asumir un papel más activista en la lucha contra los soviets sin-Dios?


Joseph McCarthy (19081957), senador por Wisconsin, rezaba el Rosario todos los días. Denunció la infiltración comunista en los Departamentos de Estado y de Defensa. Tras la caída de la URSS y la desclasificación de archivos de la KGB, en los Informes Venona se pudo comprobar que la mayor parte de sus acusaciones eran ciertas.

Hacia mediados del siglo XX, el establishment protestante aún trataba a los católicos con suspicacia. Donovan habría sido fiscal general en la administración de Herbert Hoover (19291933) si el sentimiento anti-católico no se lo hubiese impedido. Para los católicos era más probable que se confiara en ellos y se los aceptase en la OSS de Donovan que el otras agencias gubernamentales.

Hoy muchos admiran a la OSS por sus relatos épicos, pero muchas figuras gubernamentales no hicieron sino chocar con ella cuando existía. No sólo rechazaron sus operaciones como propias de aficionados, también la acusaban de invadir el territorio ajeno. Entre los críticos de la OSS figuraba J. Edgar Hoover, director del FBI [Federal Bureau of Investigation, Oficina de Investigación Federal] y enemigo de la agencia de Donovan.

Traducción de Carmelo López-Arias.