Carlos Aguiar Retes, arzobispo de Tlalnepantla, en el central Estado de México, es ahora uno de los nuevos cardenales de la Iglesia creados por el Papa Francisco, y el cuarto con derecho a voto de entre los cardenales mexicanos.  

Aguiar combina un buen nivel académico, cercanía a los fieles, presencia en Internet (11.000 seguidores en Twitter), un perfil discreto y autoridad eclesial (llegó a ocupar la presidencia de la Conferencia del Episcopado Mexicano y del Consejo Episcopal Latinoamericano -Celam- entre 2011 y 2015) y, sin embargo, se suele señalar que se le fotografía poco con ricos y poderosos mundanos.

Estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario de Tepic, y posteriormente cursó Teología en varios seminarios. En 1974 fue enviado a Roma, donde obtuvo la Licenciatura en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico de Roma. De 1978 a 1991 fue rector del Seminario de Tepic. En 1991 regresó a Roma y se doctoró cinco años más tarde en Teología Bíblica. "A raíz de su erudito conocimiento de otras lenguas -italiano, inglés, francés, alemán-, perteneció, entre 1992 y 1996, al equipo de estudiosos que preparó la edición de la Biblia de América", destaca la Arquidiócesis de Tlalnepantla en su página web. Entre 1996 y 1997 ocupó la cátedra de Sagrada Escritura en la Pontificia Universidad de México. Fue nombrado obispo de Texcoco en 1997 y arzobispo de Tlalnepantla en 2009. 

Su combinación de biblista y de comunicador directo le permite abordar con firmeza un tema que inquieta a algunos, el fin del mundo, que detalla en su última homilia dominical antes de recibir la birreta cardenalicia, fechada el 13 de noviembre.


"¿Cuándo será el fin del mundo? El primer texto del profeta Malaquías aclara, que será muy distinto  el fin del mundo, para quienes han sido fieles al Señor y han creído en Él, será un día glorioso. No será un día catastrófico, sino un día glorioso porque Jesús, el Señor de la Historia, traerá la salvación. Advierte el profeta, que para los soberbios y malvados, será terrible, no quedará nada porque los consumirá como en un horno la paja. Sin dejarles ni raíz ni rama", escribe Aguiar.

"Jesús advierte e invita a que no se dejen engañar. A lo largo de los siglos siempre habrá, quien quiera ver señales del fin del mundo. Dice el texto: cuídense de que nadie los engañe, porque muchos vendrán usurpando mi nombre, y dirán: Yo soy el Mesías, el tiempo ha llegado, pero no les hagan caso. Las advertencias sobre el fin del mundo, nunca deben ser instrumento para amedrentar. Quienes tenemos fe en Jesucristo, nunca debemos tener miedo al fin del mundo, ya que será glorioso, como dice el profeta Malaquías".




"Por eso Jesús continúa su discurso, advirtiendo que ciertamente a lo largo de la historia, habrá guerras, se levantarán unas naciones contra otras, habrá terremotos, tragedias, epidemias, hambre, habrá persecución para la Iglesia..." 

El arzobispo recuerda que "las catástrofes son parte de el ritmo que tienen las leyes  naturales. Las epidemias y el hambre son consecuencia combinada de las leyes de la naturaleza y del ser humano. La persecuciones contra la Iglesia y sus fieles son consecuencia de enfrentamientos ideológicos".

"Si se revisa la historia de estos XXI siglos después de Jesucristo, esos eventos lamentables, han acontecido una y otra vez. Después vienen tiempos de reconciliación y de paz, dependiendo de nosotros, de las  generaciones que nos toca convivir y compartir el mismo tiempo. Jesús llama a evitar la confusión: las adversidades, las catástrofes, las epidemias, las persecusiones, no son signo ni señal del fin del mundo".


"Nosotros, como discípulos de Cristo, tenemos que seguir el ejemplo del Maestro. Acercarnos a todos para mostrar la misericordia del Padre que nos ha creado y que pacientemente espera, que lleguemos a la casa que  nos tiene prometida. Con estos elementos de la Palabra de Dios, preparémonos para el siguiente domingo, la fiesta de Cristo Rey, que nos impulsará, alentará y motivará para construir el Reino de Dios en medio de nosotros, en el que Jesucristo es Rey", concluye. 

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Bajo estas líneas, un mensaje del recién creado cardenal Carlos Aguiar Retes a sus diocesanos