Religión en Libertad

León XIV, primera Misa Crismal: pide evangelizar desde cerca, con humildad; «somos huéspedes»

«¡Superemos el sentimiento de impotencia y de miedo!», proclama el Papa, aunque se extienda el «olor de la muerte»

León XIV bendice los Santos Óleos en su primera Misa Crismal como pontífice, en San Pedro, el Jueves Santo de 2026VaticanMedia

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El Papa León XIV ha presidido en la mañana del Jueves Santo su primera Misa Crismal como Pontífice, ocasión en la que se bendicen los santos óleos que se usan durante todo el año, en una ceremonia a la que acuden sacerdotes de toda la diócesis de Roma para renovar sus promesas sacerdotales.

El Papa recordó a obispos y sacerdotes que al renovar sus promesas “están llamados al servicio de un pueblo misionero”.

No romper la comunión

Ante una Basílica de San Pedro repleta de fieles, León XIV ha predicado sobre la misión de la Iglesia. "Es la misión cristiana, la misma de Jesús, no otra. En ella participa cada uno según su propia vocación y en una obediencia muy personal a la voz del Espíritu, ¡pero nunca sin los demás, nunca descuidando o rompiendo la comunión!", ha insistido.

León XIV a menudo predica sobre la unidad y la comunión, mientras la Iglesia se ve amenazada por rupturas, facciones y desobediencias. Él no suele mencionar ninguna, pero todos piensan en las extrañas decisiones y mensajes del llamado Camino Sinodal Alemán, o en la amenaza de ordenar obispos sin permiso papal en la Fraternidad Sacerdotal San Pío X.

El Papa se centró en tres elementos de la misión cristiana: desprendimiento, encuentro y rechazo.

Desprendimiento: dejar ir, salir de la zona de comodidad

Un cristiano con una misión tiene que salir de su zona de confort, y eso requiere desprendimiento. Incluso Jesús, tras su bautizo en el Jordán, volvió a Nazaret, su lugar de estabilidad, pero pronto lo deja para empezar sus viajes y predicaciones. "Toda misión comienza con ese tipo de vaciamiento en el que todo renace", aseguró el Pontífice.

"No hay paz sin el valor de partir, no hay conciencia sin la audacia del desprendimiento y no hay alegría sin arriesgar", insistió. Cuando un cristiano hace la paz con el pasado, sin quedar prisionero de él, “todo se recupera y se multiplica si primero se deja ir, sin miedo. Es un primer secreto de la misión. Y no se experimenta una sola vez, sino en cada nuevo comienzo”.

Encuentro cercano, sin prepotencia: dejarse acoger

Después el Papa ha invitado a evitar la prepotencia y la distancia al evangelizar. "Ni en el ámbito pastoral, ni en el ámbito social y político, el bien puede provenir de la prepotencia", proclamó. "Los grandes misioneros son testigos de acercamientos cuidadosos, cuyo método consiste en compartir la vida, el servicio desinteresado, la renuncia a cualquier estrategia calculadora, el diálogo y el respeto".

"Es necesario llegar con sencillez al lugar al que se nos envía, honrando el misterio que cada persona y cada comunidad lleva consigo: una sacralidad que nos trasciende por todas partes y que se vulnera cuando nos comportamos como dueños de los lugares y de la vida ajena", añadió.

Los evangelizadores, dijo, son "huéspedes", sean sacerdotes, obispos o religiosas o laicos. "Para acoger debemos aprender a dejarnos acoger. Incluso los lugares donde la secularización parece más avanzada no son tierra de conquista, ni de reconquista, la misión no es una aventura heroica de alguien, sino el testimonio vivo de un Cuerpo con muchos miembros", insistió.

Procesión de entrada de la Misa Crismal de 2026 con León XIV, primera de su pontificado, en San Pedro del Vaticanovatican media

Ante el rechazo, confiar y perseverar

El Papa analizó luego una tercera situación evangelizadora: sufrir el rechazo. Recuerda que cuando los paisanos de Nazaret querían despeñar a Jesús, él "pasando en medio de ellos, continuó su camino". Así, ante el fracaso y el desánimo, el cristiano debe confiar en Dios y perseverar.

Puso el ejemplo del santo obispo mártir salvadoreño Óscar Arnulfo Romero, quien confiaba en que Dios le acompañaba en su vida y su muerte, y del arzobispo de Chicago en los años 80 y 90, Joseph Bernardin, quien, dijo León, enfrentó sus miedos con fe y oración, descubriendo fuerza donde antes había temor.

Si reina el olor de la muerte, ¡anunciemos la Resurrección!

“En esta hora oscura de la historia, Dios ha querido enviarnos a difundir el perfume de Cristo donde reina el olor de la muerte. Renovemos nuestro “sí” a esta misión que nos pide unidad y que trae la paz. ¡Sí, aquí estamos! ¡Superemos el sentimiento de impotencia y de miedo! Nosotros anunciamos tu muerte, Señor, proclamamos tu resurrección, en la espera de tu venida”, finalizó el Santo Padre su homilía de Misa Crismal.

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