Religión en Libertad

Noelia necesita ayuda para vivir: le aplican «suicidio asistido, no eutanasia», dice Elena Postigo

Noelia Castillo, con un transtorno de personalidad y depresión profunda, abusada sexualmente, necesita ayuda para que viva, no para que muera.

Noelia Castillo podría ser la persona más joven en España ser eutanasiada

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Redacción REL
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Noelia Castillo, la joven de 25 años de Barcelona que quedó parapléjica tras un intento de suicidio en 2022, posterior a una agresión sexual múltiple, y con antecedentes de trastorno límite de la personalidad, unido al divorcio de sus padres, el desamparo familiar y una vida marcada por la tutela de la Administración, ha solicitado eutanasia, en medio de la oposición judicial de su padre, y hoy pueden darle el consentimiento las autoridades al suicidio asistido.

Elena Postigo, experta en bioética de la Universidad Francisco de Vitoria y la Fundacion Jerome Lejeune.

Elena Postigo, experta en bioética de la Universidad Francisco de Vitoria y la Fundacion Jerome Lejeune.

Llámalo suicidio asistido, no eutanasia

Elena Postigo Solana, una reconocida filósofa y doctora en Bioética, directora del Instituto de Bioética de la Universidad Francisco de Vitoria, ha dado su visión sobre este caso tan dramático. 

Una víctima de un abandono institucional


«Ayer me pidieron que dijera algo sobre el caso de Noelia desde la Bioética. Confieso que su historia me ha conmovido profundamente. La de una joven, hija de padres divorciados con dificultades, de la que se hizo cargo Asuntos Sociales y fue internada en un centro de menores. Allí sufrió una violación grupal y no recibió la atención psicológica ni el acompañamiento humano que necesitaba. Un intento de suicido fallido, queda en silla de ruedas y ahonda en su dolor. Su historia deja al descubierto las grietas más profundas de nuestro sistema: una víctima de un abandono institucional que la dejó completamente sola ante el dolor. Ahora, su petición de ayuda para morir se presenta como un acto de libertad, cuando en realidad expresa la desesperanza de quien nunca fue acogida ni tratada como merecía.

»No estamos ante un caso de eutanasia, sino de suicidio asistido. Noelia no padece una enfermedad terminal, sino una depresión profunda derivada de un trauma no sanado. Aun así, la ley permite abrir esa puerta sin distinguir entre un sufrimiento físico irreversible y un sufrimiento psicológico que puede tratarse y aliviarse. Es una falla gravísima que sienta un precedente: una norma que hoy se aplica a quienes podrían recuperar su vida si recibieran la ayuda, la terapia y el acompañamiento adecuados.

»La vida de Noelia es valiosa, aunque ella no lo perciba ni lo vea. La dignidad humana no depende del sufrimiento ni de la autonomía entendida como autosuficiencia. Nace del valor único de cada persona, de su necesidad de vínculos, cuidado y amor. Sin embargo, la ley, en lugar de ofrecer compasión real, termina legitimando la renuncia a la vida de quienes más necesitan apoyo y esperanza.

»Noelia no necesita que el Estado le ofrezca la muerte, necesita que alguien le devuelva el sentido, la ayuda y la posibilidad de sanar. A mi juicio, lo que está ocurriendo con ella no es un gesto de libertad, sino el reflejo de un profundo fracaso colectivo. Cuando la vida duele, lo verdaderamente humano es cuidar, acompañar y sostener, no matar.

»Me duele una sociedad que sólo sabe ofrecer esta salida a una joven de 25 años, adulta y consciente, pero con heridas aún abiertas y profundas. Siento una enorme compasión por Noelia, una compasión que debería traducirse en presencia, acompañamiento y cuidado, no en la autorización para morir. Que el Estado contemple el suicidio asistido para una persona tan joven me parece un error gravísimo y, sobre todo, una derrota moral. Sí, la ley de eutanasia lo permite y Estrasburgo ampara su decisión, pero no todo lo que es legal es necesariamente ético ni verdaderamente humano.

»Estas palabras no servirán de nada.

»Todo mi afecto para ella y su familia en estos momentos tan duros».
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