Religión en Libertad

Acude al hospital por un dolor de espalda y le ofrecen la eutanasia... se libró porque es católica

El caso de Miriam Lancaster, quien, por fortuna para ella, tenía claras las cosas y no cedió al dolor físico y a la presión externa.

Miriam Lancaster puede seguir sonriendo porque supo decir 'no' a la propuesta de matarla, amparada por la ley.Facebook / Il Timone

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La católica Miriam Lancaster rechazó la escandalosa propuesta de ser asesinada por un dolor de espalda. Pero fue en Italia, donde la ley la ampara, no en España, donde la ley lo permite.

Lo cuenta Manuela Antonacci en Il Timone:

Acude al hospital por un dolor de espalda y, en lugar de recibir tratamiento, le proponen la eutanasia. Esto es lo que le ha ocurrido a una mujer canadiense que, tras acudir a urgencias al despertarse con punzadas en la espalda, se encontró con que le proponían la eutanasia, incluso antes de que le hicieran ninguna prueba. 

Intentaron convencerla

Miriam Lancaster, de 84 años, de Vancouver, es la protagonista de este absurdo suceso ocurrido en abril de 2025.

Según el médico que le propuso el MAID (Medical Aid In Dying, Asistencia Médica Para Morir), la señora podría haber elegido, como alternativa a los cuidados obligados por parte del centro hospitalario al que había acudido, el Vancouver General Hospital, la posibilidad de poner fin a su vida, incluso antes de saber cuál era la causa de su dolor físico. En realidad, la causa de la lesión era bastante trivial: la mujer simplemente tenía una fractura de cadera debido a la osteoporosis. Tras permanecer una semana en ese hospital, fue trasladada a otro centro, donde se recuperó en el plazo de un mes.

Lo más escalofriante, además del hecho en sí, es que, según testifica la hija de Weaver, que estaba presente en el momento de los hechos, el médico habría intentado de alguna manera convencer a la paciente de que optara por una decisión tan extrema: "El MAID es una opción que pondría fin al dolor para siempre", le dijo. 

Obviamente, Weaver se pregunta qué habría pasado si ella no hubiera estado junto a su madre en ese momento y si la mujer hubiera padecido una enfermedad mucho más grave o si hubiera estado deprimida y, por lo tanto, fuera extremadamente influenciable

No es el primer caso

El problema es que en Canadá este tipo de episodios son cada vez más frecuentes.

Pensemos en lo que le ocurrió a Roger Foley, que padecía ataxia cerebelosa, un grave trastorno neurovegetativo. En 2018, este hombre se vio ante dos trágicas alternativas: desembolsar más de 1.500 dólares al día por los cuidados que necesitaba -y que no podía permitirse- o, como única y absurda alternativa, aceptar la eutanasia. Foley, afortunadamente, decidió no dejarse vencer; al contrario, tomar las riendas de la situación y denunciar al hospital y al gobierno de Ontario, realizando dos grabaciones (una de 2017 y otra de 2018) en las que, increíblemente, el personal hospitalario intentaba insistentemente empujarlo a acabar con su vida. Y que nadie piense que son casos aislados.

Pensemos también en la atleta paralímpica Christine Gauthier, quien hace unos años se atrevió a protestar por los retrasos en la instalación de una silla salvaescaleras en su casa. Resultado: le propusieron la muerte asistida. 

Hay muchas situaciones y ejemplos concretos que demuestran que la teoría de la bola en el plano inclinado es cierta. Con ello nos referimos a la metáfora que describe el deslizamiento imparable hacia derivas éticamente inaceptables, partiendo de pequeñas concesiones que, inicialmente, parecen inocuas o de casos extremos. 

Un documento oficial

Y todo ello queda demostrado también por el contenido de un documento oficial canadiense, a saber: el informe de la Comisión sobre el final de la vida en Quebec.

Para ser precisos, en la página 11 se analizaron los casos de personas que, entre el 1 de abril de 2018 y el 31 de marzo de 2019, tuvieron acceso a la aide médicale à mourir; se hablaba de al menos "tres casos" en los que "el diagnóstico de la persona era una fractura de cadera". Entonces, ¿por qué no proponer la eutanasia a quienes solo tienen un simple dolor de espalda? 

Todo esto podría llegar, incluso pronto, a nuestro país [habla de Italia, en España ya es posible: n.n.]. 

Ejemplos tan graves deberían, al menos en teoría, influir en el debate italiano y llevar a quienes impulsan la muerte asistida a reflexionar sobre los escalofriantes escenarios que se abrirían una vez eliminadas todas las barreras que mantienen firme y sólida la concepción de la sacralidad de la vida.

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