Viernes, 03 de diciembre de 2021

Religión en Libertad

Antonio Tavares de Mello fundó la Comunidad de Jesús Menino, presente en Brasil y Portugal

La «embajada del cielo en la tierra» : cuida a niños discapacitados supervivientes de sus abortos

Tonio, junto con Lucas y Daniel.
Lucas y Daniel, dos de los alojados en la Comunidad de Jesús Menino, que viven una segunda oportunidad en su vida gracias a Antonio Tavares de Mello y su iniciativa.

J. M. Carrera / ReL

A sus 25 años, Antonio Carlos Tavares de Mello –Tonio– quería ser médico y dedicaba su tiempo libre a cuidar niños discapacitados. Un día uno de ellos le pidió que fuese “su padre”. No lo dudó. A día de hoy, lleva 30 años rescatando a jóvenes minusválidos supervivientes de sus propios abortos. Ellos, dice, son sus hijos adoptivos, y ya tiene 46.

Un milagro de la vida

Cuando Jean llegó a la comunidad católica Jesús Menino la situación era crítica. Acababa de nacer, casi sin cerebro, después de que su madre consumiese drogas durante el embarazo para intentar abortarlo. Los sanitarios pronosticaron dos meses de vida.

Nueve años después, sigue recibiendo los cuidados de la comunidad y su estado de salud ha mejorado considerablemente.

“El primer día que le vi estaba solo pero contento en la cama. Lo primero que hice fue estar ahí con él y me prometí ayudarle a recuperarse”, relata Tonio a National Catholic Register.

“Creo que en ese momento el Espíritu Santo hizo algo”, añade: “Él –Jean– ve a Jesús cuando nosotros no lo vemos. Es un milagro, un testigo de cómo el amor puede cambiar a una persona”.

"Padre de corazón" de supervivientes de abortos

Como Jean, decenas de niños en su situación han pasado por el hogar de Jesús Menino, la mayoría de ellos supervivientes de sus propios abortos.

“Es una misión humanitaria católica para proteger la vida humana. En Brasil el aborto no es plenamente legal y las mujeres a veces toman drogas durante todo su embarazo”, explica Tonio, lo que genera en muchos casos consecuencias irreversibles.

Esta historia de entrega, compasión y amor comenzó una noche de hace 30 años. Estaba visitando una comunidad de niños discapacitados como voluntario cuando Alexandre, un niño abandonado de unos 15 años se acercó a él y le preguntó: “¿Quieres ser mi papá?”.

–Pero ¿cómo puedo ser tu padre si yo solo tengo 25 años y tú 15?

–Puedes ser mi papá de corazón –le propuso el joven.

Antonio clamó a Dios, desconsolado y preocupado por el futuro de aquellos niños. Supo que la respuesta providencial no tardó en llegar cuando sintió dentro de si un impulso que le decía: “Entrégales tu vida. Quédate con ellos”.

De acuerdo. Seré tu padre –le dijo a Alexandre.

Una vida de pobreza dedicada a la defensa de los niños y de la vida

Casi de forma inmediata, Tonio comenzó los papeles para cumplir su promesa y cuidar al joven de una forma estable, en un hogar.

Pronto obtuvo la autorización para trabajar con tres jóvenes. En 1990 alquiló su primera casa de cuidados, y con solo 26 años adoptó a tres niños. “Alexandre el primero”, relata.

Los primeros años fueron muy duros para Tavares, pero en ningún momento desfalleció.
“Creía que si Dios me llamaba a esto, Él proveería. Desde el primer día les dije que atravesaríamos muchas cosas juntos, pero que fuese cual fuese la situación, yo sería su padre”, recuerda.

“Vivíamos de la Divina Providencia. Le prometí a Dios que no tendría nada en mi nombre, que viviría como lo hicieron José y María. Ha sido una alegría continua desde entonces”.

Miembro de acogida de la Comunidad de Jesús Menino.

Bill, uno de los miembros de la Comunidad Católica de Jesús Menino.

De cinco años encerrado a marcharse rodeado de amor

Con motivo de su reciente visita a la universidad Abat Oliba, Domingo Marchena, de La Vanguardia, preguntó a Tavares de Mello –Tonio– sobre el estado actual de su iniciativa.

A día de hoy, su primera residencia se ha ampliado a tres hogares –dos en Brasil y uno en Portugal– entre los que atiende a más de 100 niños y adultos discapacitados que, como Alexandre, “sufrieron infancias terribles, malos tratos y abandono”.

David fue uno de los primeros. Vivió cinco años encerrado en una habitación, sin contacto con otras personas.

“Le arrojaban las sobras por un ventanuco de vez en cuando. Cuando tenía hambre arrancaba con las uñas el yeso de la pared y se lo comía”, relata Tonio.

Recuerda que, cuando le rescataron, su primera impresión fue la de un ser deshumanizado y débil: “Aprendió a utilizar la ropa y los cubiertos, a no morderse el brazo cuando estaba nervioso, a aceptar la compañía. Por desgracia, falleció con 15 años, pero se marchó rodeado de amor y en paz. Lo dejé todo por niños como él y ellos me lo han dado todo”.

"El padre y hombre más feliz del mundo"

31 años después de la fundación de su primer hogar, la Comunidad Católica Jesús Menino ha adoptado a 106 niños y tienen tres residencias, una en Petrópolis (cerca de Río de Janeiro), una en Portugal y otra en Brasilia.

Petrópolis es la más importante. “Vivo con 45 niños allí, 15 han muerto en los últimos años. Es una especie de granja, como un campamento, con muchas áreas diferentes”, detalla.

La pequeña ciudad de María”, como llaman a esta residencia, cuenta también con una escuela y una capilla y siempre está un capellán como guía espiritual.

Como perspectivas de futuro, la organización pretende atajar el problema del aborto antes de que se produzca el propio embarazo.

Felipe, uno de los amigos de Tonio y residentes de la Comunidad.

Felipe, uno de los amigos de Tonio y residentes de la Comunidad de Jesús Menino, saludando al Papa Francisco.

“Estamos comenzando a trabajar con mujeres embarazadas que se sienten abandonadas y piensan en asesinar a sus bebés”, explica Tonio. Actualmente están construyendo una casa para alojar a esas madres que se ven especialmente llamadas al aborto por razones económicas.

Antonio Tavares de Mello dispone cada vez de menos recursos para proseguir su labor asistencial, especialmente debido a su voto particular de pobreza.  Y sin embargo, las necesidades de sus apostolados y su carencia económica parecen no quitarle el sosiego.

“Mírame”, concluye Tonio: “No tengo nada, todo lo que llevo encima es prestado o regalado, y sin embargo soy el hombre y el padre más feliz del mundo”.

 

En esta entrevista a Guto Brinholi puedes conocer la visión del director del documental `Human Life´ sobre la iniciativa de Jesús Menino, cuya historia incluye en su producción.

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